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Publicado el 4 Febrero, 2016 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

Evocando a Córdoba (I)

En esa casa de estudios están las raíces más profundas de la revolución de Fidel y del Che

 

Por Armando Hart Dávalos

Nuestra sola presencia en aquella tribuna fue un compromiso demasiado grande porque llevo en el corazón, desde hace más de medio siglo, las reformas de Córdoba como semilla de mi pensamiento político y cultural. Invité a profesores y alumnos de tan ilustre Universidad, a pensar que ese centro de estudios –desde aquellos memorables acontecimientos académicos de 1918–, tuvo una influencia destacada en la gestación de las ideas socialistas cubanas del siglo XX. En esa casa de estudios están las raíces más profundas de la revolución de Fidel y del Che, afirmé allí hace doce años.

En especial a los universitarios de nuestro país, las aspiraciones socialistas llegaron por la vía de aquellos magnos acontecimientos pero, es más, creo que la historia del socialismo en América Latina comienza a partir de Córdoba, o al menos tuvo aquí un punto esencial de referencia. Fue, pues, por la cultura y el pensamiento universitario como llegaron a nuestra América, y fue desde la Argentina donde primero se recepcionaron y multiplicaron.

Las desviaciones que dramáticamente tuvieron lugar se derivaron del dogmatismo, hijo del divorcio entre la práctica política socialista y la cultura representada en Córdoba. Por esto, fuimos con la memoria histórica a repasar esos sucesos y a solicitar que juntos, cubanos y argentinos, estudiemos cómo y por qué sucedió. Para tales fines hacen falta, como he dicho, investigaciones concienzudas, cargadas de inteligencia y amor. Me referí en aquella ocasión a los procesos históricos que marcaron las ideas políticas cubanas en el siglo XX.

La generación revolucionaria cubana de los años 20 y 30 del pasado siglo que nos representamos en personalidades como las de Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras y Raúl Roa, entre otros, y aquella que desempeñó un papel protagónico en el Directorio Revolucionario de 1927 y en el de 1930, se sintió poderosamente influida por los programas de Córdoba. Fue una luz que se extendió por América. En Cuba aquella simiente encontró un terreno abonado por la tradición patriótica y antimperialista del XIX, cuya cúspide más alta está, precisamente, en José Martí. Es decir, el pensamiento de Córdoba y el socialismo fructificaron en Cuba en el siglo XX a partir de la tradición cultural decimonónica, le dimos continuidad a aquel legado cultural. He ahí una clave esencial de la revolución triunfante en 1959 y cuya significación bien conocían mis oyentes.

Es importante recordar lo expuesto por José de San Martín cuando afirmó que no se podía conquistar el futuro sin estudiar el pasado. Está grabado en la placa a su memoria en la tumba que guarda sus restos en Buenos Aires. Fui pues a cumplir un mandato del pensamiento de José de San Martín y, al hacerlo, debí referirme, en destacado lugar, a los párrafos luminosos de José Ingenieros, uno de los grandes pensadores de América. Al estudiar los jóvenes universitarios cubanos del siglo XX sus ideas, encontramos paralelo con las de José Martí. Empleando una expresión del Apóstol cubano podríamos hoy decir que un hilo invisible une a estos dos hombres en la historia.

Textos del gran pensador argentino llegaron desde el extremo sur de nuestra América a su porción más al norte, es decir, en las fronteras mismas del imperio yanqui, se sembraron para dejar una cosecha para todo un siglo, e inclusive para más tiempo todavía. Fuimos a honrar la cultura de Martí y de Ingenieros, y lo hicimos porque ello constituye una necesidad para forjar el ideario latinoamericano del siglo XXI. Será posible en la medida en que nos apoyemos en la tradición independentista vinculada a la lucha por la liberación social y nacional iniciada por Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Tiradentes y tantos más en el siglo XIX, y en la de Aníbal Ponce, José Carlos Mariátegui, José Vasconcelos, Augusto César Sandino, Emiliano Zapata, entre otros, en el XX.

Repasemos algunas ideas del célebre autor de Las fuerzas morales contenidas en los siguientes párrafos para que nos iluminen este camino. Dijo: El nuevo ideal universitario como tendencia a aumentar la función social de la cultura, que no debe considerarse como un lujo para entretener ociosos sino como un instrumento capaz de aumentar el bienestar de los hombres […]

Más adelante, en el propio párrafo, señala: Fácil es comprender que estos puntos de vista no tienden a propiciar simples reformas administrativas o burocráticas de las Universidades actuales. Consideramos más importante renovar el espíritu mismo de los altos instrumentos de cultura, para que puedan seguir el ritmo de la gran palingenesia ideológica que se está operando en la sociedad contemporánea.

En ese mismo trabajo, dándole continuidad a esta línea de pensamiento apunta: Las ciencias no son deportes de lujo, sino técnicas de economía social. La filosofía no es un arte de disputar sobre lo que se ignora, sino un proceso de unificación de ideas generales para ensanchar el horizonte de la experiencia humana.

En el documento de Constitución de la Unión Latinoamericana había propuesto: Propiciamos la Unión Latinoamericana viendo en ella la única defensa posible de nuestras respectivas soberanías nacionales contra los peligros comunes con que nos amenazan los imperialismos extranjeros, y de todos los peligros, lo declaramos sin ambages, el más inmediato en la hora actual está representado por Estado Unidos.

También señaló José Ingenieros que: El generoso movimiento de renovación liberal iniciado en 1918 por los estudiantes de Córdoba va adquiriendo en nuestra América los caracteres de un acontecimiento histórico de magnitud continental. Sus ecos inmediatos en Buenos Aires y México, en Santiago de Chile y La Habana, en Lima y Montevideo, han despertado en todos los demás países un vivo deseo de propiciar análogas conquistas.

Julio Antonio Mella y los revolucionarios cubanos de la década del 20, inspirados en estas ideas, se propusieron descender de la colina donde se encuentra ubicada la Universidad de La Habana, ascender al pueblo y tomar el cielo por asalto con la revolución social. Había comprendido el joven dirigente estudiantil asesinado con solo 25 años en México por la tiranía proimperialista de Gerardo Machado, que las reformas académicas solo eran factibles con una revolución social. Así, fundó la Federación Estudiantil Universitaria, la Universidad Popular José Martí, el Partido Comunista de Cuba y la Liga Antimperialista de las Américas. Como un recordatorio permanente de la influencia esencial de aquellas ideas redentoras tenemos a nuestra vista la Revolución Cubana, la de Fidel, la del Che. Ella nació y se desarrolló en una tierra abonada por las ideas de Córdoba.

Para una comprensión cabal de los procesos que se desarrollaron en nuestro país en las primeras décadas del siglo XX hay que tener en cuenta algunas singularidades de nuestro devenir histórico. En 1892, José Martí había organizado el Partido Revolucionario Cubano y convocado a la guerra necesaria contra el imperio español y que resultó ser la antesala del combate al naciente imperio yanqui. Mella recibió esa cultura, la de Córdoba y la de Martí y proclamó que había que estudiar “el misterio del programa ultrademocrático de José Martí”. Los invité a hacerlo conjuntamente con nosotros.

¿Qué enseñanza podemos extraer hoy de estos orígenes y sus consecuencias ulteriores? La primera y más importante lección está en que el déficit principal de lo que se llamó izquierda en la centuria concluida fue haber divorciado las luchas sociales y de clases de la mejor tradición cultural latinoamericana.

Las ideas contenidas en las aspiraciones de redención socialista que comenzaron en Córdoba fueron después enturbiadas por la mediocridad intelectual y moral, señaladas por Ingenieros en las conclusiones de sus investigaciones sicológicas y filosóficas.

Esa mediocridad está en el fondo del hecho de que no fructificara de forma arrolladora el pensamiento socialista en nuestra patria grande. Si algo enturbió el ideal socialista fue precisamente, en buena medida, la torpeza y la mediocridad. Por esto, invito a estudiar de forma actualizada a José Ingenieros en relación con el tema esencial de la mediocridad humana. Para ello es necesario investigar el papel de las ideas, de un lado y, del otro, el factor que entorpece su crecimiento, es decir, la incultura, la ignorancia y las ambiciones mezquinas.

(Continuará…)


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos