Foto. /  Roberto Pacheco
Foto. / Roberto Pacheco
Foto. / Roberto Pacheco

Historias que siempre estremecerán

Pocas veces, en una escena desbordada de realismo, se alcanza tanto sentido poético. Cuarentena, una de las más recientes propuestas del colectivo Vital Teatro que lidera Alejandro Palomino, es uno de esos montajes que moviliza emociones, sentimientos, a partir de un mensaje hondamente humano y cuestionador.

Cuarentena tiene la cualidad de ser funcional tanto en espacios al aire libre como en una sala teatral. / Cortesía de Vital Teatro

No resultó fácil recuperar el aliento a quienes, sentados en las lunetas de la habanera sala Adolfo Llauradó, escudriñaron cada palabra, cada gesto, tras la amalgama de sufrimiento y compasión que suscita esta obra; aun cuando para muchos ya la pandemia de covid 19 comience a ser el mal recuerdo de dos nefastos años de encierro, desolación y muerte.

Concebida por el dramaturgo, investigador y guionista cubano Ulises Rodríguez Febles, el texto ausculta los diversos repliegues de la condición humana. Y por si fuera poco, genera más preguntas que respuestas, desde una excepcional complicidad espectador-actor, acerca de un conflicto que todavía atormenta y aflige por las crisis –ética, existencial, económica, política– que persistirán todavía un tiempo más.

Esta es la primera y única obra de Rodríguez Febles escrita en el remanso hogareño, mientras cumplía el aislamiento previsto por las autoridades sanitarias, pues partituras dramáticas suyas como Carnicería, Sputnik, Béisbol; Frida, yo soy María; asimismo, La ventana tejida, Saxo, Campo minado, Huevos, entre otras, vieron la luz en la Casa de la Memoria Escénica que este notable autor dirige desde hace varios años.

Cuarentena nació y creció durante las primeras semanas del confinamiento; por tanto, carga las inseguridades, las reflexiones y los enfoques propios de alguien que, por razones obvias, no pudo tomar distancia de un fenómeno letal para el cual entonces no existían certezas ni siquiera de la ciencia.

Febles asumió una metáfora de aquel escenario dantesco mundial e intentó un retrato de la realidad en un contexto extremo. El relato alterna entre un hostal privado de Matanzas y un centro de aislamiento, donde orbitan una sanitaria contagiada, un turista italiano procedente de Lombardía, quien se cuestiona la situación allende los mares; los dueños de la casa de renta: una enfermera y su esposo, el empresario del negocio; la hija adolescente de ambos y su novio.

Tales personajes tienen una connotación simbólica extraordinaria. Sugieren la tormenta de incertidumbres, preocupaciones y pánicos originados en el plano económico y psicológico entre aquellos que en el momento de desatarse la enfermedad ejercían el trabajo por cuentapropia como fuente principal de ingresos, estaban de visita en nuestro país, o simplemente llevaban una vida normal en medio de las agitadas contingencias de la cotidianidad.

Sorprendente desempeño actoral exhibe la nómina de Vital Teatro. / Cortesía de Vital Teatro

Brotan a flor de piel en esta puesta la conmoción de la mayoría, el miedo al contagio cuando se trastocó la manera de intercambiar afectos a través del contacto físico; o sea, de ser excesivamente afectuosos, se debió pasar a tomar distancia, incluso en el interior de la familia, para proteger la salud y salvar la vida.

Este comportamiento y el prolongado encierro fue tratado con absoluto lirismo además, a la hora de plasmar cuánto significó y perturbó a los más jóvenes tan desoladora atmósfera.

Entre tanto dolor, pánico, desconcierto, la obra desliza una esquela humanista cuando resalta la importancia de los apegos, el amor, la amistad;  la necesidad del arte como horcón para subsistir ante la tragedia.

Al propio tiempo, trasluce rasgos inequívocos del ser cubano como el sentido del deber, el altruismo, la solidaridad, la bondad, el respeto al prójimo; la gracia natural, aun en las condiciones más difíciles, para afrontar la adversidad.

Cuarentena acusa un elocuente dispositivo de teatro documental cuando refiere datos factuales de la realidad vivida y compartida por todos los potenciales lectores y espectadores que tendrá la obra, lo que le imprime un sello de veracidad incuestionable para hoy y para el futuro”, ha señalado la teatróloga e investigadora Vivian Martínez Tabares en el programa de mano.

Alejandro Palomino, como director artístico, y la nómina de Vital Teatro asumen un montaje minimalista, sin exuberancias en cuanto a escenografía, pero sí consistente en recursos escénicos, al punto que convierte el cuerpo de los actores y actrices en su más valiosa carta de triunfo. De modo que tiene la cualidad de adaptarse tanto a un escenario abierto al aire libre como a las condiciones espaciales de un teatro bajo techo.

Esta obra ofrece una mirada optimista al futuro de la humanidad. / Cortesía de Vital Teatro

De manera sugestiva, los intérpretes se imbrican en las hebras de un texto contundente, necesario, testimonial, capaz de aligerar tensiones al alternar momentos trágicos con pinceladas de cierta hilaridad, propios de la identidad del cubano, y que a la distancia de los años tendrá la virtud de documentar, desde la ficción, el aciago impacto en esta tierra caribeña de un adversario microscópico y mortal.       

“Las enfermeras son ángeles con zapatos cómodos”, afirma con sutil desenfado un personaje en uno de sus parlamentos, con lo cual Cuarentena realza la calidad humana de tantas personas nobles que dieron todo por salvar vidas en las zonas rojas y amarillas; en tanto deviene tributo imprescindible para aquellos que no alcanzaron la sobrevida.

Ahí radica la universalidad de esta obra y su acendrada vigencia; aunque el tiempo, en atropellado discurrir, intente desvanecerlo de nuestras existencias.

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