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Publicado el 17 Septiembre, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

América Latina, la triple crisis de esta pandemia

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARYAM CAMEJO

Sin duda la vida de los seres humanos ha dado un vuelco este 2020, debido a la emergencia del nuevo coronavirus, que supone una triple crisis: económica, política y social. Con América Latina como epicentro de la pandemia, las cifras de muerte en aumento, y en espera de la bendita vacuna que nos salve a todos, los países de la región han sufrido el impacto no solo de la enfermedad sino también de su mala gestión a nivel de gobiernos.

La recesión económica global que implica este escenario tiene características propias en Latinoamérica. Según un informe del Banco de España, la actividad económica prepandemia de la zona no se recuperará hasta 2022. Analistas vaticinan para 2020 una contracción del PIB de una magnitud sin precedentes desde que hay datos disponibles. Una caída de ocho por ciento, más severa que la registrada en 2010. El documento refiere que la situación actual provocará que varias economías sigan una senda de recuperación “frágil y muy gradual”, dadas sus limitaciones estructurales y los escasos márgenes existentes para adoptar políticas de estímulo adicionales.

En ese sentido, cobró especial relevancia la reciente conferencia anual del Banco de Desarrollo de América Latina-CAF –antes, Corporación Andina de Fomento–, en la que expertos pidieron a los gobiernos dejar de lado la politización de la crisis y buscar acciones colectivas para superar este momento. En el subcontinente muchas personas sobreviven con las pocas ganancias de trabajos informales; las restricciones de movimiento y de la actividad económica para contener la Covid-19 han sumido a millones por debajo del umbral de pobreza y han agudizado la precariedad de la vida de los hogares en pobreza multidimensional.

Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), recomienda adoptar guías comunes para reactivar las economías nacionales sin afectar la seguridad sanitaria y ha pedido la colaboración de las instituciones multilaterales de crédito con vistas a crear capacidad fiscal que apoye planes de mejora y de acceso a medicinas y vacunas.

Para Natalia Kanem, directora ejecutiva del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), “la crisis se encuentra en intersección con otros problemas”, como la discriminación de emigrantes venezolanos en otros países o el aumento esperado de los embarazos adolescentes.

Deisy Ventura, directora del Programa de Salud Global de la Universidad de Sao Paulo, fue una de las especialistas invitadas a la CAF. Allí afirmó que la pandemia ha puesto en evidencia que la salud de las naciones depende en acto grado de factores sociales y que las medidas restrictivas impuestas deben ir acompañadas de unas que protejan a los más vulnerables.

Neoliberalismo y Covid-19 en cifras

Si lo miramos con detenimiento, los Estados latinoamericanos que peor han gestionado la pandemia están atravesados por las directrices de políticas neoliberales que muy poco –o ningún– margen permiten para el bienestar social, y, en un contexto como este, para la protección de la vida. Pensar en términos de aumentar las políticas públicas para garantizar accesos a derechos fundamentales es apenas colocarle una venda pequeña a una herida más profunda, sistémica y estructural. Ejemplos más críticos podrían ser los de Brasil, Ecuador, Bolivia, Perú o Colombia, donde, además, el personal de la salud ha estado también muy a su suerte, y los gobiernos, demostrando una feroz incapacidad, no han podido controlar la curva de contagios.

A ellos se suma la constante instrumentalización de la pandemia para servir a intereses políticos. Ese es el caso de Bolivia, donde se ha utilizado la crisis para atacar al Movimiento al Socialismo y postergar las elecciones presidenciales. Su pareja semejante es Ecuador. Lenín Moreno ya no logra ser peor en el manejo de la pandemia, pero ha movido todas sus fichas para inhabilitar a Rafael Correa e impedirle volver a la alta política del país.

Las cifras de Perú son escalofriantes. En seis meses, más de 70 000 muertos, un número superior a las víctimas que durante 20 años (1980-2000) dejó el conflicto armado interno. Agosto fue el cuarto mes consecutivo que cerró con más de 25 000 muertos a nivel nacional, más del doble que lo habitual antes de la pandemia, según figura en el Sistema Nacional de Defunciones, registro que se ha vuelto el mayor barómetro de esta tragedia. Las infecciones siguen creciendo y ya son más de 647 000 los confirmados, lo que hace de Perú el quinto país del mundo y el segundo de Latinoamérica con más positivos.

En el caso de Brasil, donde las cifras han alcanzado más de 1 000 muertos en un solo día, se sigue subestimando la crisis desde el discurso oficial –del presidente Jair Bolsonaro–, mientras las playas más emblemáticas de Río de Janeiro, como Copacabana e Ipanema, se repletan de brasileños y turistas sin mascarillas.

La dimensión social: crisis de los cuidados

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y ONU Mujeres indican que la enfermedad ha reafirmado la centralidad de los cuidados, poniendo en evidencia la insostenibilidad de su actual distribución. Desde antes, las mujeres de la región dedicaban el triple de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerados. De acuerdo con un informe de ambos organismos, esta situación se ha visto agravada por la creciente demanda de asistencias y la reducción de la oferta de servicios causada por las medidas de confinamiento y de distanciamiento social adoptadas. “La crisis de la Covid-19 debe transformarse en una oportunidad para fortalecer las políticas de cuidados en la región, desde un enfoque sistémico e integral”, enfatizó en la presentación del documento Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal.

Para la directora regional de ONU Mujeres, María Noel Vaeza, es hora de tomar en serio la inversión pública en salud y creación de empleo con un enfoque de género y derechos. “La inversión en políticas de cuidados genera un triple dividendo ya que, además de contribuir al bienestar de las personas, permite la creación directa e indirecta de empleo de calidad y facilita la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, lo que supone un retorno de ingresos para el Estado vía impuestos y cotizaciones, y una mayor renta para las personas. Si los gobiernos no se toman en serio la necesidad de fortalecer sistemas de cuidados con corresponsabilidad, esta crisis puede dejar a muchas mujeres fuera de la economía y sin poder ejercer sus derechos económicos y sociales”.

No obstante, esta comentarista advierte que seguir viendo las costuras de los problemas actuales sin mencionar el papel central del neoliberalismo en la región deja de lado la dimensión estructural de estas problemáticas, resultado de sistemas que priorizan el capital y el libre mercado como motor de economías y de la vida misma.


Maryam Camejo

 
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