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Publicado el 24 Septiembre, 2020 por Marta Sojo en Opinión
 
 

Estados Unidos: Rota una tradición no escrita

 

Marta Sojo.Por MARTA G. SOJO

La bota imperial sigue inmiscuyéndose en todas partes. Si bien esas intenciones no pertenecen solo a esta administración, lo impresionante son sus métodos, más crudos, despiadados y prepotentes. Todo, en aras de contener en política exterior a quienes no aceptan sus reglas. La Casa Blanca utiliza desembozadamente cualquier instrumento, como la añeja doctrina Monroe, aplicada con saña en el presente para dominar a América Latina.

Lo vemos en su más reciente acto: la elección del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), principal institución financiera multilateral de la región. La elección de Mauricio Claver-Carone como presidente, para los próximos cinco años, rompe con una tradición, no escrita, de seis décadas. Es la primera vez que un estadounidense ejercerá un cargo que debería ser ocupado por un latinoamericano. Pese a la oposición de países de la región como Argentina y México, e incluso de personalidades de tierras iberoamericanas, y el intento del jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, de que los miembros de la UE que son accionistas del banco lograran posponer la votación. Con sede en Washington pertenecen al organismo 48 naciones de América, Europa y Asia.

De inmediato, el secretario de Estado expuso en sus declaracio-nes las virtudes de su hombre, por supuesto al estilo made in USA: “En el Consejo de Seguridad Nacional el señor Claver-Carone ha sido un líder visionario en el avance de la prosperidad en el hemis-ferio occidental y un firme defensor de las instituciones democráti-cas y la cooperación en materia de seguridad que sustentan el cre-cimiento económico y el desarrollo”. Este norteamericano, de ancestros cubanos, estuvo al frente del mayor grupo de lobby de la ultraderecha cubana en Washington. Al entrar Trump en la Casa Blanca fue promovido a una posición en el Consejo de Seguridad Nacional. Junto con Marcos Rubio ha lanzado iniciativas para arre-ciar a extremos el bloqueo contra Cuba y la política agresiva contra Venezuela, además de propiciar el golpe de estado propinado a Evo Morales.

Chacalismo político

Un analista apuntaba que “su imposición es muestra del chacalismo político que impera en Washington –que se salta normas, procederes, protocolos–, y es parte de la estrategia estadouniden-se de reafirmar su dominio en esta parte del mundo, para lo que busca contener la creciente presencia económica, comercial y financiera de China”.

Con tal crédito, y con el poder que le confiere su puesto, no se puede esperar otra cosa que una presidencia que ahondará divisiones dentro del BID, precisamente cuando la zona requiere mayor financiación y unidad ante los desafíos de la pan-demia de COVID-19 y la crisis económica mundial. Varios países latinoamericanos consideran la imposición de Carone una muestra de la intención de Donald Trump de inmiscuirse en la banca inter-nacional.

Lo que estaba sobre el tapete con la elección era importante para Washington, al constituir una posición de trascendencia. La mencionada jefatura es uno de los cargos más significativos en la región, pues el BID cuenta con “un capital suscrito de más de 100.000 millones de dólares y maneja aprobaciones de otros 13.000 millones al año en préstamos y garantías”, como reza en diversos documentos. Una razón poderosa para tener el control y que le sirva de equilibrio a la entrada de los préstamos de China en América Latina, en un contexto en que la región precisará un gran apoyo financiero. Poco después de su selección, Claver-Carone aseveró en un comunicado, reseñado por EFE, que “esta victoria es para Latinoamérica y el Caribe”. Vaya cinismo del flamante mandamás del BID.

Malabarismo político

Y si nos bastara esta estrategia, tenemos más de Donald Trump. Su empeño en nominar un nuevo juez del Tribunal Supre-mo de Justicia para sustituir a Ruth Bader Ginsburg. Otro elemento añadido al debate político electoral en instantes en que existe tanta división en la nación. Ginsburg falleció de cáncer y el proceso para confirmar su sustituto desató fuertes debates en el Senado, ante una posible nominación del candidato en tiempo record, cuando, según las normas, en situaciones semejantes el reemplazo se debe llevar a cabo posteriormente a la elección del presidente. El asunto se convirtió en elemento central de la campaña por la Oficina Oval.

La gran mayoría de los republicanos apoya la idea de votar la sustitución antes de los comicios del 3 de noviembre, pero el grue-so de los demócratas asegura que debe ser el nuevo presidente quien realice la designación. Nominada por Bill Clinton en 1993, Ginsburg contaba con la mayor edad entre los nueve magistrados del Tribunal.

Maximizar el poder

Decía el ex presidente Barack Obama que “un principio básico de la ley –y de la equidad cotidiana– es que apliquemos las reglas con coherencia y no basándonos en lo que es conveniente o ventajoso en el momento”. Pero solicitar esto a Trump sería pedir peras al olmo. Mientras, Bill Clinton reflexionaba: “Creo que, para ambos, tanto para el senador McConnell como para el presidente Trump, su primer valor es el poder, y están intentando llenar la Corte con todos los jueces ideológicos que puedan”. En entrevista en el canal ABC, Clinton aseguró que la postura del Partido Republicano es “hacer lo que sea para maximizar su poder”, aunque no resulte coherente con lo que ha hecho antes.

Por su parte, el candidato demócrata, Joe Biden, llamó a “celebrar el legado” de la jueza, pero advirtió de que su relevo debe corresponder a quien triunfe en las urnas en noviembre. Así lo patentizó Ginsburg poco antes de morir: “Mi más ferviente deseo es no ser sustituida hasta que un nuevo presidente tome pose-sión”.

Ya se manejan varias mujeres en la lista de las posibles opciones de Trump, quien declaró sería de este sexo. Y también joven, por lo visto, para mantener la supremacía por largos años en ese órgano, al ser vitalicio el sitial.

La jugarreta

La jugarreta consiste en aumentar los jueces conservadores en la entidad y de esa manera complacer a sus electores para que vean que el cumple con sus promesas, y mantener el poder conservador en el Supremo, aun si no sale reelegido. ¿Acaso está inseguro de lo que suceda el 3 de noviembre? La muerte de Ginsburg subraya todo lo que está en juego en los comicios. Mientras que al mandatario le brinda una oportunidad de alejar el foco de su gestión de la crisis sanitaria y distraer la aten-ción de los ciudadanos sobre el Coronavirus.

En términos prácticos, se le dio la oportunidad de revertir la Corte Suprema, de una débil mayoría republicana 5-4 a una supe-rior, dominante, de 6-3, lo que podría tener implicaciones a largo plazo que afectarían la vida cotidiana del país, señala el diario The Hill. Un vez más Donald Trump hace lo que le place sin el mayor rubor, y en su andar puede que deje la “democracia” estadouni-dense aún más en ruinas.


Marta Sojo

 
Marta Sojo