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Publicado el 18 Agosto, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

COVID-19: Abandonados en las calles

Occidente se debate entre una crisis económica, un paro galopante y una enfermedad mortal. Y cuando ya no hay trabajo, el pobre termina sin casa

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La COVID-19 se ha convertido en el comodín para justificar males de larga data. En el publicitado mundo occidental se pretende escamotear la verdadera causa de la pobreza galopante, solo asociada a la nueva enfermedad y no a un sistema que deteriora las condiciones de vida de la población a niveles espeluznantes. Esta afirmación puede ilustrarse fácilmente si tomamos de ejemplo la existencia de 10 millones de homeless en los Estados Unidos, la primera economía del planeta.

En ese “paraíso” sobresale la bahía de San Francisco, donde se concentran los barrios de las casas más caras del país. El San Francisco Chronicle reporta que al menos 26 000 personas duermen a la intemperie de forma permanente, y 30 000 se suman y pasan días o meses si tener cobijo. Datos proporcionados por la Web Apartment List revelan una verdad incómoda: el 32 por ciento de los hogares de EE.UU. no pudieron hacer frente al pago del alquiler o de la hipoteca en julio de 2020 debido a la crisis económica desatada por la COVID-19. Por su parte, un informe del Instituto Aspen advirtió de que al menos 20 millones de norteamericanos estarán en riesgo de ser desahuciados cuando llegue septiembre, en un escenario de fondo alarmante, porque hay más de 40 millones sin empleo y, al cierre de esta edición, cinco millones se habían contagiado del nuevo coronavirus.

Pero este panorama desolador no es privativo de una sola nación capitalista. En Europa también los sin techo son parte del día a día de la pandemia. Ese difícil existir ha sido constatado por Philip Alston, relator especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos de la ONU, quien le confesó al diario El País que una de sus experiencias más amargas la tuvo este año en España, al “conocer a una familia normal que ha sido desahuciada luego de una larga lucha para poder seguir viviendo allí, pero que fracasa y se ve en la calle. Y por una razón u otra no cualifica para recibir ayudas del Gobierno y entonces peregrina para obtener comida, zapatos y ropa para sus niños”.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), organización ibérica sin fines de lucro, reitera que la crisis es anterior a la debacle económica y sanitaria provocada por el SARS-CoV-2. Este colectivo alerta acerca de los impagos de hipotecas y alquileres que se van a producir de aquí a finales de año. “Podemos aventurar que a partir de enero de 2021 los desahucios se van a reactivar con una virulencia tremenda”, sostiene Paco Morote, uno de los portavoces.

La PAH señala que no es suficiente con que el Ejecutivo español haya anunciado una serie de medidas sociales destinadas a amortiguar el impacto de la pandemia del coronavirus, entre ellas la suspensión de los desahucios. En ese sentido se le transmitió al secretario general de Vivienda, David Lucas, un diagnóstico tanto de la situación pre Covid-19, como de la actual y de la pos COVID-19, e insiste en que urge una ley estatal de vivienda para reducir a cero los casos de desahucios, que ya rondan el millón de personas.

Sin embargo, hay que insistir en que los males de pobreza y abandono tanto en la nación norteña como en Europa ya estaban ahí, a causa de una formación socio-económica depredadora del ser humano, y si no se tiene dinero para pagar un alquiler, allá va el capitalista y saca a la gente con colchón y todo.


María Victoria Valdés Rodda

 
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