
Aliciente
“Se disipó la bruma del tedio con Fellini al hombro y los apremios de la gata que olisquea recelosa las migajas de pan, sustitutas de

“Se disipó la bruma del tedio con Fellini al hombro y los apremios de la gata que olisquea recelosa las migajas de pan, sustitutas de

“Se disipó la bruma del tedio con Fellini al hombro y los apremios de la gata que olisquea recelosa las migajas de pan, sustitutas de

Madrina de todos los muchachitos del barrio, quiso su útero enajenarla de globos y pañales. Los años, en cambio, le prodigaron tareas de matemáticas, confidencias adolescentes e incluso visitas a prisiones de una descendencia postiza, tan agradecida como una propia.

Cada sábado van cayendo, como rocío, decenas de personas para recolonizar la tarde a su antojo, entre melodías que siguen pidiendo décadas, por su sana letra, nostálgica melodía y nobleza del tiempo en que surgieron

“Juro por Dios que era un gato lo que se cruzó en mi camino. Ahora tendré mala suerte, y algo malo, muy malo”, musitaba mientras

Madrina de todos los muchachitos del barrio, quiso su útero enajenarla de globos y pañales. Los años, en cambio, le prodigaron tareas de matemáticas, confidencias adolescentes e incluso visitas a prisiones de una descendencia postiza, tan agradecida como una propia.

Cada sábado van cayendo, como rocío, decenas de personas para recolonizar la tarde a su antojo, entre melodías que siguen pidiendo décadas, por su sana letra, nostálgica melodía y nobleza del tiempo en que surgieron

“Juro por Dios que era un gato lo que se cruzó en mi camino. Ahora tendré mala suerte, y algo malo, muy malo”, musitaba mientras






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