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Publicado el 16 Abril, 2020 por ACN en Opinión
 
 

Se trata de cortarle el paso a la irresponsabilidad

Maritza Padilla Valdés ACN

Foto del perfil de Facebook

Por MARITZA PADILLA VALDÉS

Aun cuando por múltiples vías, incluyendo los medios masivos de comunicación, se han repetido hasta el cansancio las medidas preventivas a adoptar ante la amenaza de la COVID-19, hay personas que de manera irresponsable y públicamente, irrespetan lo orientado de cara a proteger la vida de todos los cubanos.

Pero esos que andan por las calles de la mano de la desobediencia, al parecer no valoran su existencia, ni tampoco la de sus hijos, padres, nietos, vecinos o la del mejor amigo, a quienes podrían contaminar por sus posturas negligentes.

Por suerte son los menos, pues la gran mayoría de la población actúa con la debida disciplina porque- como asegura la abuela del frente- el nuevo coronavirus es una candela y nadie está exento de quemarse.

No obstante, ojo con los que andan por las avenidas con nasobuco, pero en el cuello, lo que en algunos despunta como moda, al estilo de bufanda, como para cubrir una formalidad y no como la interiorización de su importancia ante el peligro.

Me contó una amiga, la cual permanece en casa a tiempo completo por padecer de ciertas enfermedades de base, que se vio obligada ayer a andar media cuadra para alcanzar un nasobuco a una vecina que no tenía, y en esa corta distancia encontró de frente a un transeúnte de unos 60 años, según su apariencia, quien lo llevaba, pero por debajo de la nariz.

Detuvo el paso para hacerle saber que de esa forma para nada estaba protegido, relató. El caminante dijo que se le dificultaba la respiración con ese paño sobre la nariz, pero con la debida persuasión de forma amable, entendió y corrigió la manera de usarlo; y si todos imitáramos el comportamiento de mi amiga, serían muy pocos los irrespetuosos; en buen cubano, otro gallo cantaría.

Y es que sobre todo en estos momentos, cuando el país pasó a una segunda etapa denominada de transmisión autóctona limitada, se demanda del combate de todos en esta batalla y como ha dicho José Ángel Portal Miranda, ministro de Salud Pública, contra la COVID-19 “nada sustituye la responsabilidad individual y colectiva”.

Frente a cualquier indisciplina, la población debe mediar con la persuasión y labor educativa y no dejar solo la tarea a las autoridades competentes, pues mientras más extensa sea la cruzada contra la irresponsabilidad, más seguras estarán nuestras vidas. De eso se trata.

En este instante con varios eventos de transmisión en Cuba, con la aparición de casos no importados, sin vínculos con viajeros, se hace menester cumplir las medidas preventivas con calidad, y siempre tener presente que en la Isla se han asumido protocolos con las mejores experiencias internacionales.

Esta etapa, en la cual se prevé un incremento de la medida de cuarentena en los casos necesarios, “no es momento para medias tintas, la ciudadanía tiene que respetar la ley”, aseguró el titular.

Recientemente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República, aseguró que muchas personas confían en la pronta aparición de la vacuna y con ella la solución de las cosas.

Sin embargo, aclaró: “Lo primero con lo que hay que vacunarse es con lo único que tenemos hasta ahora: con la disciplina, la cooperación y la solidaridad. Esa es la vacuna de este tiempo y la que nos puede conducir al éxito en el enfrentamiento a la pandemia”.

Vital por estos días resulta tener bien presente la demanda de rigor en el cumplimiento de esas tres condicionantes sujetas al comportamiento individual ciudadano, si se quiere salir victoriosos en esta batalla. No hay de otra.


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