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Publicado el 5 Octubre, 2020 por Pastor Batista en Opinión
 
 

Trump: ni meditabundo ni compungido

Pastor Batista, corresponsal de BohemiaPASTOR BATISTA VALDÉS

   Después de lo publicado recientemente por The New York Times acerca del pésimo momento que  distintos sondeos le conceden a Donald Trump, y de lo investigado también por The Wall Street Journal, entre otros estudios, cualquier candidato presidencial, en su lugar, tal vez anduviera como suele decir el comentarista deportivo cubano Reinier González: triste, preocupado, cabizbajo, meditabundo y compungido.

Los 14 puntos de ventaja que en estos momentos se le atribuyen a Joe Biden (cuatro más que la semana anterior) deben tornarse  nada alentadores para quien pretenda seguir acomodado sobre el trono imperial, mucho menos si, para colmo, ha sido ingresado en un hospital tras haber resultado positivo a la Covid-19… aunque para muchos eso no es más que un nuevo show mediático para atraer hacia sí la atención pública.

Al margen de todo ello, quizás  lo mejor sea no empollar ilusiones con la factura  final de un proceso eleccionario que históricamente ha demostrado margen de maniobrabilidad para  todo lo que pueda haber en las viñas del Señor… y aun más. Recordemos la ¿victoria? del propio Donald cuatro años atrás cuando subió a la presidencia a pesar de que Hillary Clinton había totalizado 3 millones de votos por encima de él.

Tal vez por eso, por su consustancial arrogancia y desprecio hacia los demás, por creer que sus multimillonarias sumas de dinero y propiedades todo lo pueden seguir comprando o por las oscuras intrigas que ya teje a punta de agujeta y lengua, el hombre tal vez ande en este preciso instante “como si nada”, allá en el set de campaña que le han montado dentro del Hospital Militar Walter Reed.

Los porqué sin hasta cuándo

Ni siquiera creo que la pésima imagen dejada por él ante 73,1 millones de televidentes norteamericanos –donde, a ritmo de maleducadas interrupciones, mentiras  y mucha arrogancia, lució mucho peor que su contrincante demócrata- le debiliten la obsesiva idea de seguir poniendo y disponiendo a su total antojo en esa nación… y más allá de ella.

Mostrando y demostrando, cada vez más, sentirse por encima de todo y de todos, el posiblemente más despreciable inquilino que ha tenido la Casa Blanca debe estar seguro de que no hay quien le ofrezca resistencia, a juzgar por los billetes que tiene en metal, en papel, oro hasta las tazas sanitarias, la más abanicada e imperial gama de propiedades y el respaldo de sujetos y consorcios igualmente muy poderosos a quienes les conviene que él siga plantado ahí.

¿Acaso puede ser otra la mentalidad de quien, con absoluta impunidad y desprecio hacia el fisco, ha dejado de pagar millones de dólares, aunque apenas lo evadido representa un lunar en la cabeza del inmenso iceberg que le ha “lasqueado” al país?

Desde niño oí hablar acerca de cómo Estados Unidos pudo, por fin,  condenar al mafioso Al Capone no por crímenes  de sangre en los que nunca se manchaba las manos, sino por evasión de impuestos: delito que tratan de respetar hasta los más irrespetuosos en todo el mundo. Solo que, por lo visto, el señor Trump está curado de tal “espanto”.

Puedo imaginarlo fanfarroneando anticipadamente entre quienes le rodean y adulan, en torno a una victoria electoral para la cual ya mueve piezas (o zancadillas, según prefiera el lector). Esto último no lo digo yo; lo alertan analistas del propio imperio, a quienes preocupa la insistente referencia del actual presidente a un fraude demócrata.

 “Fuerzas observadoras”

¿Cómo lo sabe? ¿Cómo puede estar tan seguro? ¿Es acaso respetuosa tal afirmación en un país tan supuestamente democrático, limpio, cristalino? ¿Dónde pone, así, la pureza del modelo norteamericano?

Nada de eso, desde luego, parece transitar por el cráneo de Donald, quien obviamente usa tal acusación para dar un nuevo libretazo mediante la inserción de  “fuerzas observadoras”.

Tales efectivos, por supuesto, serían seleccionados y situados por él y su partido (eso es: incondicionalmente republicanos) para con un antifaz de transparencia ejercer presión, intimidar, usar influencias, abuso de poder y sobre todo impedir que lleguen a las urnas quienes difícilmente voten a su favor: negros, metizos, marginados, cuya situación ha empeorado como consecuencia de la violencia policial, del racismo y de otros prejuicios.

Por cierto -y también salta a la vista- de ese tremendo embarro interno y de su nula gestión frente a la Covid-19 no  suele pronunciar una palabra, excepto para culpar a los demócratas y a  los comunistas (chinos, cubanos, venezolanos…)

¿Qué otra cosa se puede esperar de él? ¿Qué ha hecho? Nada que no sea exterminar a cada vez más  norteamericanos por su inercia e indiferencia como presidente o abrir la boca para sugerir disparates como aquel relacionado con la ingestión de desinfectantes contra  el SARS-CoV-2… cuyo triste desenlace todo el mundo conoce.

Entre simpatías y rechazos

Si nos atenemos a realidades así, normalmente agravantes para los propósitos de Donal Trump, sin incluir su peligrosísima política hacia el exterior, entonces  ya los grandes medios de prensa pudieran ir preparando el lead de las informaciones sobre el resultado electoral.

Pero tampoco es ese ‘resultado previsible’  lo que alertan expertos como Kevin Roose, columnista del periódico The New York Times, quien luego de cuatro años siguiendo la presencia de partidos en redes sociales, ha dicho: “Si creen que Donald Trump no puede ser reelegido en noviembre, deben pasar más tiempo en Facebook”.

Y es que, según él, ”casi a diario las diez publicaciones más populares de esa plataforma son (todas o casi todas) republicanas, conservadoras y/o trumpistas”.

Cierto es que prominentes figuras del partido republicano han dicho abiertamente o han dejado entrever que no votarán por Trump. Es el caso, por ejemplo, de Mitt Romney: único correligionario que dentro del Senado votó a favor de que Donald fuese condenado en el impeachment del Congreso.

Pero medios de prensa reportan similar rechazo en el expresidente George W. Bush (2000-2008), quien tampoco lo apoyó en 2016; el exsecretario de Estado CollinPowell, quien opina que el actual mandatario “no ha sido muy efectivo”, además de que “miente todo el tiempo”; el exsenador por Arizona, Jeff Flake, así como el exgobernador de Ohio John Kasich, precandidato presidencial republicano en 2016, quien apareció en la Convención Demócrata virtual para darle su apoyo a Biden, cuya “experiencia, sabiduría y decencia” prefiere para que el país encuentre otro camino.

Nada está decidido

   ¿Interesante, verdad? Pues así y todo, a pocas semanas de las elecciones presidenciales, nada está decidido, nada está escrito. Que Donald Trump haya perdido “popularidad” o adeptos dentro del país, o que a escala internacional sea cada vez “menos grato”, no significa que pierda los comicios. No está preparado para eso. Solo piensa que si el mundo es de él, con toda razón también suyos serán los resultados del sufragio, aunque tenga que halarse una vez más la manga del carísimo traje y, en lugar de una paloma, empujar una víbora por la boca de la urna.

 

 


Pastor Batista

 
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