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Publicado el 15 Marzo, 2016 por Victor Manuel González en Opinión
 
 

Baraguá, hasta siempre

victor1El enemigo no pudo quitarnos la espada, pero la dejamos caer en El Zanjón. Una paz espuria, sin independencia ni abolición de la esclavitud, por las que se había peleado a sangre y fuego durante diez largos años de inmensos sacrificios. Para Maceo, erigido ya en paladín de las fuerzas más radicales del mambisado, el pacto sin la victoria merecida y posible, fue claudicación: “rendición deshonrosa”.

Por eso, bajo los mangos de Baraguá, aquel 15 de marzo de 1878, se escribió la brillante página que Martí consideró después, “de lo más glorioso de nuestra historia”.

España no había logrado la victoria militar ante las armas cubanas. Ellas expresaban la toma de conciencia de nación independiente, soberana y justa.  Pero los colonialistas se las arreglaron para ahondar la división en las filas patriotas, acentuar la fatiga y el pesimismo, debilitar la confianza en la victoria… Hasta que al fin pudieron con hábiles maniobras políticas, en medio de la confusión y las voces claudicantes, quebrar la resistencia por sus puntos más vulnerables. Esos que estaban inclinados a conformarse con las migajas ofrecidas en un pacto humillante.

Pero no fueron los zanjoneros quienes mostraron verdadero sentido del momento histórico, si no aquellos que secundaron al Titán en la Protesta de Baraguá.

Es cierto que la continuación entonces de la lucha, en las desventajosas condiciones de que muchos la habían abandonado, no podría conducir a una victoria inmediata. Tampoco en el posterior nuevo intento de la Guerra Chiquita. Sin embargo, aquel símbolo de la intransigencia patriótica más avanzada, de no ceder en los principios esenciales y persistir tenazmente en la batalla para conquistar el triunfo, quedaría en lo más alto de la conciencia nacional e inspiraría a sucesivas generaciones de combatientes revolucionarios, hasta nuestros días.

Ese espíritu se vio en la perseverancia de Martí, tras el traicionero y funesto golpe de La Fernandina,  para proseguir en los preparativos y lanzamiento de la guerra necesaria y justa que daba continuación a la de Yara.

Baraguá está en la idea del Che de no ceder ante el imperialismo “ni tantito así”.

¡Sí!, porque caídos en combate Martí y Maceo y otra vez con la victoria en la mira de las armas cubanas, el emergente imperio del norte revuelto y brutal se las ingenió para intervenir con oportunismo hipócrita, frustrar la auténtica independencia de Cuba e imponer para sí los fueros y privilegios de una prepotente e insaciable metrópoli neocolonial. Y una vez más se alzó el espíritu de Baraguá en la palabra y los actos de quienes rechazaron la capitulación de los plattistas.

También en la oposición y las luchas  contra políticos corruptos, gobiernos lacayos y sangrientas tiranías durante el más de medio siglo de la república mediatizada y dependiente de los intereses y la política dictada por lo yanquis. Baraguá estuvo en el valeroso alegato de Fidel, la Historia me Absolverá, tras la derrota táctica del Moncada.  En el aquí no se rinde nadie… que gritó Almeida bajo el fuego enemigo en el costoso revés de Alegría de Pío.

En el Patria o Muerte ante la siniestra y cruenta agresión del vapor La Coubre. En la defensa de la patria socialista frente a la invasión mercenaria del imperio.  En los Cinco Puntos  de Cuba durante la crisis de Octubre. En la determinación y heroísmo para aniquilar las bandas contrarrevolucionarias. En las misiones internacionalistas militares y civiles. En las leyes y campañas revolucionarias. En la indetenible obra de la Revolución. En la permanente voluntad de convertir los reveses en victorias.

En la resistencia a las adversas condiciones y sacrificios en los años más duros del Período Especial.  En las batallas de ideas por el regreso de Elián y de nuestros Cinco Héroes antiterroristas.

En la voluntad, reclamada por nuestro General de Ejército, Primer Secretario del Partido y Presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, para erradicar lacras como la corrupción, el delito, la indisciplina y hacer prevalecer la exigencia, la responsabilidad, la conducta ética y culta.

Para vencer en nuevos desafíos como el de los precios justos, y en el estratégico empeño de reducir al mínimo la infestación del mosquito, para cortar y detener la transmisión de enfermedades como el dengue, e impedir que la nueva amenaza del zika encuentre condiciones para establecerse y afectar la salud de nuestro pueblo.

Baraguá no es solo historia gloriosa, sino compromiso del presente y el futuro.

El imperio cambia la táctica, pero persiste en la estrategia.

Es una clara victoria cubana que tras 55 años de sostenidas agresiones de todo tipo el Gobierno de Estados Unidos se haya visto obligado a dar un giro a su política pública respecto a Cuba. Aceptamos el reto en plan de estricta igualdad y respeto mutuo, pero sin hacer concesiones.  Así, la normalización tiene que pasar por la eliminación real del bloqueo y la devolución del territorio usurpado en Guantánamo.

Ahí está también el espíritu de Baraguá.

Jamás nos dejaremos confundir con sonrisas, apretones de manos y falsas promesas.

Aquí no habrá más zanjones ni enmiendas Platt, aunque no falten minorías de zanjoneros y plantistas queriendo empujarnos al pantano del pasado capitalista, que no regresará.

Podremos recibir al jefe del imperio con hospitalidad y respeto, y jugar pelota, pero sin bajar la guardia. Porque la guerra no convencional prosigue, los planes y acciones subversivas se mantienen, se acrecienta la ofensiva derechista en toda el área y se intensifica la amenaza y acciones hostiles contra la Venezuela hermana, de la que seremos solidarios en cualquier circunstancia.

Seguiremos junto a los pobres de la tierra, a los pueblos y sus causas justas, pese a quien le pese.  Y en este año 58 de la Revolución: -cuando conmemoramos el 120 aniversario de la caída de los hermanos Antonio y José Maceo; -se cumplirán 55 de la Victoria de Girón, -y nuestro Líder histórico y eterno Comandante en Jefe arribará a sus 9 décadas de vida extraordinaria y ejemplar; -a las puertas del VII Congreso del Partido, que hará el balance y proyectará los nuevos Lineamientos a mediano y largo plazo de la Política Económica y Social de la Revolución, hacia un socialismo próspero y sostenible;

-ratificamos bien, pero bien fuerte, una vez más, junto a Raúl, y al Partido que nos une y conduce a la victoria, que nuestra Patria Socialista, tal como lo proclamó Fidel, seguirá siendo siempre ¡un eterno Baraguá!.


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González