Juegos Olímpicos (II): El Bebé de Hiroshima

Ahí vienen ya al galope los Juegos Olímpicos de París 2024 (26 de julio al 11 de agosto). Y desde antes se abren los baúles de los recuerdos. En muchos hay historias bellas. Algunos nos muestran ¡lo mal que hoy anda el mundo!

Hace muchos años, en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, se respetaba la tregua olímpica. Es un concepto humano que más acá en el tiempo ha tratado de rescatar, sin demasiado éxito, el Comité Olímpico Internacional (Coi) y la Organización de las Naciones Unidas (Onu), la cual emitió incluso una resolución de cara a los de París 2024. Pero parece correrá la misma suerte.

La historia de hoy, sacada de uno de esos baúles, también merece ser recordaba en la búsqueda por consolidar la paz.

Cuando París 2024 tenga alzado su imaginario telón faltarán poquitos días para que se cumplan 60 años, ¡más de medio siglo!, de los Juegos Olímpicos de Tokio (del 10 al 24 de octubre de 1964), cuyo pebetero encendió el Bebé de Hiroshima.

Se trató de Yoshinori Sakai, quien nació el 6 de agosto de 1945, un día grabado en la historia de la humanidad, pues la ciudad japonesa de Hiroshima fue devastada por la bomba atómica lanzada por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Esta mató a unas 140 000 personas, incluyendo aquellas que fallecieron por las heridas y los efectos de la radiación en los días y años siguientes. Tres días después, el 9 de agosto, se lanzó una segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki, la cual le costó la vida a unas 70 000 personas.

Cuando el Bebé de Hiroshima encendió el pebetero tenía 19 años de edad, y no era en realidad un deportista olímpico, sino un estudiante de primer año de la Universidad de Waseda e integrante de su equipo de atletismo.

El Bebé de Hiroshima: un símbolo para la paz. /  tycsports.com

Bello mensaje

Quiere decir que, en medio de la destrucción y el caos, nació ese bebé quien se convirtiera en un símbolo de paz y resiliencia.

Esto es parte de la conmovedora historia de los hibakushas, término japonés que se traduce como «personas bombardeadas».

La prestigiosa revista estadounidense Sport Illustrated le dedicó una de sus portadas.

Sakai, a pesar de haber nacido en medio de la tragedia, logró sobrevivir y convertirse en un atleta y destacado periodista deportivo de larga trayectoria.

Su elección para encender el pebetero en Tokio 1964, tras subir con la antorcha esos 163 escalones, simbolizó el renacimiento de Japón después de la Segunda Guerra Mundial y envió un mensaje de paz al mundo.

A continuación se soltaron 8 000 palomas, para simbolizar la paz, y cinco aviones a reacción sobrevolaron el estadio para formar los cinco anillos olímpicos.

Luego de encender el pebetero, todo un símbolo inolvidable, el Bebé de Hiroshima, hijo de atletas, se mantuvo toda su vida ligado al deporte. Alcanzó la medalla de oro en los 400 metros del campeonato nacional japonés de 1966, y también el título como parte del relevo de 4×400 metros en los Juegos Asiáticos de 1966, en Bangkok, así como plata en 400.

Se graduó en 1968 y trabajó en la cadena Fuji Television Network.

Falleció en la madrugada del miércoles 10 de septiembre de 2014, con 69 años de edad, a causa de una hemorragia cerebral en un hospital de Tokio.

En su momento, por citar un ejemplo, aquel encendido inolvidable fue portada de la prestigiosa revista estadounidense Sport Illustrated, a la cual se le atribuyen tres millones de suscriptores y ser leída por unos 23 millones de personas cada semana. Ello sucedió en la edición del 19 de octubre de 1964. Y, como eran otros los tiempos, costaba nada más 35 centavos.

Un hermano del Bebé

El hermano menor suyo, Takayuki Sakai, de 74 años de edad, estuvo entre los muchos que llevaron la llama en Tokio 2020:»Quiero involucrarme en los Juegos Olímpicos en lugar de mi difunto hermano”.

Hoy, casi 79 años después de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki (¡ya cerca de un siglo y no aprendemos los daños de las guerras!), he querido recordar la historia del Bebé de Hiroshima y su legado de esperanza.

Cuarenta y nueve años después de Tokio 1964, en septiembre de 2013, Yoshinori Sakai toca la base de la antorcha olímpica en el Estadio Nacional del distrito de Shinjuku. / japantimes.co.jp

A pesar de los horrores de la guerra y la destrucción, Yoshinori Sakai demostró que la vida puede florecer incluso en los momentos más oscuros.

La historia del Bebé de Hiroshima nos recuerda la importancia de la paz y la necesidad de trabajar juntos para construir un mundo mejor.

A medida que enfrentamos nuevos desafíos globales, como las guerras de nuestros días, las dificultades económicas, la pandemia de covid, el cambio climático, entre otros, debemos recordar la lección de Hiroshima y Nagasaki, y trabajar juntos para construir un futuro más justo y sostenible para todos.

En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (aplazados para 2021 por el covid-19), encendió el pebetero la tenista japonesa Naomi Osaka, cuatro veces ganadora del Grand Slam.

Yo me hubiera saltado cualquier regla, habría puesto en Tokio 2020 a encender el pebetero al hermano del Bebé de Hiroshima (o quizás a Naomi Osaka y a él).

¡Y aprovechar, todavía más, esos Juegos Olímpicos para mandar de nuevo un tan necesario mensaje de paz!

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