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Publicado el 24 Octubre, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

El MAS dejó a la derecha sin aliento

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

¿Qué nos dicen las elecciones en Bolivia? Más allá de lo que todos ya sabemos, que el MAS ganó de manera abrumadora en primera vuelta y que la derecha intentó inútilmente inhabilitar el conteo de votos, los comicios nos permiten entrever varias cuestiones de la realidad político-social de ese país.

Primero, echa por tierra el argumento de quienes seguían usando el informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) para afirmar que Evo Morales cometió fraude en 2019. El triunfo fue legítimo. Muy mal parado queda Luis Almagro, secretario general de ese organismo. No obstante, ni por un segundo este ha pretendido explicar lo sucedido con aquel fatídico reporte que detonó las protestas y un golpe de Estado en Bolivia. En esta ocasión, se apresuró a reconocer la victoria de Luis Arce vía Twitter, tras la presidenta de facto, Jeanine Áñez, a quien se le acabó su tiempo en el poder.

Por otro lado, los comicios han evidenciado que el proyecto hacia el socialismo, de marcada inclusión indígena –y, más que eso, de protagonismo indígena–, no depende de un solo hombre, sino que es más amplio, y los ciudadanos lo demostraron en las urnas cuando respaldaron al binomio de Luis Arce y David Choquehuanca. El primero tiene a su favor su gran gestión como ministro de economía en el Gobierno de Morales y el segundo cuenta con sus propias bases de liderazgo aymara.

Un MAS renovado

Ya Luis Arce se ha manifestado a favor de un MAS renovado y de rostros jóvenes: “No solo dentro del gabinete sino también de la vida política. Todos somos pasajeros, hay que dejar una huella; el backup para quien nos reemplace y tome las riendas del proceso. Aquí lo más importante es continuar el proceso de cambio que lideró el compañero Evo”, dijo a Página 12.

Y el tercer punto sumamente importante sobre el que debe entenderse el resultado del sufragio es precisamente el rechazo a la gestión de 11 meses de Áñez, en los que han aumentado la violencia, la represión policial, la persecución política, la demonización de los indígenas y el desempleo, y se ha manejado terriblemente la pandemia del Coronavirus.

“Nuestra contundente victoria es una continuidad, porque aquí la derecha desde 2005 nunca ganó elecciones, el único mecanismo fue el golpe de Estado del año pasado. El voto popular se ha inclinado por la izquierda boliviana desde hace 15 años. Esta elección da un mensaje en América Latina, da una humilde contribución en la política internacional”, afirmó Luis Arce al mencionado diario argentino. Sin embargo, las implicaciones del nuevo Gobierno no quedan solo dentro de los límites bolivianos, sino que puede ser el principio de una reconfiguración de la izquierda regional, lo cual puede fortalecerse tras los comicios en Ecuador.

También mayoría parlamentaria

Ganador de la presidencia de modo apabullante –con el 55,1 por ciento de las boletas, por encima del 50 más uno que precisaba para imponerse en la ronda inicial, muy por delante de Comunidad Ciudadana (28,83) y Creemos (14)–, el MAS también hizo mayoría parlamentaria

Frente a esa realidad, la recién elegida senadora Patricia Arce, secuestrada y vejada públicamente en 2019 por opositores a Morales, dijo que “va a faltar tiempo para poder reconstruir lo que en un año han destruido”, refiriéndose a los miembros del gabinete de facto.

La política también aseguró que cuando asuman funciones los parlamentarios del MAS, pedirán que la Justicia investigue y penalice a quienes hayan participado en los actos de violencia que se desataron en el país sudamericano el 20 de octubre de 2019, tras desconocerse los resultados de los comicios de ese día, en los que resultó reelegido Evo.

Datos de las Defensoría del Pueblo de Bolivia confirman que en medio del conflicto político y social que vivió el país fallecieron 37 personas, incluidos los asesinados en dos masacres, la ocurrida el 15 de noviembre en Sacaba, en el departamento de Cochabamba, con nueve víctimas de la represión policial y militar; y la perpetrada cuatro días después en Senkata, en la ciudad de El Alto, cuando un violento operativo de seguridad, que buscaba despejar una planta de hidrocarburos bloqueada por manifestantes, dejó un saldo de 10 muertos.

Procesar a los criminales

Valga recordar que ante la agresión sufrida, Patricia Arce denunció y presentó todas las pruebas para procesar a los criminales, pero aún espera por una respuesta. Sin embargo, se abrió una investigación en su contra con la acusación de “autoatentado”.

Nosotros vamos a exigir que se haga un seguimiento, que la Justicia boliviana se haga cargo y que esta vez trabaje como tiene que trabajar, no sujeta a un partido político, sino que mantenga su autonomía”, sostiene Arce. Para ella, ese proceso de investigación y sanción es necesario para que “los culpables tengan que pagar por los hechos de corrupción, por los hechos de masacre y por todas las violencias”, reseñó Russia Today.

En un balance para Le Mond Diplomatique en español, el periodista Pablo Stefanoni explicaba que muchos vieron en el Gobierno de Áñez un esfuerzo de las clases medias y altas “blancas” por recuperar un poder parcialmente perdido desde 2006. Pero el MAS, pese a haber sufrido una desbandada en noviembre del año pasado, logró reconstituirse desde el Parlamento –donde continuó conservando su mayoría de dos tercios– y desde las calles, manteniendo su lugar de única fuerza de base popular en el país.

Efecto paradógico

Para Stafanoni, por momentos el Gobierno de Áñez se pareció bastante al de la Revolución Libertadora argentina de 1955: mientras algunos no dudaron en referirse a Evo Morales como el “tirano prófugo”, no lograron percibir que el MAS seguía expresando un bloque étnico-social de matriz plebeya.

“Las sobreactuaciones represivas del ministro del Interior Arturo Murillo, que amenazó con encarcelamientos y persecuciones, produjeron un efecto paradójico, en la medida en que apuntaban no solo al MAS, sino a expresiones más amplias de los movimientos sindicales y sociales”, escribió el analista.

A pesar de las protestas de la derecha para virar atrás las elecciones, la victoria aplastante del Movimiento al Socialismo con una diferencia grande con su rival más cercano, Carlos Mesa, deja sin acción posible a los sectores ultraconservadores. Luis Arce ha dicho que vienen tiempos de cambio, y también ha lamentado la grave situación en la que se encuentra el país tras la mala gestión del Gobierno de facto.

Ahora ha quedado claro que en Bolivia la mayoría apoya al MAS y a su proyecto de prosperidad y desarrollo para todos, lo cual es una premisa no solo en lo interno sino también para las relaciones internacionales: “Nuestra política exterior va a ser abrirnos a todos los países –afirmó Luis Arce–, pero con la condición de que se respete la soberanía, que el trato sea de igual a igual. Cualquier nación que cumpla eso, bienvenido”.


Maryam Camejo

 
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