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Publicado el 6 Mayo, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Dos decisiones que la derecha nunca esperó

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LAZARO BARREDO MEDINA

La Revolución bolivariana ha tomado dos trascendentales decisiones que la derecha no esperaba: la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y la salida de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ambas han cambiado por completo las reglas del juego de la política en la hermana nación. Los escuálidos están delirantes y no hacen más que recrudecer sus amenazas.

Ante una concentración popular el pasado 1° de Mayo, el presidente Nicolás Maduro hizo la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente como solución para destrabar el juego político, pues la derecha venezolana con apoyo externo ha tratado de crear ingobernabilidad con su negativa a reconocer al resto de los poderes públicos y a la propia Constitución, mientras acrecienta la violencia terrorista, a sabiendas de que el chavismo jamás utilizará iguales métodos, algo probado en estos 18 años de Gobierno.

La Constitución venezolana permite al Presidente, a los dos tercios de los miembros del Parlamento y al 15 por ciento de los electores inscritos convocar a una Asamblea Constituyente. Una vez elegidos por voto popular los constituyentes, deben redactar una nueva carta magna que no podrá ser objetada por el Presidente de la República ni por los demás poderes públicos.

Hace cuatro años, sin embargo, la oposición venezolana insistió en que la vía más idónea para “cambiar un régimen deslegitimado”, como calificaban al entonces recién electo gobierno de Nicolás Maduro, era mediante una convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, pero ahora consideran ese edicto un “fraude”, mientras rebaten una y otra vez las reiteradas invitaciones a continuar el diálogo y, en cambio, optan por activar un golpe de Estado continuado y llenar de terror al país. Esa es la prueba más contundente de que rechazan la búsqueda de la paz.

El portal web Misión Verdad publicó en su Twitter las veces que llamaron a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente los dirigentes opositores Freddy Guevara, Luis Florido, María Corina Machado y Leopoldo López, este último actualmente preso por ser el responsable del plan golpista “La Salida”, que dejó 43 muertos en Venezuela y más de 800 heridos.

Las protestas de los corifeos

La concertación de la derecha internacional también fue sorprendida y no tardó en dejarse sentir con sus mensajes injerencistas y distorsionantes, como el del lacayuno secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien dijo que la propuesta del gobierno de Venezuela de convocar a una Asamblea Constituyente es “fraudulenta”. Lo mismo que dicen sus cuates de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

E inmediatamente algunos corifeos con absoluta inmoralidad salieron a vociferar. Ese es el caso de Brasil, cuyo canciller con real desparpajo dijo que el plan Maduro para una Asamblea Constituyente es un “golpe de Estado” en Venezuela para cambiar las reglas políticas de ese país a su conveniencia. ¿Se podrá hallar a alguien más cínico?

El gran orquestador de toda la desestabilización contra el Gobierno bolivariano siguió a la comparsa. “Nuestra preocupación es que, por las indicaciones iniciales, este proceso no se perfila como un esfuerzo genuino de reconciliación nacional, que es lo que realmente Venezuela necesita”, dijo con cierta frustración el subsecretario adjunto para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado estadounidense, Michael Fitzpatrick, porque para ellos no hay “reconciliación” sin la desaparición del chavismo.

Sin embargo, la decisión de la Revolución bolivariana es considerada audaz y sensata, por la propia naturaleza inclusiva de la convocatoria, que ha tenido como prioridad el llamado a participar a todos los partidos políticos, con la seguridad de que el soberano decidirá sobre el futuro de la nación. Pero los dirigentes opositores acuden a la mentira para distorsionar la decisión anunciada por Maduro. “Ahora aseguran que el proceso es un golpe de Estado y que los constituyentes serán elegidos por el primer mandatario nacional”.

Para varios expertos, el anuncio de Maduro pondrá en evidencia las incongruencias en esa amalgama de partidos e intereses llamada MUD, ya que hay sectores de la oposición que la convocatoria a la Constituyente les produjo un sentimiento de tranquilidad, porque también les permite alejarse de la violencia y volver a entrar en el juego de la política.

Precisamente, el jefe de la Comisión Presidencial venezolana para la Asamblea Constituyente, Elías Jaua, en sus primeras declaraciones extendió la invitación para que todos los sectores de la sociedad y fuerzas políticas formen parte de la propuesta a fin de exponer las líneas programáticas del plan constituyente, pues este es “el mecanismo de solución de las controversias, mantener la paz y fortalecer la democracia en el país”.

El procedimiento es transparente

El propósito es ampliar el contenido de la actual Constitución. Maduro en la convocatoria sugirió nueve líneas de acción que llamó a priorizar como la garantía de paz, la creación de un nuevo sistema económico pospetrolero, la garantía de seguridad y justicia, así como incorporar derechos de los jóvenes, reforzar la doctrina de la política internacional a raíz de lo que ha vivido Venezuela y fortalecer mecanismos de defensa de la propia Carta Magna.

La seguridad de que todo cuanto se haga estará dentro del propio modelo constitucional lo asegura el mandato pautado en el Artículo 350, donde se establece que el pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

De acuerdo con las leyes venezolanas, el Consejo Nacional Electoral (CNE) establecerá un cronograma para las postulaciones y posteriormente para la elección de 500 constituyentes mediante el voto universal, directo y secreto. Tras la elección de estos se deberá redactar el nuevo texto constitucional en un plazo de tres meses y deberá ser sometido a la voluntad de la población para que la mayoría lo apruebe o no en referendo.

Adiós a la OEA

También la derecha latinoamericana está iracunda con la retirada de Venezuela de la OEA, considerada por muchos sectores progresistas como un acto de justicia con el latinoamericanismo, y constituye un comienzo del desmembramiento del “ministerio de colonias de Washington”. Lo que ha quedado en evidencia es la vileza del uruguayo Luis Almagro, quien en comunidad amorosa con los escuálidos, trató de servir en “bandeja de plata” pertrechos para las operaciones de guerra no convencional que Estados Unidos está desarrollando contra Venezuela.

Los propios yanquis lo reconocen. El exjefe del Comando Sur de Estados Unidos, John Kelly, hoy devenido Secretario de Seguridad Nacional, advirtió que de haber una solicitud expresa de la OEA procederían a una intervención en Venezuela, ante una eventual y supuesta “crisis humanitaria”.

En la Cumbre del ALBA en abril de 2009, en la ciudad venezolana de Cumaná, algunos amigos le expresaron a Raúl Castro el deseo de ayudar para que Cuba reingresara a la OEA. Sin embargo, él les hizo el razonamiento de que no tiene ningún sentido pertenecer a una organización que es capaz de violar su propia Carta para actuar ilegalmente en contra de uno de sus miembros, solo con el fin de acatar los deseos y la voluntad de otro, por muy poderoso que este sea.

Pocos días después el compañero Fidel en sus Reflexiones escribió: “La OEA tiene una historia que recoge toda la basura de 60 años de traición a los pueblos de América Latina”.


Lázaro Barredo Medina

 
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