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Publicado el 14 Abril, 2021 por Elsa Claro en Opinión
 
 

EE.UU.-Rusia-China: ¿Amenaza del este?

Elsa ClaroPor Elsa Claro

Un despacho cablegráfico emitido a inicios de abril daba a conocer que “el Pentágono advirtió que Estados Unidos tiene sus ‘intereses’ en el Ártico y que los defenderá ante un incremento de la militarización en la zona por parte de Rusia”. ¿De qué se trata? ¿Acaso se invade suelo norteamericano? Otra información asegura que Rusia “busca reforzar su seguridad a través de la remodelación de los aeródromos de la era soviética, la expansión de su red de sistemas de misiles de defensa aérea y costera, y el fortalecimiento de sus capacidades” con vistas a impedir el acceso a la zona.

Bien, suponiendo que el propósito de Moscú sea “impedir el acceso a la zona”, nada más natural.  Las bases, las posibles modernizaciones, transcurren en territorio nacional; por tanto, ¿dónde está lo punible? Se alega que el programa en cuestión prevé el emplazamiento de un moderno torpedo (Poseidón 2M39) equipado con un reactor nuclear y que ello pudiera contaminar el ecosistema local. Raro reclamo, dado que proviene de aquellos a quienes poco les importó hacer detonar dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas y que mueven a gusto recursos navales similares allende sus espacios legales.

En el tenso escenario mundial, transido por el crispante modus operandi norteamericano, aparece el reclamo de China referido a los laboratorios biológicos de Estados Unidos cercanos al gigante asiático y a Rusia, sobre todo los 16 radicados en Ucrania.  La mitad de esas instalaciones almacenan virus y bacterias de alto poder infeccioso. Asunto alarmante sobre el cual Moscú también ha expresado preocupación, presumiendo el desarrollo de armas biológicas en esos emplazamientos, tan lejos de sus promotores, tan cerca de aquellos calificados de enemigos, según está asentado en la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos.

Es poco explicable que quienes acusan de usar medios químicos (los casos Skripal y Navalny) sean los únicos en negarse a suscribir un pacto mundial de inspecciones, capaz de evitar un mal empleo de tales patógenos. Eso ocurre hace un tiempo. Cuando el titular del Consejo de Seguridad ruso, Nikolái Pátrushev, se refirió al tópico, expuso que su país considera que el Pentágono está desarrollando armas biológicas en instituciones ubicadas en territorio estadounidense (la base Fort Detrick, entre varias posiciones), pero también en diferentes localidades cercanas a las fronteras de Rusia y China. Inquietante sin duda cuando, encima, se activan dispositivos de orden económico y político para perjudicar a aquellos a los cuales se insiste en trastornar.

Las acusaciones

Todas sin pruebas, las acusaciones contra Rusia son: intervención en los procesos electorales de 2016 y 2020 –aquí incluyen a Venezuela, Cuba e Irán, matizando que en menor grado–; intento de envenenar a Alexei Navalny; procura de influjo político sobre Europa por intermedio del Nord Stream 2 y del inmunizante Sputnik V; ayuda a los insurrectos del Dombás, cuya población rusoparlante en desacuerdo con el golpe de Estado de 2014 creó las repúblicas autónomas de Donestk y Lugansk. El asunto se enfoca como si no existieran la fuerte etnicidad rusa en el este ucraniano y el derecho de ese conglomerado a no aceptar la asonada derechista. Se omite que distintas administraciones norteamericanas han proporcionado más de dos mil millones de dólares en asistencia militar a Kiev y que el actual Gobierno demócrata acaba de aprobar 125 millones adicionales, en tanto se apresta a ubicar directamente sus efectivos militares en Ucrania.

Asimismo, según EE.UU., Rusia no ha cumplido con los Acuerdos de Minsk. Se pasa por alto que las fuerzas insurrectas no han actuado fuera de sus locaciones y que, a la inversa, las tropas regulares y milicias ultraderechistas operan y siguen hostilizando las posiciones rebeldes. Amparados en un guion construido con múltiples falacias se tomaron las últimas embestidas de Kiev de pretexto para hacer nuevas imputaciones al Kremlin. Los gobiernos de Porochenko y, ahora, de Zelenski no satisficieron el compromiso suscrito en la capital bielorrusa bajo tutela de Alemania, Francia y la propia Rusia. Entre otros acápites, el de otorgar un estatus especial a la región y permitirle elecciones propias.

Algunas realidades

Ni Rusia ni China han lanzado amenazas contra Estados Unidos en los últimos decenios, pero de Washington a Moscú y Beijing sí hubo y hay infundios, sanciones abundantes y medidas de virtual posicionamiento militar en el mar de la China Meridional, relevante  en el tráfico de mercancías y con un rico fondo, de gran importancia para la región Asia-Pacífico. De otro lado, están el cerco en torno a Rusia con bases en todos los antiguos miembros del Pacto de Varsovia y países del espacio postsoviético, y con sofisticados sistemas antimisiles, tropas y medios de guerra convencionales. Y no bastándoles, en este momento barajan incorporar a Ucrania a la OTAN. El presidente Volodimir Zelenski recién afirmó a Jen Stontenberg, secretario general del agresivo bloque, que esta era la forma de concluir el asunto separatista, algo equivalente a dejar en manos extranjeras un conflicto puramente interno. El objetivo mayor, sin embargo, no es particular de Kiev, sino el de dominar ese gran flanco fronterizo para completar el perímetro desplegado con el objetivo de intimidar a Moscú.

“Rusia no representa una amenaza para ningún país del mundo”, aseveró Dimitri Peschkov, portavoz del Kremlin, en referencia a las acusaciones norteamericano-ucranianas por el aumento de tropas rusas en la frontera común, movimiento emprendido en respuesta a imputaciones y actos nada amables. Por la supuesta incursión en los procesos electorales norteamericanos, la administración de Biden anunció un proyecto punitivo de ciberataques masivos contra Rusia. En respuesta, Vladimir Putin sugiere algo de corte lógico: crear un pacto mundial que rija la seguridad en Internet y prohíba usarla en acciones hostiles.

“Los estadounidenses repiten como un mantra que van a negociar con todos desde una posición de fuerza. Rusia no permitirá a nadie ese lenguaje y pretensiones”–afirmó el canciller Serguei Lavrov luego de conocerse el plan para un despliegue de misiles de mediano y de corto alcances en varias regiones del planeta, entre ellos el previsto con el Reino Unido–. Moscú advierte al respecto que le están obligando a reaccionar en el ámbito técnico-militar, pues las armas en cuestión se destinan a atacar “medios puramente defensivos que garantizan la seguridad de la Federación Rusa”. Hay más y malo, pero hasta aquí es evidentísimo que el horno está sobrecalentado y con altas posibilidades de estallar si la mesura y la inteligencia no prevalecen.


Elsa Claro

 
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