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Publicado el 4 Noviembre, 2019 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

¿Por qué este Encuentro Antimperialista en Cuba es vital para la izquierda de América Latina?

Por MARYAM CAMEJO

Nadie se atrevería a decir que la derecha hoy en América Latina, está desorganizada. Incluso cuando existan mínimas guerras de índole ideológica entre los grupos que la conforman, tienen valores compartidos que los ubican como la antítesis constante de las aspiraciones de quienes buscan el desarrollo social general sostenido y constante.

Según varios analistas de política internacional, a la izquierda le es imprescindible buscar las vías de construir un camino común de ayuda y soporte basado en estrategias con proyección a futuro y una agenda mucho más amplia que solo el desarrollo de los sectores vulnerables. De todos esos pendientes necesarios se discutió en el Encuentro Antiimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo, que sesionó en La Habana y reunió a más de mil 200 delegados de todos los continentes, en representación de unas 700 organizaciones, movimientos y partidos políticos de izquierda.

Cientos de voces se unieron en el Palacio de Convenciones para exigir la liberación de Lula, apoyar a Cuba, a Venezuela y denunciar las acciones estadounidenses por guiar el curso de la política -ergo, la economía- de la zona.

En declaraciones a Prensa Latina, el politólogo Atilio Borón apuntó que “se debe trazar una estrategia conjunta de todos los pueblos de nuestra América para luchar en contra del imperialismo”, lo cual “supone forjar estructuras unitarias de acción, de estrategias comunes para identificar los puntos débiles y buscar aliados a nivel internacional, incluso dentro de los propios Estados Unidos”.

Descolonización y cultura

Un momento importante del encuentro fue el panel que sesionó sobre la industria cultural y del entretenimiento. Los participantes concordaron en que se trata de un peligroso medio de dominación.

Ya desde hace varias décadas destacados intelectuales de la Comunicación señalaban los peligros de esta industria, algunos con visiones más o menos apocalípticas pero de acuerdo en que la cultura del entretenimiento vende no solo tiempo de ocio sino también valores, aspiraciones, ideas sobre los que los sujetos se piensan, se sueñan y se construyen en términos de autoimagen o proyecciones.

Abel Prieto, director de la oficina del Programa Martiano, advirtió que “la izquierda no le ha dado la prioridad que tiene a esta guerra cultural y estamos viviendo la desatención de esos frutos”. No es la primera vez que voces académicas avisan de la imperiosidad de que la izquierda construya sus propias narrativas y aprenda a renovarlas según las particularidades de los contextos.

Sobre los resultados de esa dominación cultural actual, Abel Prieto se refirió a la gestación del pobre de derecha: “una criatura que vota contra sí misma, contra su familia, contra el destino de sus hijos. A la hora de definirse políticamente se define por sus opresores”. El intelectual llamó a la izquierda a generar los antídotos ante la globalización y ser más activos en promover “nuestros símbolos de resistencia”.

Amauri Chamorro, comunicólogo ecuatoriano, sentenció que “tenemos que ser menos aburridos como izquierda. Innovar, ser vanguardia. No hemos modernizado nuestro discurso para disputar a ese público que tiene menos de 40 años”.

Ignacio Ramonet recordó su última visita a Lula en prisión y las palabras que este le dijera: “No hemos sido capaces de elaborar una narrativa que provoque la adhesión de los ciudadanos por nuestra causa”. Este intelectual concluyó que la izquierda debe imponer su relato contra el de la derecha.

Temas de este calibre deben ser pendientes en las agendas de los gobiernos de izquierda, sobre todo en momentos en que la derecha, tan bien acoplada cuando lo precisa, se estructura, se reinventa y se adapta con eficiencia y rapidez. El encuentro antimperialista en La Habana fue también un espacio de búsqueda de esas estrategias que requiere el sector progre para acompañar cualquier gestión de gobierno, la cual conlleva la concientización de las nuevas condiciones contextuales no solo a nivel global -que sería simplificar la cuestión- sino atendiendo, con especial énfasis, a lo local y cómo ciertos factores mutan y cambian infatigablemente.


Maryam Camejo

 
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