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Publicado el 23 Agosto, 2020 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

Mujeres en busca de la equidad

Liset García. Mujeres en busca de la equidadPor LISET GARCÍA

Siglos de invisibilización, despojo de sus derechos, condenadas a la hoguera por brujas o por herejes, han signado las vidas de las mujeres en el mundo.

Tras lenguajes edulcorados y eufemísticos, contenidos incluso en el cuerpo de políticas y de leyes, la escena internacional muestra cómo se ha impedido el desarrollo de ellas y obstaculizado la transformación social.

Pero, sin necesidad de contar historias de ayer o de ahora, hay datos que hablan por sí solos. Cada día mueren 800 mujeres por complicaciones en la maternidad y el parto. Se reportan 30 millones de nacimientos no planificados y 20 millones de abortos inseguros anuales.

En naciones en desarrollo una de cada tres menores de 18 años contrae matrimonio sin consentimiento propio, y 16 millones de adolescentes dan a luz en naciones donde la mortalidad materna es la primera causa de defunción en esas edades, y donde, además, el feminicidio es una de los primeros motivos de muerte.

Son realidades denunciadas por Cuba en foros internacionales, en los que ha demandado agendas de desarrollo, equidad en el acceso a la salud, la educación, la cultura, los medios financieros; igualdad entre los  géneros y empoderamiento de la mujer.

Al cuestionar tal panorama, nuestra nación ha puesto en tela de juicio cómo todavía en muchos territorios las mujeres perciben un salario inferior al de los hombres por igual trabajo, o deban elegir entre la muerte o la cárcel si necesitan interrumpir un embarazo no deseado.

Mujeres en Revolución

Bien diferentes son las realidades de las cubanas que este 23 de agosto celebran las seis décadas de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Reconocidas simplemente como federadas, sus más de cuatro millones de integrantes tienen en sus agendas otros empeños, tras lograr las principales metas de la Plataforma de Acción aprobada en la Cumbre de Beijing en 1995, en especial lo referido a la educación, el empleo, el respeto a los derechos sexuales y reproductivos, y una legislación avanzada.

La voluntad política del gobierno revolucionario –declarada en el propio 1959–, que abrió puertas y ventanas a las cubanas, las dignificó y les facilitó organizarse y avanzar en una Revolución dentro de la Revolución, como la calificara su líder Fidel Castro, ha propiciado, gracias también al empuje de ellas, resultados que siguen siendo aspiraciones en varios sitios del planeta.

Bastaría subrayar apenas unos pocos datos: las cubanas –seis décadas atrás con una esperanza de vida de 58 años, que ahora llega a los 80–, son el 53 por ciento de las parlamentarias, presiden el gobierno en varias de las 15 provincias y en sus municipios. De los 21 integrantes del Consejo de Estado, diez son mujeres, entre ellas su vicepresidenta. De los cinco vice primeros ministros una es mujer y varias ocupan la cartera de ministras.

Las cubanas constituyen el 60,5 por ciento de los graduados de la educación superior y el 67,2 por ciento de los técnicos y profesionales. Representan el 81,9 por ciento de los profesores, maestros y científicos, el 80 por ciento de los fiscales y el 69 por ciento de los trabajadores de la Salud Pública. El 66 por ciento de los profesionales y técnicos son mujeres.

Vilma Espín, lma y desafío

Al Plan de Igualdad, inaugurado luego del triunfo revolucionario, le ha seguido el Plan de Acción Nacional de seguimiento a Beijing, que en 1997 se recogió en un acuerdo del Consejo de Estado –con 90 medidas–, evaluado en varias ocasiones. Y no se detienen los análisis, como en cada congreso de la FMC y en otros espacios, ya que falta avanzar más. Lo anticipó su más genuina defensora, Vilma Espín, cuando dijo que la labor sería cada vez más compleja, pues habría que continuar hasta alcanzar toda la justicia.

Son testigos quienes se empeñan en la lucha por el respeto a su espacio privado y público, frente a rezagos de la ideología patriarcal, que aflora en el hogar, en relaciones de pareja, en centros de labor. Todavía es frecuente la frase: “qué bueno es el marido que se queda en casa cuidando los hijos cuando la esposa sale a una reunión en el trabajo”. Pero cuando él sale y ella se queda nadie reconoce su bondad.

Heroínas del hogar y, encima, poco reconocidas porque lo que se ve es que a ellas les corresponde, como si se tratara de tareas inherentes y exclusivas para las que nacieron predestinadas. Son ideas que siguen predominando y contrastan con tantos avances en materia social y colectiva. En tiempos de pandemia el acento a ese rol familiar se ha hecho aún más visible.

Por eso entre las estrategias que restan para cerrar la brecha entre lo normado y la igualdad real, es menester impulsar más la participación de las cubanas puertas afuera de casa, garantizar su respeto pleno, y hacer posible una gran meta del milenio, el desarrollo sostenible con una equidad verdadera.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez