Foto. / Cortesía de la BNJM
Foto. / Cortesía de la BNJM

Un hombre inolvidable, dos narraciones

Segunda parte del dosier Niños y jóvenes evocan al Maestro


BOHEMIA ofrece una pequeña muestra de los textos y dibujos premiados en la XXVI edición del concurso Leer a Martí, el cual es auspiciado por el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional José Martí y otras instituciones: culturales, educativas, políticas.

En su relato, María Fernanda no coloca al patriota sobre un pedestal, lo presenta como un hombre de carne y hueso, con sus dolores, esperanzas. Por su parte, Evelyn imagina un encuentro con personajes de La Edad de Oro.

El Martí que me visitó en sueños

Arnoldo Escobar Ross, 12 años, Holguín. / Dibujo: Cortesía de la BNJM

(María Fernanda González López, 16 años, Pinar del Río).

Era una noche de abril, y el viento olía a tinta vieja y a tierra mojada. Había pasado horas leyendo “Los versos sencillos” hasta que las letras se me borraron en el cansancio. Fue entonces en ese límite entre vigilia y el sueño cuando él apareció.

No como la estatua de las plazas, fría y distante, sino como un hombre de piel tostada por el sol caribeño, con los ojos llenos de esa tristeza dulce que tienen los que aman demasiado.

–¿Tú eres el muchacho que quieres escribir sobre mí? –preguntó, y su voz sonó como el rumor de las olas en la playa de noche.

Asentí, avergonzado de mis palabras torpes, de mis dudas de 18 años.

Martí se acercó y puso su mano sobre la mía, la misma que empuñó plumas y machetes, y sentí que el tiempo se detenía.

–No me escribas como a un santo sino como a un hombre que tuvo miedo y lo venció… como a un niño que soñó con palomas y despertó en una guerra.

De pronto, estábamos en un campo abierto. Era Cuba, pero una Cuba hecha de versos: los ríos corrían con tinta, los árboles tenían hojas de manuscritos, y en el cielo brillaban estrellas con formas de letras. Martí señaló al horizonte:

–Mira bien. Esto es lo que defendí: no era tierra, sino patria, no historia, sino alma.

Cuando quise responder, comenzó a desvanecerse. Intenté retenerlo, pero solo alcancé a agarrar un puñado de luz y entonces desperté.

Sobre mi mesa, la hoja en blanco ya no estaba. En ella, con letra que no era mía decía:

No me busques en los libros de historia.

Búscame en el niño que lee bajo su árbol, en el joven que escribe con rabia y esperanza, en el futuro que tú mismo construirás.

Porque yo no soy el pasado, muchacho: soy la semilla que planto en tu mano.

Y hoy, cada vez que escribo, siento que su rosa blanca florece otra vez entre mis dedos.

Martí está en todos los tiempos

Yaidel Carmona Moya, 16 años, Mayabeque. / Dibujo: Cortesía de la BNJM

(Evelyn C. Borges Rodríguez, 14 años, Santiago de Cuba).

Todas las noches era una constante disputa con mis padres porque solamente quería estar jugando con mi teléfono.

–Maira, te dije que regalarle el teléfono al niño iba a traer problemas

–Mijo, pero es importante para su estudio, lo que se ha enviciado con él.

Mi papá, preocupado, expresó:

–Ya esto no se puede aguantar; por última vez conversare con el niño sobre el tema.

Al minuto mis padres me llamaron y al sentarme junto a ellos, él dijo:

–Hijo mío, ¿qué pasa contigo?, apenas interactúas con nosotros. Solamente te encierras en tu cuarto y coges el teléfono.

–Papá –le dije–, todo me resulta aburrido, lo único que me entretiene son los juegos que tengo en mi celular.

Mamá al escuchar mis planteamientos intervino:

–Pero antes leías, te instruías con cada palabra, yo admiraba las veces que repetías la lectura de La Edad de Oro. ¿Te acuerdas, mi niño, que soñabas con ser valiente como Meñique?

–Hay mamita, yo crecí, eso está pasado de moda –la interrumpí.

Mi padre, decepcionado de mis palabras y con voz melancólica, expresó:

–Martí no es una moda, Martí es de todos los tiempos.

Concluida la conversación me retiré a mi cuarto. Sentí que había herido en lo más profundo los sentimientos de mis padres. Pero supuse que luego se les pasaría. Retomé mi juego en el celular, pasaron los minutos, las horas, y me dormí.

–¿Cómo es eso de que no te gustan las obras de nuestro creador? Estoy al punto de darte con mi sombrero torero, ¡olé! –decía una diminuta y flamante mujer.

–Debemos hacer algo por ese niño, antes de que sea tarde. Miren lo que me pasó por mi arrogancia, todavía estoy llorando por mi perla. ¡Ay!, ¿dónde está mi perla? –con llanto en los ojos, dijo la Mora.

–Vamos a despertarlo, si yo pude contener el embate del gigante de las siete leguas, ganaré la batalla contra el aparato tenebroso que absorbe su espíritu.

