¿Privilegiar temas o rigor artístico en las puestas en pantalla?

Guionistas, realizadores, decisores y públicos pensemos al responder esta interrogante de notable influencia en las producciones audiovisuales y cinematográficas que ve, siente e interpreta la sociedad cubana


Cada vez más en el mundo crecen las audiencias hiperactivas, cambiantes, cuestionadoras, incisivas. Necesitan decir, escucharse, aportar lo suyo durante intercambios con los otros. Lidera cierta dialéctica de la apropiación, esta se sustenta en la cultura y las tecnologías, sobre todo en el complejo proceso comunicativo. ¿Quién dice qué, cómo lo dice, para quién? En las redes, lugares públicos, privados, y otros espacios cotidianos, crecen barullos difíciles de comprender. El escenario mediático es un epicentro de interacciones y continúa siendo un punto de referencia la TV tradicional.

Ante ella, le pedimos que instruya, entretenga, informe, responda interrogantes, esclarezca malos entendidos, noticias falsas, presente el mundo afectivo de la pareja, las relaciones de padres e hijos, el reconocimiento de la virtud y la felicidad en un mundo desequilibrado debido a las injusticias sociales, lo banal, la violencia en múltiples vertientes hogareñas y sociales.

El acelerado desarrollo de los artefactos instaura un nuevo discurso dominante; cultura y comunicación son conceptos clave en el complejo universo contemporáneo, donde imperan hibridaciones, formas diversas al ver y sentir. Los flujos de circulación sustentan intercambios de informaciones y en la narrativa audiovisual se originan producciones colaborativas e intermediales.

¿Qué hacer desde las programaciones de nuestros canales televisuales para contrarrestar la creciente influencia de la industria hegemónica del entretenimiento? Ante todo, privilegiar proyectos de códigos novedosos, valores universales y jerarquías artísticas. Concretar estos propósitos exige, además de buenas intenciones y deseos de transformar los escenarios mediáticos, las riquezas sígnicas, discursos verbales e icónicos dirigidos a las audiencias. Son asuntos debatidos durante foros, festivales, reuniones en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, instituciones, comunidades y centros de enseñanza artística. Pero, en la práctica, donde se concreta el deber ser, creadores de diferentes generaciones olvidan, en ocasiones, privilegiar la puesta en escena en tanto parte del contenido. Una y otro son definitivamente esenciales en el enfoque holístico de la artisticidad del programa.

El ejercicio creativo de la construcción dramática implica desde el constante manejo de los tiempos narrativos hasta el rigor del diseño visual, la densa introspección de actores y actrices, la cadencia, el tono, al recrear personajes clásicos y contemporáneos. Es imposible olvidar a Lucía, Amada, Isabel Ilincheta en la piel y el alma de la primera actriz Eslinda Núñez, Premio Nacional de Cine. Existen otros ejemplos notables de intérpretes notables. Sin embargo, ocurre en no pocas ocasiones que la falta de inspiración de una puesta en pantalla mengua las asociaciones de pensamientos propositivos, falta la combinación adecuada de imágenes y sonidos en beneficio de la densidad sintáctica imprescindible para conmover a los públicos.

Foto./ Leyva Benítez.

Tampoco olvidemos los valores denotativos y connotativos de espacios informativos, revistas culturales y emisiones donde el vestuario, la dicción de periodistas y conductores, el plano adecuado de la estética televisual, impiden las comprensiones de los mensajes y sus apropiaciones por cada televidente.

Reflexionemos, en diferentes épocas, filósofos y pensadores alertaron sobre cómo la banalización amenaza con tragarse el mundo, ganarle la batalla a la inteligencia. En nuestra TV, de carácter público, la cultura debe protagonizar las emisiones sin omitir la polisemia del arte y el gusto estético, el cual se forma a partir de la niñez. Esta es una responsabilidad individual y del equipo participante en el proceso de realización. Los destinatarios exigen lenguajes renovados en un mundo donde las transformaciones propias de la modernidad instauran diferentes tipos de relación social, incluso la cultura tecnológica ya la prefigura, y -de ella- nuestra TV es un eslabón esencial en la producción de interacciones comunicativas. Pensémoslo.

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