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Publicado el 14 Abril, 2021 por Dariel Pradas en Tecnología
 
 

El insaciable sueño de un endless runner

ConWiro

Rafael Martínez (izq) y Javier Domínguez (der), fundadores de ConWiro, el estudio cubano de videojuegos. (Foto: DARIEL PRADAS)

Por DARIEL PRADAS

“La prioridad es hacer juegos de calidad, que generen impacto, que cuando la gente vea el resultado, se cuestione: ‘¿Y esto se hizo en Cuba?’”, dice Rafael Martínez, cofundador y director ejecutivo de ConWiro, un estudio independiente de videojuegos cubano.

La notoriedad de este equipo de desarrolladores continúa en ascenso. Sus propuestas minimalistas, de jugabilidad sencilla y poca complejidad en las tramas, no dejan de ser aptas –incluso convenientes– para el lenguaje de un celular. Gozan, además, de una autenticidad que se adecua a los códigos de la cultura cubana, sin derroche de símbolos. Y resultan entretenidas.

Por mucho, La Pira es el título más popular de ConWiro. Con el dedo presiono el ícono de esta aplicación en la plataforma Apklis y me uno a las más de 30 000 descargas desde que salió la versión oficial del juego hace más de un mes (1 de marzo).

Se advierten los colores cálidos de la presentación, una melodía que recuerda a las de dos bits de los antiguos SEGA y de pronto aparece mi avatar en pleno tutorial, manejando un auto en la carretera. Hay solo dos movimientos: izquierda y derecha. Así recojo monedas, diamantes y tanquetas de diésel mientras esquivo baches, camiones, guaguas, tractores, postes, semáforos, árboles, meteoritos, naves alienígenas… en fin, que mi auto se desbarata y termino en una casa rodante con garaje.

Hay hasta una vaca que habla, pero es insignificante al lado de las tiendas virtuales dentro del campamento, donde se puede comprar tanto combustible de reserva como diamantes para continuar la partida aun luego de haber perdido. Después de todo, como asegura Rafael, “el mayor hito de La Pira es el de haber sido el primer videojuego independiente cubano con posibilidades de monetizar a través de un micropago (las compras dentro de la app)”.

videojuego cubano La Pira

En la interfaz de inicio de La Pira, casi todas las pestañas enlazan a tiendas virtuales donde el usuario puede comprar accesorios para facilitar el curso del videojuego. (Foto: Captura de pantalla del videojuego La Pira)

Las transacciones monetarias ocurren mediante el sistema de mensajería de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa), por los llamados números cortos que representan un descuento de 4 o 25 pesos del bono o el saldo principal de la cuenta telefónica. Sucede automáticamente, sin mucha faena.

Javier Domínguez, director técnico y también fundador de ConWiro, revela que hasta ahora han superado los 1 500 “usuarios pago”. La cifra crece vertiginosamente. La rentabilidad asoma la cabeza y el codo. Sin embargo, el equipo ha sobrevivido a casi tres años de insolvencias antes de posicionarse en la situación actual.

La Pira es la historia de un guajiro de monte adentro que se cansó de la vida en el campo, embaló sus matules y, sorteando inverosímiles obstáculos, arrancó su auto en dirección a la ciudad. Por su parte, la trama de ConWiro va de unos jóvenes que armaron su propio estudio y aspiran a fundar la industria de los videojuegos en Cuba, con mayores trabas en su viaje que las del pobre guajiro.

No todas las buenas ideas nacen en un garaje

Rafael y Javier se conocen desde niños, de la misma zona del municipio de San Miguel del Padrón. En 2017, Rafael asistió a un evento en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, sobre negocios asociados a las tecnologías. Al regreso, le contó de la experiencia a su vecino, que entonces trasteaba el motor libre Unity mediante la programación de videojuegos caseros, a la vez que cursaba estudios en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE).

Ambos se unieron y, con la ayuda de un diseñador que “se inmoló” junto a ellos, comenzaron un proyecto que presentarían en la TechCrunch Disrupt, que ese año tenía su sede en Nueva York.

En un mes y pico –relata Javier– con cero dineros, mientras él estudiaba y Rafael engrosaba sus ojeras fungiendo como una especie de gerente en un centro nocturno, elaboraron el nivel uno de Rayo Guaracha, juego que consistió en disparar láseres a ciertos objetivos tras pulsarlos en la pantalla.

Luego de su visita a “la ciudad que nunca duerme”, retornaron a Cuba deseosos de mantener esta cofradía, pero ciertas circunstancias los separaron durante todo 2018. Pasó el año y, henchidos de entusiasmo y de nuevas ideas, arrancaron otra vez.

Trabajaron para terceras personas en la programación de aplicaciones de entretenimiento. Así fueron practicando y, de paso, sosteniéndose económicamente, hasta que fallaron los clientes y proyectos, y acaeció un bajón grave de financiamiento.

Como no tenían fondo alguno, se les ocurrió hacer la primera versión de La Pira, con un sistema de monetización que funcionaba con el financiamiento del sector privado. En un mes acabaron el demo de La Pira y un software de analítica que mide el tráfico de usuarios: información necesaria para atraer a los posibles clientes que quisieran posicionarse en la plataforma.

Además, con la pretensión de enganchar a más jugadores, crearon una fórmula que premiaba con tarjetas Nauta el logro de ciertas metas del juego. Aunque hoy existen otros videojuegos cubanos que utilizan esta estrategia de marketing, según los fundadores de ConWiro, ellos fueron los iniciadores. También estuvieron entre los primeros en subir aplicaciones independientes en Apklis (Cuando en agosto de 2019, se montó la versión beta de La Pira, esta plataforma llevaba apenas medio año funcionando).

“El concepto de jalar a los usuarios con las recargas Nauta, medir el tráfico y presentar los resultados a los clientes, no era mala idea”, arguye Rafael. “Pero, al final, el juego era muy simple y faltaba una gran masa de usuarios que atrajera clientela”.

Un mes solamente duró esa variante. Las cuentas de ConWiro siguieron decayendo y se volvió indispensable pensar en nuevas formas de rentabilizar el estudio. Ignoraban entonces que la inspiración vendría de otro continente.

¿Una industria de los videojuegos en Cuba?

“En Polonia pudimos apreciar de verdad cómo se pueden hacer los juegos rentables, cuántos tipos de monetización hay, cuántas variantes de juegos se pueden hacer”, comenta Rafael sobre su incursión en el país europeo, en octubre de 2019.

ConWiro

(Foto: Cortesía de ConWiro)

Dos meses después del lanzamiento de la versión beta de La Pira, ambos fundadores de ConWiro se autofinanciaron un viaje al GameCamp que organiza Google, un evento que, en palabras de Javier, se basa en conferencias de pioneros de la industria de los juegos sobre sus experiencias en ese tipo de negocios.

“Allí aprendimos mucho”, agrega. “Teníamos una idea a través de tutoriales, Youtube, artículos de prensa, pero cuando ves a aquellas personas y logras hablarles, la cosa es muy distinta”.

El “campamento” terminó en tres días, pero no así las charlas sobre videojuegos, pues la Game Industry Conference coincidía en otra ciudad polaca. Este segundo programa fue un alarde de gráficos y tecnologías: grandes pabellones donde se exhibieron los últimos títulos de Nintendo, XBOX, PlayStation y de “todas las compañías con las que has jugado de niño” –se emociona Javier–, y a esto se suman diversas conferencias sobre control de calidad, optimización de programas, efectos visuales, marketing y más.

Ellos tuvieron un gran choque al comparar el mercado mundial de los videojuegos con el de Cuba: sus funcionamientos, reglas y envergaduras. Sin embargo, el choque más fuerte ocurrió cuando comprendieron que, aun con tales diferencias, esas enseñanzas adquiridas en Polonia podrían aplicarse en su propio país.

ConWiro regresó a la Isla revigorizado, dispuesto a elaborar una versión mejorada de La Pira, que incluyera además el sistema de micropagos, el cual suele proporcionar, en el caso de las aplicaciones móviles, más ganancias que cobrar el juego por adelantado.

En diciembre de 2019, montaron el estudio en un apartamento de La Habana Vieja que Rafael permutó por su vivienda de San Miguel. Con parles desechados por las tiendas, construyeron las mesas de escritorio. Hicieron la lámpara del salón con tubos de luz fría atados a una baranda de madera. Como no había cemento para reparar las paredes, descorcharon estas y, con los ladrillos al descubierto, se pasó barniz. Los muebles pertenecían a la casa vieja. En general, casi todo procedió del reciclaje y, en enero de 2020, ConWiro empezó a operar en la nueva instalación.

Solo faltaba ajustar par de asuntos legales antes de poder lucrar con el videojuego. Pero llegó febrero, marzo, pandemia y aún no se había concretado nada. Comparado a semejante situación, el viaje del guajiro parecía una ganga.

Cargando…

A inicios de 2020 no se disponía de la licencia de trabajador por cuenta propia en la actividad de programador de equipos de cómputo. Estaba denegada.

Gracias al carácter tecnológico y cinematográfico del videojuego, ConWiro resolvió legalizarse mediante una licencia de creador audiovisual independiente.

En marzo comenzaron las gestiones con la Empresa de Aplicaciones Informáticas, Desoft, respecto a la monetización con la mensajería de Etecsa. Viento en popa, a toda vela y ningún problema hasta que apareció una regulación del Ministerio de Comunicaciones dictando que, para comercializar un programa, había que registrarlo antes. Sin embargo, tal actividad solo podía hacerla una empresa estatal, una cooperativa no agropecuaria o un operador de equipos de cómputo.

“Ahí empezó a enredarse el paraguas”, resopla Rafael con los brazos tendidos. “Al ver cómo iban las conversaciones con Desoft, planificamos lanzar oficialmente La Pira en agosto. Se complicó la pandemia. Cerró todo. Y próximos a agosto, con el juego terminado y listo, nos dijeron que aún no se había resuelto nada.

“Desde finales del verano hasta el 1 de marzo de 2021 fue puro peligro. Nuestro estado financiero fue decayendo y decayendo, porque el dinerito que habíamos guardado para aguantar esos meses se fue esfumando. Hace dos semanas estábamos prácticamente en cero”, añade el director ejecutivo, con la certeza de quien, cauto, lleva las cuentas de su negocio.

En diciembre de 2020, Rafael volvió a llamar al ministerio, esta vez siguiendo un consejo de Desoft: declaró que, en efecto, el juego no se comercializaría. Sería gratis, solo que la monetización a partir de micropagos ocurriría a través de la plataforma del propio Desoft. La misma historia, pero narrada diferente: en resumen, se decidió que no hacía falta registrar el juego.

“Ochos meses esperando, y al final volvimos al punto inicial”, suspira Rafael. “Ahora mismo tuviéramos tres juegos lanzados ya”.

En la feria de tecnologías del evento Innovación FIC Gibara, en 2019, ConWiro exhibió demos de sus pri-meros videojuegos. (Foto: MARÍA LUCÍA EXPÓSITO)

Subir el nivel

Actualmente, ConWiro ingresa 40 por ciento de las ganancias de sus videojuegos; 30 por ciento va a Desoft y otro 30, a Etecsa. De esos 40 puntos porcentuales se descuentan otras cantidades en forma de pago a los servicios prestados por Desoft: alrededor de 7 000 pesos en un inicio y, después, 1 200 pesos cada mes. Eso, sin contar los impuestos pertinentes.

Debido a eso, en marzo, su primer mes en el negocio, ConWiro obtuvo ingresos netos de 10 000 pesos aproximadamente, cantidad luego distribuida entre seis trabajadores. Él aspira a lograr la suficiente solvencia como para pagar a cada empleado un buen salario. “Todavía no podemos costearlo. Eso llevará tiempo”.

“Justo ahora queremos posicionarnos y subir el nivel de los videojuegos cubanos y, al mismo tiempo, motivar a otros desarrolladores a que sigan nuestro camino”, dice el emprendedor.

Sus pretensiones no se detienen ahí. El estudio trabaja en función de una nueva plataforma llamada WiroForce, donde podrán ofertar sus propios videojuegos y los de otros programadores. La monetización funcionaría mediante todas las formas de pagos posibles: mensajería, transfermóvil, criptomonedas, quién sabe…

La idea, según Rafael, busca facilitarle trámites legales y soluciones económicas al desarrollador, de manera que este pueda concentrarse en fabricar juegos. Además, ConWiro ganaría en independencia y, por qué no, hasta podría competir con Desoft.

“Pero primero vamos a obtener fondos para reinvertirlos en juegos de mejor calidad, y así, más usuarios, mayor credibilidad… luego, vendrá la plataforma. Además, hasta que no se enderece el marco legal no podremos seguir por ese camino”, anuncia Rafael.

Cuando se aprueben las normas jurídicas referentes a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), ConWiro cambiará su estatus por este nuevo. “El futuro de nosotros es tratar de ser una PYME. Las relaciones son diferentes y los contratos mucho más fáciles”, frota sus manos el ejecutivo.

Mientras tanto, ConWiro adelanta cada proyecto que pueda, como uno en el que hoy se encuentra inmerso y que todavía no ha anunciado al público: un multiplayer de estrategias a lo Clash of Clans, con una temática espacial de batallas en asteroides y cosas por el estilo. Tentativamente, se llamará Terrabot y su estreno ocurrirá entre mayo y junio. Este juego tendrá la peculiaridad de funcionar online, pero con datos móviles nacionales.

“Ya lo probamos con la capacidad actual de los servidores cubanos y va a funcionar bien. Nadie lo va a notar”, asegura Javier y guiña un ojo con cierta complicidad juguetona.

De continuarse por esta senda, el sueño de ConWiro llegará a convertirse, como La Pira, en un endless runner, una suerte –o maldición– de corredor infinito.


Dariel Pradas

 
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