Para el ojo entrenado de un fotógrafo, la naturaleza guarda tesoros que alimentan el espíritu de quien decide observar con detenimiento.
Sin embargo, vivimos en un mundo donde la tecnología es como un maremoto; dispositivos electrónicos por doquier, las redes sociales con sus dimes y diretes, la gente absorta en las cuestiones más urgentes del vivir, en medio de tantas carestías e inflación.
Pocos son los que se acercan a ver la maravilla que tímidamente está allí en el lugar más común; aquel que todos miran al pasar con tanta premura, sin dedicarle una mirada que acaricia, que descubre.
Este es el caso de estas fotografías. Una sencillez, pero que encierran, en el proceso de ser captadas, muchas reflexiones y también poesía.
Paisaje
zarcillos frágiles
en cada milímetro posible
silencio del deseo que sin tocar
deja brechas en la piel del alma

mírame
muero y renazco
siempre que te busco
y soy dicha si te encuentro

son el camino de las hormigas
el del silencio también
hay runas y pueblos bárbaros en su savia
historia que huele a petricor
alegría
paz

en vaivén
me hablan de un mañana
siento tu despertar entre sábanas tiernamente bañadas
de luz
porque casi sé lo que oculta cada palabra tuya
si llueve
si gris es el cielo
o si solo quieres recordar

sentí que se me quemaba la piel
y a la vez me iluminaba por dentro
no te escondas de lo divino
-dije-
no huyas
y amé cada momento en que me animas a vivir
fuera de este cobertizo

porque el día que faltes
a dónde iré
y me cubro los labios para que la palabra se ahogue
porque es ella quien configura todo
pasado
presente
futuro

en la poesía
entre estas ramas que no quieren atraparte
solo desean
que te ronde la belleza
lo infinito
lo sutil.