Legados de notable trascendencia cultural para la sociedad cubana lideraron durante los homenajes en la Uneac a los poetas Rogelio Martínez Furé (1937-2022) y Waldo Leyva como parte del programa de la edición 31 de la Feria Internacional del Libro
¿Cómo lograr que los niños y las niñas se interesen por la lectura en cualquier soporte? ¿Existen fórmulas o vías para conseguirlo? Ambas interrogantes suelen inquietar a padres y maestros, pues forman parte del análisis permanente sobre el vínculo entre educación y cultura, al considerar a la escuela como la institución cultural más importante de cada comunidad.
A propósito de la edición 31 de la Feria Internacional del Libro, dichas esencias lideraron en el Foro Literario, organizado por la Asociación de Escritores de la Uneac, que privilegió, en la sala Villena, la participación de estudiantes de la Secundaria Básica Carlos J. Finlay durante los homenajes a figuras destacadas de la literatura en nuestro país.
La presentación del libro Diálogos no imaginarios, entrevista a Rogelio Martínez Furé (1937-2022), de Heriberto Feraudy, motivó el interés de la audiencia hacia la obra de un maestro que supo adentrarse en la sabiduría ancestral de nuestro pueblo.

De ningún modo la ausencia física del notable intelectual impidió traerlo al presente. La poeta, ensayista y traductora Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura, compartió vívidas experiencias al precisar: “Nunca podré olvidar las innumerables cajas de zapatos en donde encontraron albergue los apuntes de Martínez Furé, sus fichas, sus tablas y estadísticas. Es decisivo el elogio de una actitud que es su mejor divisa: no despreciar fuente alguna, pues no solo cuenta la historia oficial archivada en fuentes fidedignas sino la historia contada por sus protagonistas en especial aquellos que carecieron de “historia” o que no tuvieron voz o espacio para contar la suya.
“Alguna vez le escuché una conferencia sobre historia de Cuba en el fragor de la zafra del 70, centrada en los pavorosos episodios de la tristemente célebre Reconcentración de Weyler. Había que meditar sobre aquella avalancha de información, sobre aquel enfoque justo y objetivo nacido de un sentimiento de alabanza a la moral de la manigua cubana. Al final, ya en el turbión de los amigos, Rogelio nos regalaba lo que yo llamo un canto erudito que él mismo había recogido en una zona rural de Cuba bien intrincada. De una mano llevó el archivo; de la otra, la fuente oral”.
Sin ocultar su emoción, insistió en la riqueza testimonial del libro de Feraudy, quien contó sobre la fortuna de haber dialogado con un sabio –pedagogo por más señas–, de probado espíritu de resistencia.
De igual modo, Pedro de la Hoz, vicepresidente de la Uneac, y Alberto Faya, trajeron a colación los saberes de Martínez Furé, su caudal de proverbios y cantos pertenecientes a la rica tradición oral afroamericana.
Elogios particulares merecieron la paciente consagración al estudio del folclorista y etnólogo, junto a la observación más detallada, de los diversos fenómenos socioculturales de Cuba, del Caribe, y de ese infinito caudal de tesoros trasplantados a tierras americanas desde el continente africano.

Devoción de la palabra
Durante el encuentro tuvo lugar otro cálido momento, la proclamación del Autor del Año de Colección Sur al poeta, ensayista, narrador y periodista Waldo Leyva.
Invitaron Alex Pausides, Francisco López Sacha y Fidel Antonio Orta a seguir sus huellas en un largo y fructífero camino, en el que coinciden vivencias como fundador y director de revistas culturales, sus aportes a la escritura, la validación de un estilo singular y del magisterio notablemente enriquecido.
En especial, la travesía de Waldo alumbra por las constelaciones que forman las palabras. En ellas, deslumbra la unión de la épica y la lírica en una poesía sencilla, honda, donde la intimidad y la comunicación se establecen de manera coloquial.
Lo atestiguó el propio protagonista del tributo al reconocer: “Tendré ahorita 80 años, y me he nutrido de todo. Ustedes han dicho: sigues escribiendo como un joven. Agradezco mucho el reconocimiento. Me anima a leer algunos poemas de una antología recién publicada. Selecciono el texto Memoria del padre para reencontrarme, una vez más, a mí mismo”.
Así, compartió su devoción a las palabras para acercar infinitas emociones a la inmediatez de la memoria.
En opinión de Francisco López Sacha, “ser un poeta es ser la voz de todos”. Sin duda, esta aseveración dialoga con el rumbo de los dos intelectuales homenajeados, Martínez Furé y Waldo Leyva, nombres de notable permanencia en la cultura cubana.
























