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Publicado el 5 Abril, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

BRASIL: Un gobierno que se cae a pedazos

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Se le va de las manos el país. Es innegable. Jair Bolsonaro pierde y por esa razón el peligro aumenta, porque no hay nada peor que un presidente deshonesto intentando mantenerse en el poder. Desde sus inicios se mostró nostálgico por el gobierno castrense que Brasil tuvo de 1964 a 1985, y aunque ha movido varias fichas para militarizar el suyo, en medio de la pandemia, la renuncia de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas es un suceso histórico.

Bolsonaro está en un punto de presión sin precedentes. Aunque intentará revertir el panorama a su favor, no le será fácil con la covid-19 pasando una lista mortífera de horror y con los gobiernos locales intentando establecer medidas que la contengan mientras el mandatario insta a la desobediencia, y ubica el funcionamiento de la economía por encima de la salud de las personas, sin importar el colapso de los hospitales. Justamente el periodista Alejandro Zambudio -en la revista Jotdown- cita a la administración de marras como ejemplo de la necropolítica que busca transformar a los seres humanos en mercancía según la lógica de los mercados. “Es una nueva variante de la biopolítica de Foucault -advierte- en el que vida pierde toda su esencia y las instituciones financieras manejan la economía de un país”.

Muchos analistas señalan que los movimientos de Bolsonaro en el Ejército pueden fracturar aún más la democracia. Ya sé que está de moda la palabra pero habría que cuestionarse si la permanencia misma de Bolsonaro en el poder no es una grieta profundísima y oscura en la tan reclamada democracia. Y aunque algunos optimistas prefieran ver en la renuncia de los militares un indicio de rechazo de todo el sector castrense hacia el Palacio de Planalto, dudamos de que el Ejército completo realice acciones de desobediencia.

Juliano Cortinhas, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia, dijo a BBC que la dimisión no debe interpretarse como un “desembarco” de las Fuerzas Armadas de la nave de Bolsonaro. “No es porque los tres generales y el ministro Azevedo renunciaron que los seis mil militares, en activo y en reserva, dejarán sus puestos de gobierno, sus departamentos funcionales y los sueldos que reciben”, y ese es un buen punto para considerar. No obstante, que el “reinado” se cae a pedazos es cierto. La pandemia lo ha colocado en una situación donde siguen aumentando los nombres de políticos que no quieren ser vinculados a una administración desastrosa. Los pedidos de juicios políticos ya suman 68 y las repercusiones de todo esto pueden ser fuertes una vez que deje la presidencia, cuando las consecuencias salpicarán a todos los irresponsables implicados.

Con Lula de vuelta y el Partido de los Trabajadores señalando con más fuerza los errores de Bolsonaro, el malpresidente no la tendrá fácil; sin embargo, a pesar de los pedidos de impeachment, lo más probable es que lo veamos llegar al final de su mandato.  Destituirlo por juicio televisado no se trata solo de evaluar los perjuicios que ha causado sino también poner a la derecha en la palestra pública para que se cuestionen sus decisiones y propuestas. Por ende, las presiones para frenar este tipo de escenarios son parejas a las de quienes lo impulsan.


Mariana Camejo

 
Mariana Camejo