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Publicado el 10 Octubre, 2020 por Orlando Romero en ¿Sabías?
 
 

¿Quién es Louise Glück, la Nobel de Literatura 2020?

La autora es una de las figuras más relevantes de la poesía contemporánea norteamericana. Ha publicado doce colecciones de poesía, todas ellas caracterizadas por la búsqueda de claridad. Tres poemas para acercarte a Louise Glück
Nobel de Literatus. Poeta Louise Glück

Ilustración / Niklas Elmehed/Premio Nobel

La poeta estadounidense Louise Glück, que no estaba en las quinielas de este año, ha ganado el premio Nobel de Literatura 2020, “por su inconfundible voz poética que con austera belleza universaliza la existencia individual», según anunció la Academia sueca.

La autora es una de las figuras más relevantes de la poesía contemporánea norteamericana, con títulos tan importantes como “Ararat”, “El iris salvaje”, “Las siete edades”, “Praderas”, “Una vida de pueblo”, “Vita nova” o “Averno”, su poemario magistral, una interpretación visionaria del mito del descenso a los infiernos de Perséfone, cautiva de Hades, dios de la Muerte. Ha publicado doce colecciones de poesía, todas ellas caracterizadas por la búsqueda de claridad.

Nacida en Nueva York el 22 de abril de 1943, se graduó en 1961 en la Hewlett High School, y luego asistió al Sarah Lawrence College y a la Universidad de Columbia. El Nobel de Literatura viene a coronar una larga y reconocida trayectoria, que comenzó a finales de la década de los sesenta.

Louise Glück combina su oficio de escritura con la docencia en diferentes centros educativos, como la Universidad de Yale.

Tres poemas para acercarse a Louise Glück
1. «El jardín»

En 1993 Louise Glück ganó el premio Pulitzer de poesía con «El Iris Salvaje»con el poema «El jardín».

No puedo hacerlo nuevamente,
difícilmente soportaría verlo;
//.
bajo la tenue lluvia del jardín
la joven pareja siembra
un surco de guisantes, como si
nadie lo hubiese hecho nunca:
los grandes problemas todavía
no han sido enfrentados ni resueltos.
//.
Ellos no pueden verse
en el polvo fresco aún, empezar
sin ninguna perspectiva,
con las colinas al fondo, verdes y pálidas, nubladas de flores.
//.
Ella desea detenerse;
él desea llegar hasta el fin,
permanecer en las cosas.
//.
Mírala a ella tocar su mejilla,
pedirle una tregua, los dedos
ateridos por la lluvia primaveral;
en el pasto tierno estrellan rojos azafranes.
//.
Aun aquí, aun en los comienzos del amor,
su mano al abandonar la cara
da una impresión de despedida,
//.
y ellos se creen
capaces de ignorar
esta tristeza.

2. «El vestido»

En 1999, la escritora publicó «El vestido».

Se me secó el alma.
Como un alma arrojada al fuego,
pero no del todo,
no hasta la aniquilación. Sedienta,
siguió adelante. Crispada,
no por la soledad sino por la desconfianza,
el resultado de la violencia.
//.
El espíritu, invitado a abandonar el cuerpo,
a quedar expuesto un momento,
temblando, como antes
de tu entrega a lo divino;
el espíritu fue seducido, debido a su soledad,
por la promesa de la gracia.
¿Cómo vas a volver a confiar
en el amor de otro ser?
//.
Mi alma se marchitó y se encogió.
El cuerpo se convirtió en un vestido demasiado
grande
para ella.
Y cuando recuperé la esperanza,
era una esperanza completamente distinta.

3. «Amante de las flores»

En «Ararat» nos encontramos el poema «Amante de las flores».

En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.
//.
Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.
//.
No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…

Hasta aquí la información. Se enriquecerá seguramente con juicios de valor, como el tuyo. Si deseas compartirlo puedes hacerlo aquí mismo.

(Diferentes fuentes en Internet)


Orlando Romero