El infinito espacio donde estás
Foto. / PL.
El infinito espacio donde estás
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El infinito espacio donde estás

Huellas imperecederas dejan vital para todos los tiempos la obra musical del notable artista Pablo Milanés, trovador raigal, un nombre esencial de la música y la cultura cubanas siempre inspirado en las raíces autóctonas, en las preocupaciones humanas de honda trascendencia social.


Tus inmensas razones no se explican, se cantan, se tararean, a veces bajito, sí, muy bajito, como una confesión que aprieta el pecho y pone en orden los sentidos.

Al repasar la transparencia de textos renovados en conjunción perfecta con las melodías vuelve, una, otra vez, el torrente de tu voz rica en matices. Siento que me acuna en el equilibrio de silencios entre frase y frase; las emociones son tantas que trascienden la brevedad de formas nobles, melodiosas, convertidas en canciones.

Un tesoro derramado en ideas, pensamientos, da vida a la experiencia de convocar el entusiasmo y la sensibilidad de varias generaciones.

Esa energía inmensa se quedará rondando en los recuerdos, las historias, las iluminaciones emanadas de tu condición de artista, por más señas ilustre trovador; ese legado merece mantenerse a salvo de la desmemoria.

El infinito espacio donde estás se llena al evocar la sabiduría conquistada a manos llenas en una obra luminosa. Es difícil elegir entre tantas piezas memorables: La ternura que me vino a salvar, No ha sido fácil, Hoy la vi, Yolanda… De nuevo siento que el tema del tiempo es una de las constantes en tu manera de ver y apreciar la vida que lidera en una poética muy apegada a la conciencia, al amparo de la reflexión sobre el amor, la muerte, la juventud perdida, la amistad, los avatares del trovador, la alegría de existir.

Quizás poco se recuerda que estuviste vinculado desde la infancia a formas tradicionales de nuestra música popular: la guajira y el son. A principios de los años 60 cantaste en un cuarteto que se especializó en spirituals afronorteamericanos. Más tarde te vinculas al filin que renovó esencias de la canción cubana en los años 40 y 50, tras asimilar elementos del jazz.

El infinito espacio donde estás
Considerado como uno de los máximos exponentes de la música cubana, en su vasta carrera Pablo conjugó una mixtura de géneros que van de la tradición a la modernidad. / PL.

Desde esos momentos comienzas a buscar una expresión propia, te gustaba pensarte en pos de nutrientes espirituales.

Al revisar la robusta discografía que nos dejas para seguirte paso a paso cautivan el abrazo furtivo, el verso de eterno y duradero diálogo, la pasión contenida en la jerarquía de un modo de decir muy particular, raro misterio de eso que llaman estilo.

Tu apego a los poetas grandes: José Martí y Nicolás Guillén revelan una identificación definitiva con la raigal cubanía asentada en el alma, el disfrute de cantar lo propio, lo auténtico, lo definitivamente verdadero.

Una filosofía de la vida se fue conformando desde el tratamiento musical de Los Caminos, un precioso guaguancó, hasta “descubrir” otros ritmos en Soy del Caribe. Imposible atrapar ahora la curiosidad que fuiste perfilando poco a poco, tal vez en sesiones de análisis de un mundo propio donde no faltaron las preguntas, las motivaciones, los deseos al seguir disfrutando la belleza, el propio misterio de la existencia.

El color local a la vez universal aprehendido mediante las vivencias del Grupo de Experimentación Sonora del Icaic y como uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova marcaron el sentido de tu identidad, del aprendizaje constante, de la espontaneidad repartida a manos llenas cuando entre músicos te pedían un consejo.

Algo nos dijo que el concierto en la habanera Ciudad Deportiva sería el último en tu Cuba. La atmósfera de despedida, las nostalgias, los reencuentros, fueron una especie de cierta premonición. La desestimamos al escucharte pleno, vital, al decir: Ya ves, y yo sigo pensando en ti. 

Indagador persistente, sí, eso eres, te reconozco en el presente por la valía de tantas huellas que la partida física no puede acallar. Llenas el infinito espacio donde estás, inolvidable, querido Pablo Milanés.

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