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Publicado el 30 Enero, 2020 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

La clave es estar preparados

En los días que corren el traslado de personas a nivel mundial no solo es muy amplio sino que ocurre en más breve tiempo, y un individuo infectado por un virus viaja de un lugar a otro en menos de 24 horas. De ahí que ante la aparición en un país o región de epidemias como las de dengue, influenza, o la aún recordada de ébola, en 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emita una alerta epidemiológica a la comunidad internacional y la mantenga informada acerca de la evolución del evento, a fin de que cada nación adopte las medidas necesarias para hacer frente a posibles casos de la enfermedad.

La causa de la más reciente alerta de la OMS es el nuevo coronavirus (nombrado 2019-nCoV), el cual fuera reportado en diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan, perteneciente a la provincia de Hubei. Según medios de prensa, hasta el 29 de enero la cifra de fallecidos como consecuencia de este virus ascendía a 132 fallecidos y se reportaban más de 6 mil contagiados. Asimismo, se confirmaron casos de la enfermedad (relacionados con la ciudad de Wuhan y la provincia de Hubei) en otros países como Tailandia, Taiwán, Estados Unidos, Australia, Singapur, Malasia, Corea del Sur, Canadá y Camboya, entre otros.

Como ha ocurrido siempre ante contingencias de este tipo, en Cuba desde los primeros reportes de la enfermedad se prepararon y activaron los planes existentes para tales situaciones, los cuales se han perfilado más a partir de experiencias anteriores, como las vividas en 2009 cuando la epidemia del virus de influenza A (H1N1),  luego en el enfrentamiento a otras arbovirosis como el Zika y el Chikungunya, y, en 2014, ante la epidemia de ébola que azotó a países del continente africano.

El primer paso previsto en dichos planes es el reforzamiento de las medidas de control sanitario y vigilancia epidemiológica en puertos, aeropuertos y marinas internacionales para evitar la entrada del virus al país. En estos puntos —explicó a la prensa en días recientes el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología, del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) —, existe un reglamento sanitario internacional que regula qué hacer en tales casos.

Entre las acciones definidas explicó que el personal de control sanitario internacional que labora en puertos, aeropuertos, y marinas internacionales tiene la obligación de chequear los pasajeros que arriban al país, y agregó que antes de que el avión aterrice, el personal de la terminal —gracias a la labor conjunta con Migración— dispone del listado de los pasajeros, y de su lugar de procedencia, lo que permite enfocar mejor la vigilancia.

Estas instalaciones cuentan además con termómetros digitales y escáneres de temperatura para detectar a cualquier viajero que presente fiebre. En este caso, la persona es aislada y si presenta síntoma respiratorio, y además proviene de China y, por más seña, de la provincia mencionada, es trasladada para uno de los centros previstos, a fin de realizar el diagnóstico y el tratamiento, e impedir la transmisión de la enfermedad.

Tras asegurar que en Cuba no existen casos del nuevo coronavirus ni personas bajo vigilancia por sospecha de padecer la enfermedad, el doctor Francisco Durán remarcó que  como parte de dichos planes se ha brindado información a todo el personal del sistema de salud para realizar una vigilancia efectiva a lo largo y ancho del territorio nacional que permita detectar cualquier individuo que pudiera ser sospechoso de tener el virus, y adoptar las medidas indicadas de forma oportuna. Como parte de esta preparación se capacita también a trabajadores de la Aduana General de la República e  Inmigración, entre otros.

Las pautas cubanas ante la actual eventualidad prevén además indicaciones precisas al personal cubano que se halla en China, así como a los que están en otros países donde se ha detectado o no la presencia del virus,  y el chequeo con antelación de aquellos que vayan a viajar a Cuba de vacaciones o de manera definitiva.

Como ya es práctica común en la Isla, la estrategia de trabajo diseñada —con la guía del Minsap  de conjunto con la Defensa Civil— tiene un carácter intersectorial e incluye la participación de todos los organismos, como los ministerios de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior, Turismo, Cultura, Educación, la Aduana, Inmigración y Extranjería, y los medios de comunicación.

En los meses de diciembre y febrero —de acuerdo con reportes históricos— se produce en Cuba un incremento de las enfermedades respiratorias agudas, dado por un grupo de condiciones climatológicas y de circulación de virus como el de la influenza.

De ahí el llamado hecho por las autoridades sanitarias no solo al personal de la salud para que esté preparado, sino a la población para que ante síntomas de un proceso respiratorio acuda de inmediato al médico, pues cualquiera de estas enfermedades puede ocasionar complicaciones.

De hecho el cuadro clínico del nuevo coronavirus, también llamado neumonía de Wuhan, se caracteriza por fiebre, falta de aire, cambios en las imágenes radiológicas, es decir lesiones infiltrativas en ambos pulmones, que lo hacen más complejo, además de que se han reportado casos con diarrea y vómitos. Se transmite de persona a persona, a través de las microgotas de saliva o al ponerse en contacto con alguna superficie contaminada con el virus.

En un mundo tan interconectado ningún país está  exento de riesgos. A mediados de 2018, en diálogo con BOHEMIA, la doctora en Ciencias María Guadalupe Guzmán Tirado, especialista en Microbiología del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, y académica de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, expresaba que “siempre existe la posibilidad de que aparezca un virus nuevo, pero también de que reaparezcan algunos que son silentes, oscuros.

“Hoy, la gente sale más de su entorno habitual y un individuo puede estar yendo a un lugar al que tal vez hace 30 años nadie iba, y un virus que quizás estaba en una selva escondido, de momento deja de estarlo porque alguien lo ‘tocó’, como si se tratara de una colmena. Aunque los virus mutan, los seres humanos cambiamos más rápido nuestra forma de vida”.

Ante el complejo escenario sobre el que ya estamos todos los habitantes del planeta como consecuencia también del cambio climático, el aumento de las migraciones, y las ciudades con elevada densidad poblacional, entre otros factores, la doctora Guzmán admitía: “El desafío es grande, pero eso no significa que no se pueda enfrentar. La clave es estar preparados para encararlo”.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera