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Publicado el 17 Abril, 2020 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

Aislados, para luego poder juntarnos

 

Por MARIETA CABRERA

Ni el reiterado llamado a permanecer en casa que hacen las autoridades sanitarias y gubernamentales, ni el que circula en distintos soportes en voz de científicos, médicos, artistas, y otros líderes de opinión, parece convencer a quienes caminan por las calles cubanas con cualquier pretexto o se arremolinan en una cola desoyendo no solo esa convocatoria, sino el sentido común que debe prevalecer ante una pandemia ocasionada por un virus altamente contagioso y que, dicho sin miramientos, mata.

Hasta el 16 de abril, el SARS CoV-2 había causado en el mundo un millón 948 511 personas contagiadas y 125 966 fallecidas. En Cuba –aun cuando las cifras hasta igual fecha son muy inferiores: 862 enfermos y 27 decesos, el virus mantiene en tensión al país, teniendo en cuenta además que los pronósticos anuncian el pico de la epidemia para la primera quincena de mayo.

Imágenes publicadas en espacios noticiosos de la televisión nacional y en las redes sociales reflejan la irresponsabilidad de ciudadanos que ponen en riesgo su propia vida o la de alguien de su familia al incumplir las disposiciones repetidas una y otra vez.

Como nunca antes, la comunicación ha sido uno delos puntales en el combate contra la COVID-19, sin embargo, no pocos tal vez crean que portar el nasobuco es suficiente para librarse del virus. Pierden de vista que igual de importante es mantener la distancia entre las personas, y la higiene de las manos. Basta con tocar una superficie que tenga alguna partícula viral y, en un descuido, pasarse esa mano contaminada por los ojos, para contagiarse.

Otro aspecto significativo es que, como se ha informado por autoridades del Ministerio de Salud Pública (Minsap), hay un número de personas que portan el virus y no tienen síntomas, pero transmiten la COVID-19.

En el reporte oficial del 16 de abril, de los 48 casos confirmados el día anterior, 23 eran asintomáticos, por lo que cualquier individuo puede ser portador de la enfermedad.

Mucho se hace en la Isla, para minimizar el riesgo de que las personas se enfermen e influir en el curso de la epidemia. En correspondencia con el enfoque preventivo de la medicina cubana, lo primero ha sido intensificar la pesquisa activa en las comunidades para detectar y aislar de forma oportuna a los sospechosos de padecer la enfermedad.

Se trata de una tecnología sanitaria probada en otras epidemias, –como las de dengue- que, según los expertos, puede marcar la diferencia en el curso de la enfermedad en el territorio nacional.

También se incrementan las salas de aislamiento, las camas en los hospitales, se siguen capacitando recursos humanos para la atención de los enfermos y se adquieren equipos y otros insumos necesarios, a pesar de los obstáculos que impone el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, aun en medio de la pandemia.

A la par, organismos de la administración central del Estado adoptan decenas de medidas para favorecer que la mayor parte de los ciudadanos permanezca en sus domicilios. Por ejemplo, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha potenciado el trabajo a distancia, al que se habían acogido, hasta el 15 de abril, 557 548 trabajadores.

Otra disposición de ese organismo ha sido proteger a los grupos vulnerables (adultos mayores o personas que padecen determinadas patologías), a fin de que se queden en sus casas. Este segmento recibe el primer mes el 100 por ciento del salario básico y un 60 por ciento a partir del segundo mes. Hasta el 15 de abril, 42 382 trabajadores eran beneficiados con esa garantía.

Tales medidas forman parte del plan nacional de prevención y control para el enfrentamiento a la COVID-19, estrategia diseñada a partir de las experiencias internacionales y las propias, y cuyo cumplimiento es seguido cada día por el grupo temporal de trabajo, encabezado por el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Corresponder con el esfuerzo que se realiza en la nación para preservar la vida de todos es un reclamo que hacen también numerosos cubanos, como Eduardo Noa Silva, quien en un comentario publicado en Cubadebate, compartió su preocupación ante las “muchas personas que aún no han calculado la dimensión de los riesgos y de manera irresponsable evaden las normas de protección si las autoridades no están presentes, y salen de sus hogares por cualquier motivo”.

Otro compatriota, el joven poeta y dramaturgo de la provincia de Pinar del Río, Irán Capote, confesó a una colega de la Televisión Cubana que le desvela lo que ve cada mañana desde el balcón de su casa: “todavía hay mucha gente en la calle y eso me duele mucho. No tienen conciencia del riesgo que están corriendo”.

Apretarse el cinturón, economizar las provisiones que se tienen a mano, y solo salir a comprar lo estrictamente necesario –siempre con el cuidado extremo para evitar el posible contagio- es la decisión más inteligente en estos tiempos.

El doctor Francisco Durán, director nacional de Epidemiología del Minsap, lo ha dicho con total claridad: “la mejor forma de cuidarse es no moverse de sus domicilios, a no ser por un motivo sumamente importante”.

Permanecer aislados hoy es la garantía de que luego podamos juntarnos, para celebrar el fin de esta pesadilla.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera