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Publicado el 1 Agosto, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

La desprotección como política

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARYAM CAMEJO

Hace unas semanas, la BBC publicó el desgarrador testimonio de una mujer que estuvo casi cuatro meses en Ecuador buscando a su esposo después de que este falleciera en una silla de ruedas en un hospital, porque no había camas. Un doctor le recomendó llenar un documento y regresar después a retirar el cuerpo. A la mañana siguiente se había perdido. Desde abrir y chequear bolsas de cadáveres hasta recursos judiciales fueron necesarios para finalmente encontrarlo en una morgue, metido en una bolsa de plástico negra con un papel que tenía el nombre de otra persona. No se trata de ser amarillista, ni de un capítulo de The Walking Dead; es la pura realidad de estos días.

Ecuador y Bolivia, sumidos en una crisis sanitaria sin precedentes, también viven una crisis política, mientras los gobiernos se enfrascan, no tanto en salir de la pandemia como en evitar que políticos de izquierda emergen en vencedores en las próximas elecciones. En el primer caso, se proscribe el partido de Rafael Correa y se ratifica la condena de este por supuesto delito de cohecho agravado; en Bolivia, además de lograr que el Tribunal Electoral postergue los comicios, la fiscalía del régimen de facto aceptó una denuncia penal por estafa contra Luis Arce, exministro de Economía y candidato a la presidencia por el MAS, con mayor intención de voto según las encuestas.

Bolivia y las prioridades torcidas del Gobierno

En las últimas semanas se ha agudizado las crisis que sacude a la nación andina desde el golpe de Estado contra Evo. Por un lado, las afirmaciones en Twitter del físico y magnate sudafricano Elon Musk, quien se jactó de haber apoyado el derrocamiento del líder indígena para tener acceso a las reservas de litio, tuit que más tarde eliminó y que algunos atribuyeron a un perfil que le ha provocado numerosas polémicas en la red. Por el otro, el nuevo aplazamiento de los comicios presidenciales que estaban previstos para septiembre y que ahora tienen fecha para octubre. La situación en Bolivia semeja una crónica de crisis que nunca termina.

El litio, conocido como el “oro blanco”, es uno de los minerales del futuro y un elemento clave en el cambio de la matriz energética de los recursos fósiles a las energías renovables. Es imprescindible para la producción tecnológica, desde los smartphones hasta los autos eléctricos. Este país tiene la mayor reserva del mundo: cerca de 21 millones de toneladas concentradas en el Salar de Uyuni, en Potosí. Junto con Argentina y Chile forma el “triángulo del litio” y concentra entre el 75 y el 85 por ciento de las reservas mundiales.

Evo Morales resume su salida del Gobierno con una frase: “Fue un golpe contra el indio y por el litio”. El líder aymara denuncia que la oposición nacional y la internacional, encabezada por los Estados Unidos, no le perdonaron dos aspectos de su mandato: haber ampliado los derechos de los pueblos originarios, históricamente abandonados, y haber nacionalizado y declarado el litio recurso estratégico. Los dichos de Musk, un empresario que ha coqueteado políticamente con la familia de Donald Trump, reflejan la veracidad de las declaraciones de Evo. Por otra parte, la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez, que dio positivo al coronavirus, se ha aferrado con uñas y dientes al poder, ha desplegado miles de militares en las calles para garantizar la cuarentena en un país que tiene una economía que ronda el 60 por ciento de la informalidad, con trabajadores no bancarizados que viven el día a día y les resulta muy difícil el confinamiento porque significa no comer.

“La llegada del COVID-19 a Bolivia enfrentó a Añez con la necesidad de mantener en cuarentena a una población necesitada de salir a trabajar. Por eso, a pesar de las críticas a las políticas asistencialistas de Evo Morales, dio nuevos bonos para la subsistencia diaria: el Bono Familia, el Bono Universal y la Canasta Familiar” –escribieron Damián Andrada y Fátima Monasterio Mercado para la Revista Anfibia–. Pero la inversión no tomó en cuenta que buena parte de la sociedad vive en el campo, la selva o el monte, donde no hay bancos ni cajeros automáticos. Indígenas, originarios y campesinos debieron desplazarse hacia los centros urbanos y quedaron expuestos al virus para cobrar sus bonos. Tal vez, esta sea una de las razones por las que el SARS-CoV-2 llegó a las comunidades rurales: en cuatro meses 52 de los 59 territorios indígenas presentaron casos y el abandono hace temer un etnocidio. Allí no se destinaron recursos para una atención adecuada ni se priorizaron los testeos”.

Ecuador: más de lo mismo

La economía ecuatoriana todavía padece las consecuencias del paro nacional y del movimiento de protesta de octubre pasado, que permitió evitar el alza súbita de más del 100 por ciento en los precios de venta de los hidrocarburos a los ciudadanos. Mediante la subida se trata de paliar el hecho de que, con la crisis sanitaria global, en el mercado internacional cayeran los precios del petróleo ecuatoriano a 15 dólares, un commodity del cual el país depende, y a lo que deben sumarse los problemas de una economía dolarizada. Pero otro sector importante se afectó también con la llegada del coronavirus: las remesas de los emigrados, un sistema de protección social paralelo. En medio de esta situación, en abril último, la justicia condenó a ocho años de prisión al expresidente Rafael Correa, lo cual fue ratificado por un tribunal de apelación en la tercera semana de julio, en un esfuerzo por llegar a tener sentencia ejecutoriada antes de septiembre, cuando deben inscribirse los candidatos a las elecciones fijadas para febrero de 2021.

De forma simultánea a la actuación de la Fiscalía General del Estado y la Corte Nacional de Justicia, el contralor general del Estado, sin tener competencia para ello, ha presionado a las autoridades del Consejo Nacional Electoral para que eliminen el registro electoral de los movimientos políticos Justicia Social, Juntos Podemos, Libertad es Pueblo y Fuerza Compromiso Social; este último, realizó una alianza desde el 2019 con el Movimiento de la Revolución Ciudadana.

¿Por qué la derecha realiza estas acciones? Porque desde que se realizó la alianza, ha crecido de manera significativa el número de votantes de la organización ahora llamada Movimiento Compromiso Social por la Revolución Ciudadana, que se convirtió en la primera fuerza política, amenazando con ello el proyecto del actual presidente, Lenín Moreno. Por increíble que parezca, la administración ecuatoriana, frente a un paisaje desolador de cadáveres en las calles y precariedad, está más preocupada por impedir la vuelta de la izquierda a la presidencia que por mejorar el panorama epidemiológico del país. Aunque la reacción también vive sus propias facturas tanto en Ecuador como en Bolivia, las estrategias para permanecer en el poder son muy similares y dejan ver las costuras de una emergencia derechista a nivel regional, con un evidente plan activado para que ninguna fuerza progresista pueda transformar la realidad de estas naciones.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo