Varios programas televisuales establecen ese nexo comunicativo mediante diferentes códigos, lenguajes, historias y narraciones
Lo que no se visibiliza o se cuenta, no existe. Sensibilizar a los públicos con los asuntos más complejos de la sociedad es uno de los múltiples desafíos que tienen ante sí guionistas y realizadores. La TV tradicional continúa siendo un escenario de construcciones de identidades e imaginarios.
En el siglo de las no tan nuevas tecnologías y de los artefactos, aún lidera el afán por descubrir los misterios de las cosas, las esencias del ser humano, sus conflictos y realizaciones en todos los órdenes de la vida.
Algunos artistas y decisores suelen pensar que los valores culturales, éticos, estéticos son contenidos para diseminar en uno u otro programa, cuando en realidad deben ser una práctica, la cual merece perdurar de manera sistemática en la narrativa televisual de manera atractiva.
Espacios en apariencia “pequeños” por su corta duración: Sin límite (2:45 p.m.) y Arte video (3:00 p.m.), ambos por Cubavisión, los martes, colocan ideas interesantes en el centro de la mira. El primero ha destacado varias figuras significativas, entre ellas la valía del pianista y compositor guantanamero Lilí Martínez Griñán (1915-1990), quien aportó un valioso legado a la cultura cubana. Los más jóvenes deben conocer el magisterio de este creador auténtico, genial improvisador. Fonogramas y audiovisuales dan fe de esto.
En el espacio Arte video se privilegian piezas novedosas de creadores inspirados en lenguajes diversos para concretar su personal universo artístico.
De alguna manera y desde diferentes puntos de vista, ambas emisiones contribuyen al arte de construir la empatía, sentimiento que propicia la identificación entre las personas, la comprensión, el apoyo, la escucha activa.
Mantiene la misma perspectiva, mediante otros códigos, la telenovela brasileña Suerte de vivir (Cubavisión, martes, jueves y sábado, 9:30 p.m.). La atención de los escritores estuvo centrada en la revelación de los valores de la familia, la cultura, la lectura de los clásicos, la amistad. Incluso, el tema de presentación y despedida O Sol Nascerá, interpretado por Zeca Pagodinho y Teresa Cristina, fue seleccionado de manera intencional para fomentar el buen gusto.

Según comentó en una oportunidad a BOHEMIA, el folclorista, etnólogo e investigador cubano Rogelio Martínez Furé (1937-2022): “Hay que aprovechar todas las fuentes, pues no solo cuentan la historia oficial archivada en materiales fidedignos, sino la historia narrada por protagonistas que no tuvieron voz o espacios para contarla”.
Sin duda, aún lideran la palabra, los diálogos, la significación social de la memoria, el interés por descubrir la intimidad del otro. No lo olvidemos, ha surgido un nuevo perfil emergente: el ciudadano usuario de los medios, que se caracteriza por ser más participativo en tanto productor-consumidor de contenidos en las redes sociales y ante la pequeña pantalla.
Narraciones musicales, documentales, puestas seriadas recrean hechos, conflictos; al concebir realidades-otras, proponen indagaciones en problemáticas de interés para las mayorías.
Ninguno tiene que ser un compendio didáctico y sociológico edificante, basta con que defienda una de las mayores virtudes del arte: incentivar la desazón que hace pensar lo que hacemos y cómo lo hacemos sin perder la humildad de quien aprende algo cada día.
Los creadores deben insistir en el abordaje y la transmisión de normas de conducta implícitas en relatos concebidos para disfrutar del entretenimiento de forma productiva.
Son ineludibles la esmerada atención a los diálogos, la capacidad de reconocer el ingenio dramatúrgico, la interpretación actoral; estos elementos de ningún modo pueden faltar en los espectáculos audiovisuales.
Estos requieren de cada espectador una comprometida inteligencia lectora. La TV establece relaciones de complicidad, cercanía, en las cuales poco reparamos, aunque siempre está ahí, hablándonos mientras nos mira a los ojos, y entra en nuestra intimidad sin recato. En ella, predomina la sensación de inmediatez, la posibilidad de expresar lo cotidiano.
Es imposible desarrollar la cultura contemporánea sin los públicos masivos. Con independencia de los diferentes modos de ver y apreciar de la familia, esta debe continuar discriminando entre los productos comunicativos, seguir inmersa en un proceso dinámico que hasta a la industria toma por sorpresa. Los valores culturales nunca pueden ser desplazados, pues desde la niñez le dan sentido a nuestra existencia.
























