Todo puede suceder de nuevo

Primera reflexión sobre la telenovela cubana Asuntos pendientes, fenómeno comunicativo de trascendencia en nuestra sociedad, que conmociona a públicos de diferentes edades y sexos en las redes sociales y en los hogares


En la ficción audiovisual, contar historias propias y ajenas, compartir el miedo, los silencios, las angustias, el secreto de los otros, propicia una construcción de la realidad, desde la perspectiva del punto de vista, el tono y el sentido artístico elegidos por quienes llevan la narración a la pantalla.

Todo puede decirse en una telenovela, lo esencial es que el espectador se identifique con la configuración narrativa de la trama (lo que sucede en el relato) y se reconozca en ella.

La producción cubana Asuntos pendientes ha colocado en el centro de atención problemáticas de profundas connotaciones social y humana, entre ellas, las violencias sexual, psicológica y física.

Expone que la violencia no se define por el espacio físico donde ocurre, sino por las relaciones de poder y la naturaleza de los vínculos entre las víctimas y sus agresores.

Quizás poco reflexionamos, o por lo menos no en su justa dimensión, sobre las acciones de personas violentas que pasaron de ser un asunto íntimo a público. En esta dirección urge reflexionar sobre un fenómeno individual de trascendencia universal.

Yia Caamaño hace meditar sobre las Rebecas que conocemos. / Cortesía de Felo Ruiz.

Las mujeres y las familias tienen en Asuntos pendientes un eje central. A partir de este, el desarrollo de la investigación desplegó amplios caminos en los que fuentes vivas de crueldad, sentimientos y actitudes permiten comprender un asunto del derecho patriarcal y de la ciencia androcentrista omnipresentes en la vida diaria.

Por supuesto, entretener tiene que ser una máxima. Y mucho más: la brújula en el desarrollo de la práctica comunicativa destinada a cautivar la pasión de las audiencias.

Al parecer, ninguna arista quedó olvidada en el conjunto de planteamientos llevados adelante por Yamila Suárez (argumento y guion), la primera actriz Tamara Castellanos (dirección de actores) y Felo Ruiz (dirección general de la puesta).

Manipulaciones y ocultamientos han salido a la luz para legitimar el dominio masculino y su forma de ejercer y mantener el control.

El equipo creativo tuvo en cuenta la convergencia de novedades y exigencias de la socialización de contenidos en beneficio del más abarcador concepto de cultura.

Este dinámico panorama motiva varias preguntas: ¿por qué una telenovela puede cautivar a las mayorías? ¿Su discurso tiene la posibilidad de enriquecer un documento antropológico y sociológico?

Un relato de aceptación popular merece indagaciones acuciosas.

En términos de lenguaje, producción y consumo cultural, la televisión acude a géneros dramáticos de probado impacto en las audiencias. El más recurrente es el melodrama y sus especificidades: personajes-tipo (el malo o el villano, el héroe, la víctima), el tema amoroso como eje de la trama y la emocionalidad discursiva.

Por todo esto los equipos técnico y artístico se esmeran al abordar conflictos, los cuales remiten a lo que puede ocurrir aquí y ahora, sugieren pistas, esbozan ideas, propician comprender las estrategias de una narrativa orientada a meditar sobre mitos, verdades a medias, maltratos y prácticas de dominación.

Asuntos pendientes hace reflexionar sobre modos de profundizar en la búsqueda social del conocimiento. Contradicciones, normas de conducta y filosofías sobre la existencia forman parte de entramados permeados de relaciones abusivas.

Colocar en el centro de atención situaciones de alta sensibilidad permitió entrar en el amplio universo de las emociones.

La inmadurez ha sido un lastre en la vida del Gerardo de Carlos Solar. / Cortesía de Felo Ruiz.

¿Cómo entender la intensa y sistemática violencia de los derechos personales? Hubo padres que no pensaron en sus hijos al impedirles una relación feliz y disfrutable.

Las incomprensiones y la inmadurez de Gerardo (Carlos Soler), el cinismo de Cosme (Ulyk Anello), la valentía y la defensa del riesgo de Rebeca (Yia Caamaño) y el feudo patriarcal establecido por Senén (Bárbaro Marín) incitan a revisar el código de ética, las barreras visibles e invisibles que impiden derribar obstáculos, y a cómo desarrollar habilidades en el ejercicio diario de ver, interpretar y comprendernos mejor.

Más de una situación y de un contexto fueron articulados para alertar: todo puede suceder de nuevo. La cultura de la equidad todavía no es una batalla ganada definitivamente.

Volveremos en breve para analizar visualidades, músicas, conflictos de sonidos y actuaciones, entre otros elementos, que dan fe del valor del audiovisual cuando también sirve para educar y movilizar conciencias.


CRÉDITO PORTADA

Cortesía de Felo Ruiz.

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