Empezaron a murmurar. Ante tanto ruido atormentando mis oídos, me desperté. Para mi asombro, me rodeaban pequeñas criaturas. Cogí miedo, mis pelos se erizaron y mis ojos querían salir de sus órbitas. Al ver mi estado, una voz angelical expresó:

–No te asustes, nada te va a pasar, yo me llamo Piedad, mi creador nos ha convocado para salvarte.

–¿Piedad? –pregunté extrañado.

–Sí, sí, Piedad. Te presento a mi muñeca negra, ¿es hermosa, verdad? –alzó los brazos y me enseñó su tesoro.

–Yo soy Pilar, te invito a caminar con mi mamá por la playa, hoy es un día espectacular.

Eran personajes del extraordinario libro La Edad de Oro, escrito por José Martí. Habían invadido mi cuarto. Se escuchaban susurros entre ellos, hasta que uno manifestó:

–¡Silencio! –todos atendieron, luego se dirigió a mi persona–. Amiguito, necesito que te concentres, estamos aquí por ti, dame la mano, cierra los ojos y echa tu mente a volar. –A medida que él hablaba, me iba encogiendo, pero no temía, sentía paz. Al abrir los ojos, observé un paisaje hermoso, a lo lejos se vislumbraba un inmenso castillo.

–Este es mi mundo, todos me conocen por Meñique, te mostraré lo equivocado que estás. Mis amigos y yo te damos la bienvenida.

De momento se movió la tierra, los árboles bailaban y una enorme voz dijo:

–Meñique, heme aquí. ¿Dónde está el niño que perdió la pasión por los textos martianos?

Un escalofrío recorrió mi cuerpo; mis piernas, sin poder contenerse, empezaron a temblar. Meñique al notar mi aspecto dijo:

–No te preocupes, es mi amigo, antes era gruñón, por la soledad que lo rodeaba. –Me mostró a los demás–. Te presento a mi hermosa princesa, estos son el laborioso pico, el hacha y la cáscara de nuez encantada. Gracias a ellos mi vida tiene sentido.

–Mi fiel compañero, a pesar de tu tamaño, has demostrado ser valiente, inteligente, leal, siempre demostrando que el amor lo puede todo.

–Amigo, yo decidí ayudar a Meñique porque es ejemplo de perseverancia. Toc, toc, toc –expresó el pico.

Todos comenzaron a emitir sus opiniones sobre los valores que caracterizaban a Meñique; al final, él intervino.

Yan Michell Abreu Vargas, 14 años, Cienfuegos. / Dibujo: Cortesía de la BNJM

–Gracias al ingenio de nuestro Martí, pude demostrarle al mundo que nada es imposible, no podemos subestimar a los demás, ni a nosotros mismos; proteger y ayudar debe ser una prioridad.

Comprendí sus sabias palabras al minuto, todo el entorno comenzó a dar vueltas y a desvanecerse. Me dio un ligero mareo, seguí una luz brillante. Al salir del letargo, me impresionó lo que observaba, un sitio majestuoso, rodeado de grandes murallas, no se podía ver el final de ellas. Enamorado del lugar, escuché una melodía.

–¡Que hermoso canto! Mi corazón se ensancha con su dulce sonido. Sigue el rastro –me dijo cantando lo que parecía ser un ave, al llegar a unos árboles que adornaban el sitio.

–Te estaba esperando, mi pequeño, este canto está dedicado a ti.

Me quedé impresionado y le pregunté: ¿Tú eres un ave que habla y canta?

–Sí, pero no soy cualquier ave, soy un ruiseñor. Te he llamado para decirte que debes ser fiel a los preceptos martianos, él con su sabiduría aborda temas profundos, como la amistad, y nos recuerda que la envidia no debe corroer nuestras almas, al contrario, nuestras almas deben ser libres como el viento.

Siguió entonando su hermosa melodía. Cansado, me recosté en el tronco de un frondoso árbol y el sueño se apoderó de mí.

–Mi niño, mi pequeñuelo, despiértate. Debes ir para la escuela y te vas a retrasar –decía mi mamá con voz delicada.

En mi subconsciente creía que me encontraba en los brazos del ruiseñor, al despertar miré a mi madre.

–Ma, estoy en casa. ¿Dónde están el ruiseñor y Meñique?

Ante mi pregunta mi madre sonrió.

–¿Ruiseñor? ¿Meñique? Mi niño, era un sueño.

Entré en razón. Era cierto, estuve transitando por un fantástico sueño.

–Mami, papi, discúlpenme, la tecnología cegó mi mente, ustedes han tenido siempre la razón, los textos martianos son un tesoro que debemos cuidar.

A partir de ese día, mis padres y yo nos reunimos para leer y analizar la obra de José Martí. Entendí que sus escritos reflejan el compromiso de promover valores que son relevantes en cualquier época y lugar. El Apóstol ofrece una invitación para aquellas personas que buscan hacer un cambio positivo en su mundo.


Una perspectiva descolonizadora

Al cumplirse 131 años de la muerte en combate del Héroe Nacional de Cuba, BOHEMIA ofrece una pequeña muestra de los escritos y dibujos premiados en la XXVI edición del concurso Leer a Martí, el cual es auspiciado por el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional José Martí y otras instituciones: culturales, educativas, políticas.

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