La otra guerra

Al amanecer del 17 de abril de 1961, el mundo despertó con despachos de última hora emitidos por la Associated Press (AP): “Fuerzas anticastristas invadieron hoy a Cuba por tres puntos y la principal ciudad en el extremo oriental de Cuba, Santiago, puede estar ya en manos de los invasores. Los milicianos de Castro, así como el ejército y la marina, se les han unido”. La United Press International (UPI) no se quedó atrás y reportó, en un cable fechado ese mismo día en Guantánamo, un desembarco mercenario cerca de Santiago de Cuba. Luego transmitiría: “Las fuerzas invasoras han ocupado la ciudad de Pinar del Río, capital de la provincia del mismo nombre. La invasión de las provincias de Matanzas y Santiago (sic) está progresando favorablemente”. En franca emulación con su colega, la AP “informaría” sobre la toma de la Isla de Pinos, mientras la otra agencia se regocijaba: “El primer ministro Fidel Castro se ha dado a la fuga y su hermano Raúl fue capturado. El general (mexicano) Lázaro Cárdenas gestiona el asilo político de Fidel”.

El Jagüey Ciudadano

En la vieja calle de Lamparilla, ennoblecida ahora por el nombre de Pedro Pérez, pero aferrada a su antigua denominación con la tenacidad de cuatro siglos, bajo el desconchado alero de una vieja casa ha nacido, y crece, lozano, un jagüey.

A Cuba, lo que le pertenece

La Base Naval de Guantánamo contraviene el Derecho Internacional y representa una aberración histórica, a despecho de las justas reclamaciones de nuestro pueblo

Rossini y el general Stefanini

Joaquín Rossini, que a la sazón contaba 23 años, pero que a pesar de ello había ya producido varias óperas que gozaban de popularidad, se encontraba entonces en Bolonia abrumado por los obsequios y los favores, que le brindaba aquella sociedad tan culta y galante, tan filarmónica y entusiasta. De modo que Rossini y Murat, eran las dos grandes figuras del momento. Eran la inspiración y el brazo vengador que marchaban juntos. Los dos Joaquines estaban en todos los labios, en todos los pensamientos, en todos los corazones.

La otra guerra

Al amanecer del 17 de abril de 1961, el mundo despertó con despachos de última hora emitidos por la Associated Press (AP): “Fuerzas anticastristas invadieron hoy a Cuba por tres puntos y la principal ciudad en el extremo oriental de Cuba, Santiago, puede estar ya en manos de los invasores. Los milicianos de Castro, así como el ejército y la marina, se les han unido”. La United Press International (UPI) no se quedó atrás y reportó, en un cable fechado ese mismo día en Guantánamo, un desembarco mercenario cerca de Santiago de Cuba. Luego transmitiría: “Las fuerzas invasoras han ocupado la ciudad de Pinar del Río, capital de la provincia del mismo nombre. La invasión de las provincias de Matanzas y Santiago (sic) está progresando favorablemente”. En franca emulación con su colega, la AP “informaría” sobre la toma de la Isla de Pinos, mientras la otra agencia se regocijaba: “El primer ministro Fidel Castro se ha dado a la fuga y su hermano Raúl fue capturado. El general (mexicano) Lázaro Cárdenas gestiona el asilo político de Fidel”.

El Jagüey Ciudadano

En la vieja calle de Lamparilla, ennoblecida ahora por el nombre de Pedro Pérez, pero aferrada a su antigua denominación con la tenacidad de cuatro siglos, bajo el desconchado alero de una vieja casa ha nacido, y crece, lozano, un jagüey.

A Cuba, lo que le pertenece

La Base Naval de Guantánamo contraviene el Derecho Internacional y representa una aberración histórica, a despecho de las justas reclamaciones de nuestro pueblo

Rossini y el general Stefanini

Joaquín Rossini, que a la sazón contaba 23 años, pero que a pesar de ello había ya producido varias óperas que gozaban de popularidad, se encontraba entonces en Bolonia abrumado por los obsequios y los favores, que le brindaba aquella sociedad tan culta y galante, tan filarmónica y entusiasta. De modo que Rossini y Murat, eran las dos grandes figuras del momento. Eran la inspiración y el brazo vengador que marchaban juntos. Los dos Joaquines estaban en todos los labios, en todos los pensamientos, en todos los corazones.