Foto./ Leyva Benítez.
Foto./ Leyva Benítez.

La fortuna de las músicas

Vías al conocimiento y los disfrutes abrió la edición 39 del Festival Internacional de Jazz Plaza que seguirá motivando inventivas, desarrollo y capacidad de análisis en diferentes escenarios


Ocurre, en ocasiones, tras concluir un evento musical cerramos con el telón las evocaciones de sus significaciones culturales y artísticas de lo visto, lo escuchado y lo redescubierto durante conciertos, clases magistrales, presentaciones de discos, entre otras sesiones de intercambios valiosos, oportunos y necesarios.

La reciente edición 39 del Festival Internacional Jazz Plaza propició en La Habana y Santiago de Cuba encontrar una riqueza referida por el inolvidable maestro Harold Gramatges: “Hay un centro misterioso en el alma donde se forma una alquimia que luego regresa convertida en creación y arte. Es preciso activar ese centro”.

Pudo lograrlo dicha festividad, pero no solo mediante la evidencia de ejecutantes consagrados y jóvenes en varios escenarios. Desde la crítica cultural es preciso pensar en consolidaciones de saberes, estos han nutrido y amplían la fortuna de las músicas en Cuba y el mundo.

¿Cómo es posible cimentarlo? ¿Qué permite el ser y el quehacer continuo, sistemático –concepto clave– y la revitalización de tradiciones y aportes contemporáneos en pleno siglo XXI?

Sin duda, influyen en procesos indispensables tres aristas reveladoras de lo acontecido y del presente: la enseñanza artística, las investigaciones, el hecho de reinventarse cada día sin límites de lenguajes y fronteras.

Las motivaciones al crear y por crear son motores imprescindibles, pues impulsan el nexo entre la teoría y la práctica. Ambos se complementan. De ningún modo transitan por senderos separados.

Fue preciso estar cerca del maestro Bobby Carcassés, artífice del Festival y activo protagonista en los actos de compartir pensamientos. Su juiciosa reflexión es elocuente: “La improvisación en el jazz y en la música cubana permite verse en la necesidad de encontrar soluciones inmediatas a una velocidad acorde con la exigencia de la situación en que nos encontremos. Por ejemplo, Herbie Hancock hace un solo rico en swing, de ese momento brota una frase larga e inspirada, y los públicos comienzan a aplaudir, se sienten partícipes del instante de gloria originado durante el acto genial”.

El mismo maestro Carcassés hizo gala de su acto de fe junto al músico español Víctor Águila. Estableció una conexión asentada en elementos indispensables de las creaciones melódicas y rítmicas: energía, emoción e intelecto. También lo llevó a la praxis acompañado por la canadiense Gigi Marentette. Fue una especie de preámbulo al concierto ofrecido en el habanero Teatro Martí.

El artífice del Festival, Bobby Carcassés, recreó un acto creativo junto al músico español Víctor Vidal. / Leyva Benítez.
Junto a la canadiense Gigi Marentette ofreció magistrales improvisaciones. / Leyva Benítez.

Ciertamente, el registro de originales ideas expresivas merecen quedar en artefactos y audiovisuales. La posterioridad hablará por estos tiempos. Hermoso y permanente es el disco de Yasek Manzano que nutre la memoria de generaciones.

Un registro fonográfico de parte de la obra de Yasek Manzano da fe de su notable trayectoria musical. / Leyva Benítez.

Por su parte, Pablo Menéndez, director del grupo Mezcla, reconoció: “aprender de tanto acervo acumulado”. Su madre, Bárbara Dane, participó en el primer Festival de Jazz. Y en él está presente esa savia plena del espíritu de la innovación.

Reconoció el maestro Pablo Menéndez que el Festival de Jazz deja un legado imprescindible. / Leyva Benítez.

Esta fue una de las emociones vividas por la estudiante de fagot Elisandra Blanco. Cursa el cuarto año del instrumento en el Conservatorio Amadeo Roldán donde recibe “la vibra que me transmiten la música clásica y la música popular. De igual modo este evento es un jolgorio exquisito. Los jóvenes lo aprovechamos en su gran magnitud”.

Para la joven estudiante de música Elisandra Blanco cada sesión del encuentro fue una clase magistral. / Leyva Benítez.

Cada ejecución irrepetible hizo patente giros modales y enlaces armónicos libres. Orlando Valle Maraca nos hizo rememorar el protagonismo de la flauta danzonera en siglos pasados. El virtuoso Michel Herrera recreó su homenaje investigativo y práctico a Bola de Nieve y la estadounidense Theonita Valentine conjugó el magma primordial de los ancestros y las actualizaciones constantes de la belleza jazzística.

Orlando Valle “Maraca” domina los lenguajes de su instrumento y de las músicas amplias, diversas. / Leyva Benítez.
Rendir homenaje al inolvidable Bola de Nieve es un motivo de inspiración para Michel Herrera. / Leyva Benítez.
Theonita Valentine impactó mediante su swing clásico y contemporáneo. / Leyva Benítez.

Numerosos espectáculos activaron lo aprehendido. Los disfrutes de improvisaciones y descargas durante ejecuciones en el universo musical no son recientes. Las orquestas danzoneras de los años 30 aprovechaban un buen son montuno para dar riendas sueltas a saberes sedimentados mediante el conocimiento y la rica imaginación.

Oportuno fue el Canal Clave al visibilizar la trascendencia de diversos géneros, obras, formatos y estilos. Insistamos por todas las vías en descubrir las riquezas de las músicas y a quienes las piensan y recrean. La cultura no es solo dominio del conocimiento, sino una manera de vivir con él sin límites preestablecidos.

¿Existen estrategias para darle continuidad al Festival en conservatorios, teatros y, sobre todo, en los medios de comunicación audiovisuales?

Para cautivar a las mayorías deben mantenerse la promoción y la difusión de valores nacionales e internacionales. Nunca perdamos esa brújula que ilumina por dónde seguir en provecho de la fortuna de relatos musicales imperecederos para todos los tiempos.

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