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Publicado el 21 Abril, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Y es hora de potenciar las capacidades nacionales

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Algún lector avezado en cuestiones esencialísimas más allá del portón de su casa puede ser que arquee una ceja como de molestia o hartazgo ante el dato siguiente: “en términos generales, el gasto militar mundial ha crecido un 2,6 por ciento superando los 1,8 billones de dólares hasta marcar un máximo histórico desde que en 1988 las cifras al respecto son fiables. Mi recordatorio asume como fuente al prestigioso SIPRI, Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz. Tal vez ese mismo lector, o lectora, exclamé, pero ¿ahora vuelven con “eso” si tenemos un problema colosal que lo ha cambiado todo?

La vida se trastocó, sin embargo, tristemente ese desembolso millonario en tanques, buques de guerras, misiles o fusiles automáticos tienen lugar al unísono de la batalla mundial contra la Covid-19, y buena parte de esos presupuestos se les deja de tributar a la Ciencia, a la Innovación y la Tecnología porque la realidad es que el armamentismo es más redituable que una vacuna, aunque las farmacéuticas dominantes- del Occidente capitalista- hace un “seremillar” de años, de largos Siglos de dolor, ha hecho de la salud una mercancía como otra cualquiera.

La publicación ALAI, América en Movimiento, tocó, este 21 de abril, un punto neurálgico desde la conocida rubrica de Julio C. Gambina, a través de su texto “Urge producir vacunas y suspender las patentes”. Este autor sostiene un claro problema ético y humano: “La cooperación internacional para la investigación, la producción y circulación de vacunas debiera estar en el centro de la preocupación intelectual de la sociedad contemporánea”.

En otro punto del análisis afirma que “iniciada la vacunación, se verifica la concentración de dosis entre los países con mayor capacidad de compra, discriminando a las poblaciones del mundo en función de los diferentes niveles de desarrollo y capacidad de compra de los estados nacionales. Aun así, el ritmo de ejecución de la vacuna es pobre y apenas menos del 7 por ciento de la población mundial ha recibido por lo menos una dosis, y menos del 3 por ciento las dosis que completan el proceso recomendado. Ello pone de manifiesto el límite de la situación actual y la demanda de actuar con rapidez para frenar los efectos desastrosos de la pandemia y en la economía, que se descarga sobre buena parte de la humanidad”.

Otro párrafo que me atrajo poderosamente dice: “La realidad es que las patentes son detentadas y defendidas por el capital transnacional, lo que se expresa en la valorización de los capitales invertidos en los laboratorios farmacéuticos. Es una dinámica que actúa a contramano de las condiciones de emergencia de sectores vulnerables en la economía mundial, según coinciden todos los análisis de los organismos internacionales, la academia o la prensa. No debiera resultar una sorpresa la contradicción entre la miseria y desesperación extendida del presente, junto a la acumulación y enriquecimiento de pocos. Es algo a modificar en tiempos de amenazas civilizatorias”.

Un sueño bonito, devenido a menos

Frescas aún en las noticias la XXVII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica, cuyo lema inicial fue el de “Innovación para desarrollo sostenible”, a lo que se le añadió después “Iberoamérica frente al reto del coronavirus”. La voz de Cuba, firme y siempre valiente, planteó las esencias del cómo, por qué y con quienes, pero sigamos, de momento, con la línea argumental de este comentario.

En 2015, la Asamblea General de la ONU adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ODS), publicitada como un plan de acción a favor de las personas. ¿De todas las personas, de todo el universo humano? La respuesta es afirmativa, aunque la práctica política social lo ponga en duda, dada la objetividad imperante. Según la ONU debemos “erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. Poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible. Garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos y todas en todas las edades”. (Fuente www.un.org)

Como sucede siempre en esas citas hubo aplausos y una sensación de paz consigo mismo por haber actuado correctamente: los ODS deben cumplir 169 metas y 231 indicadores que expresan “el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas con el fin de construir una verdadera alianza para el desarrollo donde todos los países participen”. Han pasado seis años y llegó la Covid. El armamentismo crece, las farmacéuticas se enriquecen, las vacunas existentes son blanco de disputas y el pobre sigue a merced de una suerte, echada al ruego de la virgencita milagrosa.

América Latina no deja de doler

Díaz Canel, en marzo de 2021, publicó un artículo en la Revista Anales, de la Academia de Ciencias de Cuba: “Patentarlo todo, incluidas formas de vida, a partir de la orientación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) desde 1995, incrementa las arcas de las empresas y países más poderosos, y hace más frágiles a los restantes. En la ideología neoliberal es el mercado y no el Estado, o las políticas públicas, el factor determinante en la promoción de la innovación”.

En el ejercicio de la verdad, comenta que las experiencias de muchos países con resultados exitosos muestran el rol del Estado y las políticas públicas, y que los acontecimientos más recientes vinculados con la pandemia de la COVID-19 muestran que “el mercado por sí solo nada puede resolver y, sin control, tiende a agravar la situación”. “Muchos países han puesto sus sectores estratégicos en manos del capital extranjero, que poco demanda de la ciencia local. Ciencia, tecnología e innovación y soberanía nacional son procesos conectados”, observó.

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de 2021, corrobora que en la región el desempleo ha aumentado un 3,4 por ciento con 12 millones de desempleados adicionales y que debido a la pandemia ha habido un aumento de la pobreza en 30 millones de personas: más hambre, desolación e impotencia porque asociado a la enfermedad y la falta de recursos propios se ha producido una baja reacción de los sistemas de salud. Y como efectos indirectos se ha generado una contracción de la demanda global y las cadenas de suministro. Por lo tanto, en ese mismo resumen se enfatiza en el papel de la Ciencia y la Tecnología como “clave para enfrentar los desafíos en la industria de la salud y la recuperación económica”, al tiempo que admite que las restricciones al comercio dificultan el abastecimiento de productos claves para combatir la Covid”.

Latinoamérica con unos 57 millones de casos confirmados de coronavirus, es la región más golpeada por la pandemia. Además, en América (toda el área) están los dos países tristemente lideres en la lista de los más afectados del mundo: Estados Unidos, con 30.3 millones de casos y más de 551 mil muertes, y Brasil, con poco más de 13 millones de casos y casi 333 mil fallecidos. El primer ejemplo, descuella en la carrera armamentística y el segundo por contar con políticos incapaces de sentir empatía hacia el pueblo. Si hasta las brigadas solidarias de los médicos cubanos fueron expulsados, años atrás, basándose en mentiras y diferencias ideológicas.

Permanecer optimistas con realismo

Las Cumbres Iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno es el evento más importante que celebra la Conferencia Iberoamericana, un mecanismo de cooperación que agrupa a los 22 países de América Latina y Europa de habla española y portuguesa. La de este año tuvo lugar en Andorra. El mandatario cubano en su intervención virtual manifestó que hasta que no se logre instaurar un orden internacional justo, que permita avanzar para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, estos seguirán siendo una quimera para la mayoría de los pueblos.

Esta nueva cita inmersa en un contexto único en los últimos cien años adoptó una declaración final, 16 comunicados especiales sobre diferentes tópicos: retos sobre el cambio climático, o proyectos para mejorar el Medio Ambiente. Y lo más importante, la Comunidad Iberoamericana de Naciones, buscará dar una respuesta común a la crisis provocada por el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia de Covid-19.

Cuba ejemplar, pésele a quien le pese

Para lograr el éxito de esta tarea y también prospectiva para una felicidad permanente, Díaz Canel mencionó las 229 entidades de ciencia, tecnología e innovación existentes, de las cuales 141 son centros de investigación, lo cual nos permitió enfrentar la pandemia de la Covid-19 bajo el impacto del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos, y contar con cinco candidatos vacunales antiCovid-19, dos en fase III de ensayos clínicos.

De igual manera informó sobre nuestro “Plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030”, tan vilipendiado los mismo en los EEUU y por la Unión Europea por su carácter socialista. Pues bien: Acá se le concede un papel protagónico a la investigación científica, y se han fortalecido los vínculos de las estructuras de Gobierno con los sectores del conocimiento y la producción para potenciar el progreso, también explicó el presidente.

Cuba sostiene desde hace seis décadas, y ahora lo recalca Díaz-Canel que para “atender las causas raigales de las desigualdades y avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, urge voluntad política, solidaridad, cooperación, transferencias financieras y de tecnologías y un acceso igualitario a los recursos. Y subrayó además “la pandemia muestra que la salud, la ciencia y los recursos disponibles deben ponerse a disposición de todos y no solo para satisfacer los intereses de unos pocos”.

El estudio de la CEPAL antes aludido se plantea el futuro como promisorio sí, y solo sí, se concreta mayor integración regional, que dependa menos de manufacturas importadas y cree cadenas de valor. Para ello se requieren políticas industriales y tecnológicas que permitan a la región fortalecer capacidades productivas y generar nuevos sectores estratégicos. Esta Isla caribeña es ejemplo, y no es chovinismo, es materialización de algunos de los ideales fundamentales de la Revolución Socialista.

La ciencia, la innovación y la tecnología deberían ser la perla de la corona, aquí, allá y acullá. No obstante, como es imposible estar aislados de esta casa-mundo que nos involucra como humanidad, los ricos debían reducir- o eliminar- la industria armamentística y pensar como seres sociales éticos. Pero eso, jamás ocurrirá por inercia propia. Es necesario la lucha de los pueblos del que salgan dirigentes políticos sinceros, comprometidos y con programas nacionales no neoliberales, y sí efectivos. Basta de retórica bonita y ‘positiva’, año tras año. Ojalá que, debido al afrontamiento común de esta tragedia descomunal de la Covid-19, la XXVII Cumbre de Iberoamérica sea un verdadero punto de inflexión.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda