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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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Facsímil de una página del reportaje sobre el hospital de dementes de Mazorra, publicado por Bohemia el 1 de febrero de 1959EL HOSPITAL DE DEMENTES DE MAZORRA

Una vergüenza nacional

Una colaboración de FABRE Y CARBONELL
Fotos: Miralles

(1ro. de febrero de 1959)




INVITADOS por el doctor Julio Martínez Páez, actual ministro de Salubridad y Asistencia Social, asistimos al acto de toma de posesión del nuevo director del Hospital de Dementes de Mazorra, doctor Eduardo B. Ordaz, quien fuera capitán del Ejército Revolucionario Movimiento 26 de Julio, y uno de los primeros médicos que prestara sus servicios a las fuerzas rebeldes en el mismo corazón de la Sierra Maestra.

Camastros donde dormían los enfermos mentales
Ollas donde se les cocinaba a los enfermos
En estas camas maltrechas dormían los dementes en el Hospital de Mazorra. Sin colchonetas, sábanas ni frazadas. Obsérvese el estado en que se encontraban los bastidores
En estos recipientes inmundos se cocinaba a los enfermos en el Hospital de Dementes de Mazorra


Dirigido hasta la fecha por hombres incapacitados y sin conciencia, es el Hospital de Dementes de Mazorra una vergüenza nacional y una burla afrentosa de los más sagrados principios de humanidad, cuya renovación total se propone llevar a cabo el Gobierno Provisional de la República.

Dotado de un elevado presupuesto y de fondos propios que le hubieran permitido ser modelo y ejemplo de los hospitales de su clase, la deshonestidad con que se administraron dichos fondos le convirtió, por el contrario, en centro de miserias y horrores sin precedentes.

Los doctores Julio Martínez Páez y Eduardo B. Ordaz
Enfermos mentales hacinados en un calabozo
El señor Ministro de Salubridad y Asistencia Social, Dr. Julio Martínez Páez, abraza al Dr. Eduardo B. Ordaz, actual director del Hospital de Dementes de Mazorra, en el acto de toma de posición de este último Desnudos, tras las rejas que les aprisionan no obstante no ser locos furiosos, estos desdichados contemplan al fotógrafo. Fue necesario vestirles y taparles previamente para retratarles

Desnudos, hacinados y desnutridos, perdida la mirada en su mundo de sombras y fantasías, sin más esperanzas que la muerte para librarse del infierno que les rodea, los desdichados que constituyen su población natural han sido objeto de infamias que estremecen de indignación.

Hacinados en pabellones inmundos; durmiendo sobre bastidores maltrechos, sin colchonetas, sábanas ni frazadas, o tirados en el suelo, unos junto a otros para darse calor en las madrugadas heladas de Mazorra; sin tratamientos ni alimentación adecuados, porque todo parecía poco a los malversadores sin escrúpulos que debían proveer medicinas y alimentos; sin más equipos en las salas de cirugía que aquellos que los propios cirujanos ponían al servicio del hospital; y sin un departamento de ergoterapia que permitiera derivar la energía de los enfermos a través de sus aficiones, como una forma para mantenerles ocupados y coadyuvar así al tratamiento médico psiquiátrico, la recuperación de los dementes era poco menos que imposible.

Cocina del hospital de Mazorra
Los enfermos desnudos y desnutridos en la llamada “perrera”
Así estaban las paredes de la cocina del Hospital de Mazorra. Obsérvese el grado de suciedad en que se encontraba, al tomar posesión el nuevo director de dicho centra hospitalario, Dr. Eduardo Ordaz
Horrores y miserias de una administración deshonesta. En este otro aspecto general de una de las tantas “perreras”, obsérvese el grado de desnudez y desnutrición de los enfermos

Por su parte, los fondos propios del hospital —extraordinaria fuente de ingresos en el caso específico de Mazorra— que debían destinarse principalmente al mantenimiento de equipos y edificaciones, eran utilizados para el pago de nóminas fantasmas y puestos al servicio de la política, con la consiguiente destrucción e inutilización de unos y otros, en perjuicio de los enfermos necesitados.

Ni siquiera los niños escaparon de la tragedia. Mal alimentados y peor vestidos; sin más consuelo que los afectos que les prodigara una vieja enfermera con alma de ángel, también ellos han sufrido en su inconciencia los horrores de Mazorra.

Niños enfermos
Patio donde hacinaban a los enfermos mentales
También con los niños se ensañó la tragedia. Obsérvese el estado en que se encontraban las camas del pabellón infantil Otro aspecto de las increíbles perreras —patios— donde se hacinaban los locos de los varios pabellones

La Escuela de Enfermeras América Arias, bajo el control directo de la dirección del hospital, era otra fuente inagotable de inmoralidades increíbles. Las plazas a ocupar, que de acuerdo con la Ley deben ser ganadas por oposición, se convirtieron en refugio a cuyo abrigo se cobijaban las amigas y parientes de militares y personas influyentes; algunas de ellas prácticamente analfabetas.

La inmoralidad y el peculado no se detuvieron ante nada en el Hospital de Dementes de Mazorra. Dos bancos de bolita y una casa de empeño funcionaban dentro del hospital. Y con frecuencia se trasladaba a cuadrillas de enfermos cuyas condiciones físicas y mentales lo permitían, a trabajar en las fincas de personajes políticos de la dictadura, sin que como compensación se les diese nada.

Pabellón de mujeres del hospital de Mazorra
Enferma mental sobre un camastro en el hospital de Mazorra
Aspecto general de la “perrera” del pabellón de las mujeres. Obsérvese el mismo estado de desnudez, desnutrición y suciedad que en el pabellón de los hombres Así viven las dementes recluidas en el pabellón de las procesadas

Más de mil personas vivían y aún viven allí, sin estar enfermos o encontrándose ya totalmente restablecidos, con manifiesto perjuicio para la economía del hospital y el mejor tratamiento de los que están verdaderamente enfermos.

Sabemos que la nueva dirección del hospital, con el entusiasmo y la cooperación del señor Ministro de Salubridad y del Honorable señor Presidente de la República, se propone tomar medidas que devuelvan a esos seres olvidados de la fortuna que son los dementes de Mazorra, las condiciones esenciales de vida a que todo ser humano tiene derecho; pero encarecemos de ellos que dichas medidas se tomen inmediatamente, sin pérdida alguna de tiempo.

Enfermos mentales de Mazorra
Enferma mental postrada sobre el bastidor de una cama del hospital de Mazorra
Así, en locales, desconchados y malolientes pasaban los días y las noches los desdichados dementes del hospital de Mazorra Los enfermos vivían —si eso es vivir— en el más completo abandono. Esta foto, que parece tomada en un campo de concentración nazi, no necesita comentario

La construcción de nuevos y funcionales edificios; la reconstrucción de las calles interiores del Hospital; la designación de una Comisión integrada por profesores universitarios especializados que con su asesoramiento técnico mejoren el standard científico del mismo; los estudios sobre la posibilidad de hacer del hospital un gran centro docente, que permita el intercambio de becas con otros centros similares de la América Latina, en provecho y beneficio de la ciencia psiquiátrica y de los enfermos; la construcción de un anfiteatro; y la creación de una hemeroteca, son medidas que merecen el aplauso unánime de un pueblo, y que no dudamos serán llevadas a efecto por el Gobierno Provisional de la República.

Enfermos desnudos en uno de los patios de Mazorra
Joven enferma psiquiátrica desnuda sobre su cama
Desnudez, miseria, abandono... Eso era Mazorra bajo el régimen de Batista, que derrochaba y malversaba millones para su provecho y el de sus secuaces

Esta joven y desdichada enferma dice bien, con su desnudez y su patética expresión, el estado en que hasta las mujeres eran tenidas en Mazorra bajo el régimen anterior

Pero antes, ¡hoy mismo!, hay que mejorar la comida de los enfermos: hay que habilitar el hospital de camas, colchonetas, almohadas, sábanas y frazadas; hay que vestir y abrigar a esos desdichados que arrastran su existencia en las tinieblas de un mundo sin orden; a esos desdichados a los que tal vez una sociedad insensible y sin equilibrio llevó hasta las puertas del manicomio.

De usted Sr. Presidente, de usted Sr. Ministro, de usted Dr. Ordaz, es el momento.

¡Manos a la obra!

Lo que aquí presentamos
Las fotos que publicamos a continuación constituyen una de las más feas páginas de nuestra historia y una terrible prueba contra el régimen de corrupción y tiranía que hemos padecido en los últimos siete años.
Los que hacemos esta revista nos sentimos sonrojados e indignados de que eso haya ocurrido en Cuba, pero nos consideramos en el deber de ponerlo a la vista de todos como una denuncia purificadora.
Y lo que aquí presentamos no es más que un somero y provisional atisbo de lo que realmente sucedía en el Hospital de Dementes de Mazorra. La historia completa —una historia de codicia e impiedad, de brutalidad y de ignorancia— se irá conociendo a medida que las autoridades logren recoger y ordenar los datos de lo que allí pasaba.
Pero lo que aquí se dice y muestra es ya una acusación estremecedora. Los aprovechados del régimen batistiano no se detenían ante nada, de nada tenían compasión en su afán de lucro y en su crueldad, repartiéndose no solamente los terrenos del asilo, sino hasta las asignaciones destinadas al tratamiento y el sostenimiento de los infelices dementes.
Quede ahí como una tenebrosa estampa del pasado tiránico, ese documento, y confiemos en que tales horrores habrán de desaparecer para siempre de nuestra patria.