0
Publicado el 28 Febrero, 2021 por Marta Sojo en Opinión
 
 

Ted Cruz, el huidizo

Marta Sojo.Por MARTA G. SOJO

El estado de Texas se vio inundado de blanco por una inusual tormenta invernal de fuerte impacto. El suministro eléctrico colapsó. El gas se congeló en los oleoductos. Las refinerías dejaron de funcionar. Los pozos de petróleo sufrieron daños, algunos enormes. El suministro de agua se paralizó. En total, 13 millones de hogares sin el vital líquido, 500 mil sin luz y 15 millones de personas sin calefacción y con tarifas que se dispararon con el consumo. Todo ello, en medio de una pandemia que ya dura un año.

Para rematar el panorama uno de los senadores federales, Ted Cruz, hizo mutis por el foro, es decir, se largó para la soleada Cancún, en la Riviera Maya, México, con toda la familia, evitando las incomodidades del intenso frío, mientras sus electores se congelaban. El sujeto nació como Rafael Eduardo Cruz, en Canadá, hace 50 años, pero se cambió el nombre por el de Ted, y no quiere que le recuerden que su padre tiene ascendencia cubana. A la patria de sus ancestros solo la alude al apoyar medidas draconianas contra ella.

Su partida a tierras más cálidas se propagó como pólvora, e intentó ponerle un vendaje a la pifia. Y es que el asunto, visto desde un ángulo humano y hasta político, desdice mucho de lo que debiera ser un miembro del Capitolio. Si, como proclaman ellos mismos, a los senadores federales corresponde estar al tanto del bienestar de sus votantes, así como de las dificultades sociales de su estado, la triste realidad es que a este –y no solo a él, por supuesto–solo le preocupan estos problemas cuando se encuentra en contienda electoral y necesita a esos ciudadanos.

El episodio ha dañado enormemente la reputación de Cruz, su carrera política está como los semáforos en Houston: sin energía, tal como señalaron medios de prensa en Estados Unidos, aunque de aquí a las elecciones seguramente ya se habrán olvidado sus desatinos. No obstante, al decir de algunos comentaristas, el fugitivo es un político que no cae bien ni a diversos círculos de sus correligionarios republicanos en Washington. Y para mayor inri, se ha ganado fama como “el senador menos simpático”.

Las críticas después del suceso se arraciman:  “La gente le tiene aversión a ese tipo de persona, y ahora ha sido herido de muerte. Es como si hubiera abandonado el estado en su momento más débil. Es una acción indefendible”, dijo Bill Miller, un veterano cabildero y consultor político de Texas que ha trabajado con miembros de uno y otro partido. A lo largo de su carrera, Ted Cruz ha suscitado el disgusto de una amplia gama de personalidades, que van desde el expresidente George W. Bush hasta el senador Rand Paul, quien lo definió como un diablo en 2016, cuando entró en la carrera presidencial, por su estilo de arengas y su teatralidad a menudo hueca. Una profesora universitaria en Houston expresó que “el mensaje parece ser claro: el privilegio de mis poderes como senador no es equivalente a mi compromiso con esa ciudadanía a la que pretendo representar”.

Lo más contradictorio de todo es que el susodicho arremetió en repetidas ocasiones contra políticos que se fueron de vacaciones o participaron en actividades de ocio durante tiempos de crisis. ¿Y entonces cuales lecciones de moral puede dar? Cosas del sistema.


Marta Sojo

 
Marta Sojo