
Miércoles sin gatos
Realmente no soy una amante de esos mamíferos adorados en el Egipto de los faraones. Sigo sin comprender a quienes se enternecen al ver a un minino acicalarse, o se derriten al admirar las manchas del pelaje y cómo se desplazan.

Realmente no soy una amante de esos mamíferos adorados en el Egipto de los faraones. Sigo sin comprender a quienes se enternecen al ver a un minino acicalarse, o se derriten al admirar las manchas del pelaje y cómo se desplazan.

“Juro por Dios que era un gato lo que se cruzó en mi camino. Ahora tendré mala suerte, y algo malo, muy malo”, musitaba mientras


Realmente no soy una amante de esos mamíferos adorados en el Egipto de los faraones. Sigo sin comprender a quienes se enternecen al ver a un minino acicalarse, o se derriten al admirar las manchas del pelaje y cómo se desplazan.

“Juro por Dios que era un gato lo que se cruzó en mi camino. Ahora tendré mala suerte, y algo malo, muy malo”, musitaba mientras

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