0
Publicado el 17 Octubre, 2016 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

Los desafíos actuales de la humanidad

Por ARMANDO HART DÁVALOS

El pasado siglo terminó en medio de circunstancias sumamente preocupantes que ya avizoraban la posibilidad de una nueva y vasta conflagración internacional. El drama ha pasado ya de la  campaña farisaica contra Cuba y otros países, cargada de lugares comunes y falsedades insólitas sobre  supuestas violaciones de los derechos humanos en nuestro país, al terreno de las acciones militares contra estados soberanos en una carrera que no se sabe a dónde conducirá.

Un grupo de países poderosos recurre, como siempre han hecho las potencias, a la guerra, con el sufrimiento de los pueblos para tratar de imponer sus intereses hegemónicos.  Y esta es más criminal que la primera y segunda contiendas mundiales porque no se trata de una lucha entre grandes potencias, sino contra pueblos sin suficiente poder militar para defenderse, que sí lo poseían los países enfrascados en los choques bélicos de 1914-1917 y de 1939-1945. Esta vez la resistencia tendrá que ser más heroica aún y, por tanto, la victoria definitiva de los pueblos será mayor.

Si a esto le agregamos que se viene afectando sensiblemente la atmósfera, la tierra y los mares, que han sido la fuente de la vida en el planeta y nada se hace para evitar estos males, tendremos un cuadro más  completo de los desafíos del hombre en estos tiempos intermilenio.

La supervivencia de la especie humana está planteada por vez primera en la historia universal, no ya en el terreno de las especulaciones, sino de la realidad.  Ello en medio de la más grave crisis ética que haya tenido lugar en la historia de la cultura occidental y cuyas expresiones más agudas se revelan en los acontecimientos de los últimos tiempos.

La crisis de la civilización occidental es la más peligrosa que haya jamás existido. Los intelectuales en el más vasto sentido gramsciano tienen el deber ineludible de estudiar el carácter de esa crisis.

Todo el mundo acepta como reales las amenazas que a mediano o largo plazo existen con relación a graves convulsiones económicas.  Algunas ya han tenido lugar.  Se hace más necesario que nunca estudiar cómo se reflejan estos problemas en la superestructura de la civilización capitalista.

Por doquier se habla de postmodernismo, postcapitalismo, etc. Esto significa que algo se deja atrás. ¿Qué va siendo superado por la historia?  Puede el lector identificarlo fácilmente: el sistema social dominante, tal como hoy se presenta ante el mundo en el siglo XXI.  ¿Hasta dónde se irá?  Desde luego, ocurrirán problemas muy graves, de hecho ya están sucediendo en Europa. Los revolucionarios y los hombres honestos no podemos permanecer con los brazos cruzados. Ver en calma un crimen -dijo José Martí-, es cometerlo.

Hoy se gesta el mayor crimen que pueda haberse concebido en la historia de la humanidad.  Es imprescindible estudiar científica e intelectualmente estos fenómenos con toda urgencia para denunciarlos en  profundidad.

¿Cómo enfrentar este reto?  No es ético dejar surgir el futuro sin la orientación y el influjo del más elevado pensamiento contenido en la cultura universal.

Conversando una vez con muy amables y generosos sacerdotes en San Francisco de Asís, en Italia, me decían que era necesario hacer una síntesis universal.  El maestro cubano José de la Luz y Caballero afirmaba que en materia de ideas, no hay que desvestir un santo para vestir a otro, sino vestirlos a todos. A esto debemos invitar a las personas honestas y preocupadas por el destino del hombre sobre la Tierra.

La cultura cubana, nacida del pensamiento de Varela, Luz y Caballero y José Martí, tiene potencialidad para cooperar en esa síntesis.  Siento que esto servirá para responder al reclamo de Fidel Castro cuando ha hablado sobre las convulsiones sociales que tendrán lugar.  A dichas interrogantes, los cubanos, con las banderas de Martí retomadas y enriquecidas por la Revolución triunfante el 1º de enero de 1959, respondemos poniendo en alto los estandartes de la mejor historia intelectual y espiritual de la humanidad.  Ellos se expresan en las ideas de libertad, igualdad y fraternidad que se exaltaron en la Revolución francesa de 1789, pero que fueron luego tergiversadas y enturbiadas.

Estas banderas no son las de un sistema social que todos caracterizan como el pasado  (de otra forma no se hablaría de los famosos “post”) sino de la humanidad en su conjunto. Es necesario hacer prevalecer los intereses de todos los hombres y mujeres del presente, y en favor de la solidaridad universal.

La idea martiana del culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre recogida en nuestra Constitución socialista y la república con todos y para el bien de todos que proclamó también el Maestro, sintetizan los objetivos de nuestro país.

Para tales propósitos es indispensable estudiar cómo se refleja la grave situación económica que amenaza al sistema dominante y a su civilización en tres planos: el ético, el político y el jurídico.  Es en ellos donde se mueven y manifiestan las graves crisis de hondas raíces económicas que se gestan.

Es necesario, pues, estudiar cómo se materializan estos problemas en las llamadas categorías de la superestructura.  Una de sus más evidentes expresiones es el caos intelectual y espiritual presente en la civilización capitalista.

Para abordar tan compleja cuestión es necesario estudiar los métodos y las bases o reglas que deben condicionar el análisis.  Es lo primero que debemos hacer.  Nuestros adversarios disponen de las grandes corporaciones y entidades que dominan a su antojo la difusión y promoción de la información.  Los cubanos podemos discutir todo, pero sobre  reglas de juego bien diferentes a las que nos tratan de imponer.

Los esquemas de ideas encerrados en dogmas tanto de la derecha como de la llamada izquierda en la segunda mitad del siglo XX se han venido abajo por el desarrollo de las ciencias -por esencia antidogmáticas- y de la civilización en su conjunto.

Al globalizar los medios de comunicación a escala mundial se hace totalmente imposible un rígido esquema dogmático para el pensamiento político, social y filosófico en estos tiempos.  Están en entredicho los dogmas de las civilizaciones clasistas.   En estas condiciones, los grandes intereses de la mayor potencia del orbe fundamentó su política en la subconsciencia individual y social del hombre y su civilización de base instintiva.

Apelan, irresponsablemente, a estimular contradicciones y antagonismos para mantener sus intereses conservadores lo que conduce a un callejón sin salida.  Entre un neoliberalismo salvaje y exacerbado y un voluntarismo de raíz subconsciente, bien ajeno a la facultad humana de pensar, conocer y actuar, se mueve el sistema social dominante en Norteamérica con escándalos grotescos.

En la política internacional tiene hoy un peso cada vez más importante la necesidad de analizar y discutir con rigor los temas relativos al mundo en que vivimos y, sobre todo, al que vivirán nuestros descendientes y para ello hay que  partir del análisis de la historia, y cada pueblo debe hacerlo desde su yo propio.

En cuanto a Cuba, Félix Varela nos enseñó en pensar, José de la Luz y Caballero  a conocer, y José Martí, con estos antecedentes, a actuar consciente, política y revolucionariamente; los tres nos indican el camino a favor de la justicia, la igualdad y fraternidad universal, y no al servicio de unos cuantos sino de todos los hombres y mujeres del mundo.

Estas ideas revolucionarias nacieron en la Cuba esclavista y colonial y se profundizaron y enriquecieron en el siglo XX. Surgieron a partir de una ética de raíces cristianas y del más elevado pensamiento de la modernidad.

Estas fueron asumidas en las condiciones de una sociedad donde se presentaron, de forma aguda, dos temas claves del siglo XIX, la supresión de la esclavitud y del colonialismo en América.


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos