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Publicado el 30 Julio, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Ilusiones perdidas

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Estados Unidos arremete contra todo el mundo; sin embargo, ha calificado a la República Popular China (RPCH) de su gran enemigo estratégico, en lo que algunos analistas llaman una vuelta de tuerca a otra Guerra Fría. Hay quien, incluso, considera la posibilidad de un enfrentamiento militar.

Este punto de vista es desestimado por el experto internacional venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein, quien en su texto “¿Estamos ante una inminente tercera guerra mundial?” considera que, a pesar de que el gasto militar de la nación norteña ha experimentado un sostenido crecimiento desde finales del siglo pasado, sus fuerzas armadas parecen “no estar en un buen momento para confrontar a China, mucho menos si esta constituye una alianza con Rusia, cuyo poder militar supera a Estados Unidos en varias áreas”.

Al hacer un balance de ambos poderes, Gelfenstein alienta la idea de que “incluso, en la hipotética situación en la que Estados Unidos pudiera concentrar todos estos portaviones en los mares adyacentes a China, abandonando sus misiones en el golfo Pérsico, el Mediterráneo y el Atlántico, y, además, se le agregaran las fuerzas basificadas en Guam, Japón, Corea y el resto del Pacífico, pareciera no ser suficiente para una confrontación victoriosa en una guerra contra China, para la cual el hecho bélico tendría características estrictamente defensivas”.

De cualquier manera, la situación confrontacional en la esfera diplomática es bien aguda, aunque evidencia las mismas fisuras que en el aspecto militar, toda vez que el secretario de Estado, Mike Pompeo, instó a sus aliados a crear una coalición para enfrentar al Partido Comunista de China. En este aspecto, el analista se asombra ante la posibilidad de que la mayor potencia mundial pida ayuda, lo cual aprecia como expresión de debilidad.

Y, efectivamente, en el fondo Pompeo intuye que tiene perdida la batalla contra Beijing. Más que nada porque al gigante asiático no lo para nadie, ni siquiera la incidencia del SARS-CoV-2. Si seguimos la línea de análisis de Global Research en la figura de Peter Koening, “la idea de la cooperación en el desarrollo económico, junto con un flujo interminable de creación, evitando conflictos y avanzando, un principio sólido del Tao, ha hecho que China llegue a su posición actual, convirtiéndose en la segunda economía más grande del mundo, después de comenzar prácticamente desde cero solo hace 70 años. China es un vívido ejemplo de éxito socialista. O, como dirían los chinos, “socialismo con características chinas”. Una nación que nunca busca conflictos o invasiones de otros países, que se esfuerza por establecer alianzas y convivir pacíficamente. Esto preocupa a Occidente, especialmente al autoproclamado imperio estadounidense”.

Milagro

De nueva enfermedad local, la COVID-19 se trasmutó en pandemia; China, golpeada en sus inicios, pudo haber colapsado pero remontó, contra toda lógica de los thinks tanks yanquis, que desconocen sus motivaciones y sus mecanismos de funcionamiento y cohesión social ante los retos, en esta oportunidad de la mano de su crecimiento económico, de un 3.2 por ciento anual, según datos oficiales, difundidos por Xinhua. Este escenario no ideal pero si favorable marca un cambio drástico con respecto a abril, cuando las máximas autoridades chinas habían anunciado una contracción del 6.8 por ciento.

Liu Aihua, portavoz de la Oficina Nacional de Estadística, aseguró que las cifras apuntan a un restablecimiento del crecimiento y una recuperación gradual. “Tenemos confianza en una recuperación de la economía en la segunda mitad del año”, agregó la funcionaria al tiempo que informaba que, con respecto a los tres meses previos, el PIB del segundo trimestre creció un 11.5 por ciento, lo que compensa con creces la caída del 10 por ciento del primer trimestre.

Esta evolución es seguida con atención y hasta cierta ojeriza, porque Estados Unidos continúa intentando controlar la pandemia y limitar los efectos negativos en sus desempeños internos. Y no todo hay que verlo a la luz de la contienda electoral estadounidense, ya que se trata de la validación de una manera de hacer. Circunstancias que colocan de nuevo el espectro ideológico en el fiel de la balanza: ¿cuál puede llegar a ser más próspero, el capitalismo o el socialismo?

Confrontación diplomática

Washington le exigió a Beijing el cierre de su consulado en Houston, Texas, el más antiguo del país asiático en los EE.UU., por un supuesto “patrón nacional de espionaje” e intento de robo de investigación científica por parte del Ejército chino con la ayuda de diplomáticos en esa localidad. Actitud que para los acusados responde en realidad a una provocación política de la Casa Blanca. Entonces, ante el evidente chantaje, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China accionó con la contramedida de retirar su consentimiento para el establecimiento y operación del consulado general norteamericano en la suroccidental ciudad de Chengdu.

Y es que la actual administración yanqui ya no sabe qué inventar para contener lo imparable: el ascenso de su más fuerte contendiente en lo económico y comercial. Para ello, el imperio se escuda en subterfugios políticos. Por ejemplo, el 30 de mayo de este año, en pleno pico de la COVID-19, Donald Trump anunció que su administración empezaría a eliminar la “gama completa” de acuerdos que daban a Hong Kong una relación distinta a la que tiene el territorio continental. Con la arrogancia habitual, el mandatario se sintió en el derecho de “protestar” frente el soberano actuar del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China, que votó la Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong y el Anexo III de la Ley Básica de Hong Kong. Medida muy importante tomada por el Gobierno central para manejar la escalada separatista, instigada desde Londres y Washington.

Entretanto, Beijing considera que la implementación integral y precisa de la política de “un país, dos sistemas” y la Ley Básica de Hong Kong salvaguardan la soberanía nacional, la seguridad y los intereses de desarrollo, así como la prosperidad y la estabilidad a largo plazo. El periódico People’s Daily retrató la impotencia imperial de manera magistral, que recuerda al trasfondo de una novela famosa de Honoré de Balzac, perteneciente a su saga titulada La comedia humana: “Este acto hegemónico no asustará al pueblo chino y está condenado al fracaso porque los intentos de obligar a la RPCH a hacer concesiones en intereses vitales incluyendo la soberanía y la seguridad mediante el chantaje o la coerción… ¡solo pueden ser ilusiones o ensoñaciones!”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda