
Matrimonio a la cubana
La decisión estaba tomada: habría boda. Llevaban suficiente tiempo viviendo juntos, conocían los lados placenteros y las flaquezas de cada uno, esperaban amarse –y soportarse–

La decisión estaba tomada: habría boda. Llevaban suficiente tiempo viviendo juntos, conocían los lados placenteros y las flaquezas de cada uno, esperaban amarse –y soportarse–
Jennifer y Alejandro Darío se casaron a finales de noviembre del pasado año. Los jóvenes desconocían que, una vez asentada la unión en el registro notarial, la comunidad de bienes, entre los cuales están los ingresos provenientes del trabajo o de la Seguridad Social; aquellos adquiridos a título oneroso como permuta o compraventa de casas, rentas o intereses obtenidos, correspondían a ambos cónyuges por igual.

La decisión estaba tomada: habría boda. Llevaban suficiente tiempo viviendo juntos, conocían los lados placenteros y las flaquezas de cada uno, esperaban amarse –y soportarse–
Jennifer y Alejandro Darío se casaron a finales de noviembre del pasado año. Los jóvenes desconocían que, una vez asentada la unión en el registro notarial, la comunidad de bienes, entre los cuales están los ingresos provenientes del trabajo o de la Seguridad Social; aquellos adquiridos a título oneroso como permuta o compraventa de casas, rentas o intereses obtenidos, correspondían a ambos cónyuges por igual.
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