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Publicado el 8 Julio, 2016 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

HONDA MARTIANA: Buscando caminos alternativos (II, final)

 

Por ARMANDO HART DÁVALOS

No es solo José Martí el más radical y consecuente antimperialista en el siglo XIX en el mundo, sino que en el inmenso arsenal de próceres y pensadores cubanos de doscientos años desde Félix Varela (1788-1853) hasta nuestros días no hay nada que pueda significar oposición a la revolución de Fidel Castro.

Precisamente esta crisis de ideas por las que atraviesa el imperio se revela en la quiebra de la cultura jurídica que ha sido el fundamento de su sistema dominante durante más de doscientos años.

El mejor consejo que podemos dar en estos momentos está contenido en las ideas expresadas en el siguiente párrafo de Martí:

“En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder—mero pontón de la Roma americana; y si libres, ——y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora—serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio -por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles—hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo”.

Todo esto puede entenderse si analizamos en el plano más alto de la cultura el papel de las llamadas categorías de la superestructura. La economía opera a través de la superestructura. Entre una y otra existe una relación dialéctica.

Si las formas a través de las cuales opera la economía  ¾y las fundamentales se refieren a las ideas y sistemas éticos y jurídicos¾ vienen marcadas por la relación dialéctica con su contenido, las fuerzas y leyes económicas, se comprende la necesidad de abordarlas con el más exigente rigor a partir del estudio de la función ética y el derecho.

Hoy, cuando se gestan conmociones sociales de gran alcance en América Latina, observamos que la dificultad principal se halla en que no existe un programa político de respuesta que pueda asumir estos desafíos, solo con ello será posible generar los liderazgos necesarios para enfrentarlos.

Las alternativas económicas dentro del sistema vigente a escala internacional, como lo prueba el caso de Argentina, ya son insuficientes.  Es necesario hallar alternativas políticas, y esto solo puede hacerse a partir de la cultura de emancipación que representan Bolívar, Martí y los próceres de nuestra América.  Un programa político de propósitos estratégicos debe plantearse, en primer lugar, desarrollar un pensamiento revolucionario nuevo como el que necesita América para el siglo XXI.

Hay en la cultura del Apóstol, del Libertador y de los grandes pensadores y actores de la historia de América suficientes bases para ello.

Mi consejo a todos, y en especial a los jóvenes, es que por ahí pueden encontrar el camino.  Para asumir estas responsabilidades debemos tomar en cuenta que el núcleo fundamental de la historia de la cultura se halla en los principios jurídicos y en los sistemas éticos. Ambos están relacionados y son expresión del drama social.

Es necesario realizar investigaciones que faciliten una práctica   jurídica y ética que suministre una política ajustada a nuestras realidades y propicien la más amplia participación popular en los asuntos del Estado.

Lo más concreto e inmediato en el orden de cualquier programa político se expresa en el combate a la corrupción y el entreguismo a los intereses extranjeros y explotadores en general que dominan la política de muchos países y la han convertido en politiquería.  Para esto es necesario exaltar la mejor tradición jurídica de la humanidad y marchar sobre sus fundamentos a favor de los intereses de los pobres de la Tierra.

Ver también primera parte


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos