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Publicado el 27 Octubre, 2020 por Elsa Claro en Opinión
 
 

EE.UU.: No apto para novatos

Por ELSA CLARO

Estados Unidos “perdió” 19 000 millones de dólares en Afganistán desde el 2002 a la fecha, como consecuencia de “desperdicio, fraude y abuso”. Así lo reporta el Inspector General Especial para la Reconstrucción del invadido país centroasiático tras una auditoría. Lamentable resultado ¿colateral? de una guerra con un costo ascendente al billón de dólares, y, sobre todo, el de la vida de al menos 2 400 norteamericanos. Otras muchas bajas y cuantiosos montos se vienen reportando desde otros conflictos armados, ninguno ganado por el Tío Sam.

Suciedad –una de tantas– que provoca poco asombro, escasas atenciones, en momentos en que todo gira en torno de las elecciones, y ni siquiera generan alarma las amenazas de los supremacistas armados pro Trump, los Proud Boy, a universitarios y otros afiliados demócratas.

Cuánto obtendrá cada candidato, las sumas y las restas inherentes al difícil sistema electoral estadounidense están en el desayuno, el almuerzo y la cena, aunque sigan pereciendo miles por la Covid-19, de la cual se libró milagrosamente, y a velocidad supersónica, el empeñado en quedarse en la Casa Blanca.

Los ignorados

Opacadas por el barullo típico de un final de campaña,  en sí misma tremebunda, también ocurren elecciones para reconformar las dos cámaras del Congreso (los 435 representantes de la baja y 34 de los 100 senadores). En este ámbito sí se concurre por voto directo, mientras la elección del presidente es transversal y transita por una larga secuencia, de escabroso colofón.

Si los comicios para jefe de Estado fueran como en la mayor parte del mundo, por sufragio voluntario, los pronósticos devendrían más exactos. Evitarían la zozobra, siempre alta y en esta oportunidad con ansiedad enorme. La muy cuestionada fórmula surgida en el siglo XVIII se mantiene a contrapelo de necesidades y razones. Se tiene como mecanismo electivo excluyente y recargado de argucias legales (decidir qué franjas sociales pueden o no emitir voto e impedir este a los radicados en el exterior póngase de ejemplos, y no únicos). Son traspiés causantes de temor e insatisfacciones en el curso y hasta el término del acontecimiento.  Y es que el método está reducido a la voluntad de un puñado de individuos que, en nombre de millones, están facultados para determinar quién va a dirigir su existencia por cuatro años.

A partir de las primarias, un año antes del decisivo segundo martes de noviembre, los partidos escogen a los integrantes del Colegio Electoral, entre trabajadores administrativos, personas afines a los candidatos o  diputados locales. A cada estado corresponde una determinada cantidad de estos electores, atendiendo al número de sus habitantes y en proporción semejante a los escaños que posean en la Cámara baja. En cada uno se vota para tener una cifra específica de  estos compromisarios. Sin embargo, cuando un ciudadano corriente sufraga, su boleta no va al aspirante de uno de los partidos, sino a los citados 538 decisores.

Después, y con excepción de Maine y Nebraska,  donde los votos son proporcionales, la formación política que mayor cantidad alcance adquiere los boletos de su adversario. Diversos analistas aseveran que fue diseñado en favor de la élite esclavista-agraria, y que continúa otorgando más poder federal a los estados pequeños. “De ese modo, el estado menos poblado, Wyoming, con 586 mil residentes, obtiene tres votos electorales, mientras el de más residentes, California (39 millones de personas) recibe 55, lo cual significa que cada voto individual en el primero de esos lugares pesa 3,6 veces más que el voto de un californiano”. Así lo describe e interpreta The New York Times.

¿Albedrío general?

El complicado esquema incluye lo inconsecuente de distanciar la voluntad mayoritaria de  la decretada por 538 seres excesivamente habilitados. En las últimas cuatro décadas, dos aspirantes demócratas se vieron frustrados por esa discrepancia. Al Gore frente a George W. Bush (obtuvo medio millón de votos populares por encima de su contrincante republicano, en medio de un escabroso conteo de los sufragios, debido al  empate) y Hilary Clinton de cara a Donald Trump (con tres millones menos, este logró 306 votos del Colegio Electoral y la presidencia). Millones de ciudadanos procedieron entonces a solicitar la anulación del último fallo, pero, aunque fue revisado, solo dos miembros retiraron su dictamen. Por eso Trump ha pasado los últimos cuatro años con un poder inmenso en las manos, una escasa voluntad y una menguada pericia para encauzar el destino de los norteamericanos, e influyendo perniciosamente sobre el resto del planeta.

El impugnado sistema procede de la Constitución, aprobada en 1787, y junto con innumerables críticas se han formulado cientos de solicitudes formales para modificar el Colegio Electoral, en busca de otorgarle mayor racionalidad o, simplemente, abolirlo. El 3 de noviembre próximo se conocerá la tendencia, pero no el resultado, hasta tanto los citados electores no decidan, el 14 de diciembre,  quién será el gobernante a partir de enero del 2021.

Y si el elegido no cuenta con mayoría de diputados deberá  sortear boicots a sus proyectos. Si es Joe Biden y los demócratas no alcanzan mayoría legislativa, tendrá un muy azaroso periplo. Si es Trump y predominan sus opositores, tampoco debe esperar que le lluevan rosas. No luego de tan despiadada experiencia.

 

Algunos patrones de análisis dan por ganador a Donald Trump en 22 de los 50 estados, y a Joe Biden en 20. Pero persisten grandes dudas. En los siete territorios restantes y el Distrito de Columbia no se logra anticipar quién tendrá éxito.

Georgia, valga citar, posee 16 compromisarios y el certamen pudiera concluir con un empate. Carolina del Norte, con sus 15 votos, fue clave en la victoria de Barack Obama en el 2008, pero se reporta este año proclive a los republicanos, sin excluir un pequeño margen para una victoria demócrata (48 por ciento frente a 46).

Uno de los mayores enigmas está en Arizona, debido a la diversidad humana de un sitio donde creció considerablemente la población latina, con reclamos de empoderamiento. Pese al alto porcentaje de incertidumbre, parece que el demócrata conquistará esas 11 boletas. Pennsylvania, Michigan y Wisconsin (siete votos) resultaron clave para el republicano en el 2016, pero Biden le aventaja ahora.

En este acertijo se tiene a Iowa (seis electores) y Michigan (16) con vaticinio de mayoría para Biden. Los grandes California (55 boletas) y Texas (38) no se excluyen de estas complejas quinielas. Aclaremos que este repaso solo pretende ilustrar el tema. No contiene totales ni todas las peripecias posibles.

 

 


Elsa Claro

 
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