
Posando ante un cajón
Hoy constituyen rarezas, pero durante mi niñez y adolescencia, allá por los años 70, todavía era posible encontrar de manera habitual, en puntos céntricos de las ciudades cubanas, aquellas cámaras rectangulares montadas sobre trípodes de las cuales colgaba una manga o trozo de tela negra. Junto a ella, a menudo sentado en un banquito, aguardaba el artista, o mejor decir el artesano, porque por lo general las fotografías salidas de esos equipos distaban bastante de la calidad estética.




