A cada tiempo su arte; a cada arte su libertad III

Desde 1960 hasta 1980 la cultura hippie floreció aparejada al consumo desmedido de
drogas y sustancias nocivas, además de la música psicodélica. Los hippies abogaban por la paz y mostraban su rechazo al sistema, entonces, se hicieron escuchar con un sonido de actitud independiente y contracultural: el punk. Por su parte, la estética del hip hop consistía en el arte de copiar “bien” modas anteriores.
Pero los 80 también tenían otra cara.


Los sintetizadores revolucionaron la música. El uso del reverb (hasta en la batería) evidenció la artificialidad del sonido. Era la época de jugar y de innovar, y como en el diseño, se pasó de un minimalismo a un maximalismo elegante como el de Memphis. Por ese entonces nacería la MTV y se acogería a la estética de estilos radicales y underground similares a los de las tribus urbanas, y dentro de poco tiempo toda la música que salía de su embudo se convertiría en fenómenos mainstream gracias a la publicidad. Además, en este período afloraron los colores neón, brillantes, resplandecientes, las personas se volvieron locas por el baile, la juventud, la delgadez y la vigorexia, en fin, por la construcción capitalista de la belleza.

Junto a los sintetizadores nacieron los géneros musicales house y el techno, y con su llegada al Reino Unido y Europa, los ravers. Ravers proviene de la palabra en inglés que significa: hablar con entusiasmo, eufóricamente, mientras que las fiestas rave son fiestas de baile de alto ritmo que mezclan música electrónica repetitiva con espectáculos de luces para crear un ambiente eufórico entre los asistentes. Esta tribu escaparía de la vida monótona y al igual que los beats de los 50 y los hippies de los 60 ejercieron su libertad con una fuerza gigantesca. Su estética fue similar.

Los 90 experimentaron una vuelta hacia los 70: el punk ahora influiría en el movimiento grunge. El estilo mugre se popularizó gracias a Kurt Cobain, el vocalista de Nirvana, que acentuaba una estética pobre con el objetivo de huir del lujo imperante de los años 80 y de cualquier norma de buen gusto propia de la estética yupi[1].

Además, esos son los años de la fiebre del pop con Britney Spears, Cristina Aguilera y bandas icónicas como Destiny Child, Backstreet Boys. Las disqueras advirtieron el talento innato de estos músicos y vieron una oportunidad exquisita para lucrar con ellos fabricándoles una marca, imagen, sonido, éxito… Las mujeres acogieron maquillajes sencillos con sombras opacas, labios brillantes, cejas discretas y perfectas; y los hombres mantuvieron su estilo grunge. Esta estética formaba parte de una construcción de sus personajes de fama, netamente productos del mercado.


[1] El estereotipo del joven ejecutivo común de los Estados Unidos.

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Diseño de portada: Félix M. Azcuy

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