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Publicado el 15 Abril, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

Las dificultades de los niños migrantes

Ernesto Eimil ReigosaPor ERNESTO EIMIL REIGOSA

Un alto oficial de la administración de Joe Biden, citado por Reuters, reveló el pronóstico de que el número de migrantes que llegarán hasta la frontera de México con Estados Unidos en 2021 será la cifra más alta en 20 años. Hecho que vendrá acompañado de un incremento en el número de niños que viajan solos.

Y aunque dejar atrás las imágenes de la era Trump de menores de edad encarcelados en jaulas por la guardia fronteriza norteamericana es un deseo expreso del actual Gobierno, lo cierto es que hasta el 18 de marzo cerca de 4 000 infantes estaban en la misma situación, muchos por más tiempo que el legalmente estipulado.

Una declaración del Departamento de Seguridad Nacional, ofrecida el 16 de marzo por el secretario de dicha institución, Alejandro Mayorkas, estableció el compromiso de los nuevos poderes de honrar la posibilidad de cada ser humano a emigrar. Algo que contrasta con la política de apresar a infantes temporalmente en celdas de custodia y con acciones que, históricamente, han atentado contra derechos humanos básicos, entre ellas, la construcción de un muro en la frontera con México y la ley “pies mojados, pies secos”, que tantas vidas cubanas ha dejado en el mar.

Mas un cambio de política no se soluciona simplemente reparando las instalaciones donde son detenidos, ni mejorando el trato que allí es dado. Luz López, abogada del Southern Poverty Law Center, experta en el tema y migrante ella misma, expresó que el cambio empezará cuando “dejen de tratar a los menores como una amenaza y empiecen a tratarlos como a niños”.

Leyes de asilo restrictivas, como el Título 42, que se basa en salvaguardar la salud pública de los estadounidenses y que durante el año pasado llevó a varias detenciones en la frontera usando como justificación la covid-19, han hecho que aumente la cantidad de pequeños que arriban sin compañía. Originalmente a estos no les era aplicado esta normativa, pero con el paso de los meses se demostró que algunos sí eran expulsados, en violación directa del Acta de Reautorización para la Protección de Víctimas de Trata, programa federal vigente en el país desde el 2000.

Aún no se conoce con exactitud cómo esta situación podrá afectar a los niños a largo plazo, pero las investigaciones muestran una imagen desalentadora. Los estudios, según The New York Times, han probado que quienes sufren esas circunstancias afrontan mayor riesgo de padecer enfermedades mentales, un cuadro de estrés que se suma a todas las violencias vividas durante el trayecto y en sus países de origen.

Una de las soluciones ofrecidas por expertos, como la de la abogada Luz López, es que la financiación recibida por instituciones fronterizas -triplicada en el período 2005-2020- sea utilizada en instalaciones más humanitarias. Se podría invertir en programas que rápida y seguramente transporten a los chicos desde el lugar hasta su familia o hasta un hogar de acogida. El Gobierno estima que 80 por ciento de los menores que emigran tienen parientes en Estados Unidos, por lo que sería efectivo ubicarlos en un sitio donde estén más resguardados y no dejarlos en un espacio que cuesta millones de dólares y viola sus derechos más elementales.


Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa