Foto./ Leyva Benítez
Foto./ Leyva Benítez

Juguemos a contar un cuento

Acercarse al arte de narrar con la voz y la gestualidad no solo constituye un sano entretenimiento para los niños y adolescentes en el período estival, sino que aporta otros beneficios


Son dos entusiastas cultivadoras de una práctica cuyos inicios se remontan a los albores de la humanidad. Y ambas pertenecen al grupo de narración oral escénica ContArte, que ya cumplió 25 años.

Desde que Mailé Vázquez Ávila llegó a ese universo, se ha esforzado por dominar sus secretos, conducida por Elvia Pérez Nápoles, “quien hizo un trabajo enorme en todas las provincias”. Esta última no solo dirige la agrupación, también el festival homónimo, puntualiza Aimara Rojas Quiroga y agrega que ese colectivo, dentro del cual trabajan y se divierten, representa “un puente de palabras. Para nosotras es la casa, la escuela. Hemos construido nuestras vidas en ContArte y hemos ayudado a construir otras vidas”.

Decididas a regalarles un verano diferente a niños y niñas de diversos municipios habaneros, aceptaron impartir este año, en la Casa del Alba, un taller durante el cual los participantes no solo disfruten oír historias, sino que jueguen y aprendan a transmitirlas.

A Mailé Vázquez Ávila, quien impartió durante años talleres de apreciación y creación literaria, le resulta muy grato contar cuentos./ Leyva Benítez
Cada persona tiene un modo peculiar de expresarse, y los gestos son tan relevantes como las palabras, nos recuerda Aimara Rojas Quiroga./ Leyva Benítez

Tras finalizar uno de los encuentros, nos sentamos a conversar.

“La narración oral escénica consiste en presentar los cuentos de la manera más artística posible. El narrador se alimenta de la literatura oral y de la escrita; al mismo tiempo, prepara su voz, las pausas, el ritmo, su cuerpo, la gestualidad, algunos recursos escénicos, por ejemplo, el vestuario, las luces, la música. Puede estar acompañado por un coro, una compañía danzaria. O sea, se integran las artes”, especifica Vázquez.

Según vi esta mañana, ustedes buscan que los públicos colaboren en la construcción del relato, le comento.

“Exacto. Nos interesa mucho que exploren palabras, sensaciones, sonidos; hacerles sentir que son capaces de narrar con facilidad. En verdad eso es un ejercicio cotidiano: cuando llegan de la escuela los muchachos cuentan a su familia lo que les pasó; pero deben empezar a tener consciencia de que compartir historias de vida, o lo leído, puede realizarse de una forma estética.

“Aquí estaremos ofreciendo cuentos de diferentes regiones de América, porque estos talleres persiguen, además, el objetivo de que los asistentes conozcan la narrativa latinoamericana y se familiaricen con juegos tradicionales de sus pueblos para que la narración sea una puerta a un tronco cultural que nos da sentidos comunes”.

Ahora interviene Aimara Rojas: “En ocasiones la motivación es un tanto difícil, algunos niños prefieren hacer otra cosa o a lo mejor tienen hambre en ese momento. Por suerte, ellos siempre quieren jugar. Ese es el gancho”.

Con una reflexión incuestionable sustenta la utilidad de que los muchachos adquieran la habilidad de escuchar y narrar. “Un propósito del sistema educacional cubano es que los estudiantes logren expresarse bien. Sin embargo, a veces su desarrollo del habla, el vocabulario que manejan, está por debajo de lo esperado. Contar historias tributa a que encuentren sus propias palabras, pues –independientemente de si la fuente es la literatura oral o la escrita–, tú no repites de manera exacta lo dicho por el autor, sino que utilizas otras frases, eso implica aumentar tu vocabulario. Y si comienzas a hablar mejor, escribes mejor. Asimismo, contribuye al hábito de la lectura, porque para encontrar el cuento que desearían escenificar, primero necesitan leerse varios.

Canciones y juegos los motivan a participar activamente en la puesta en escena de los cuentos./ Leyva Benítez

“Por lo general, no les indicamos cuál escoger; cada persona tiene vivencias particulares. El relato debe ser importante para quien lo va a comunicar”.

Mailé Vázquez concuerda y añade otras razones: “Al escuchar cuentos, el niño o la niña está disfrutando una historia que sucede ante sus ojos, es otra vía para comunicarse y dialogar. Esto desarrolla su sentido del humor, su capacidad de análisis (al pensar en qué ocurrió, quiénes intervinieron, cuáles lecciones se brindan). Contar despierta la imaginación y es un modo de educar, de alertar sobre las actitudes dañinas”.

Su colega opina que tales narraciones aportan conocimientos para enfrentar posibles situaciones difíciles de la existencia cotidiana. Y recalca: “El cuento aúna multitudes. El cuentero pone la palabra, pero quien escucha construye la imagen de lo contado. Se establece una relación entre unos y otros. Todo el mundo permanece en el mismo círculo mágico”.

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