Ceremonia inaugural de los Juegos Panamericanos de Lima 2019, ciudad que volverá a recibir la cita continental en 2027. /turiweb.pe
Ceremonia inaugural de los Juegos Panamericanos de Lima 2019, ciudad que volverá a recibir la cita continental en 2027. /turiweb.pe

¿Hacemos o no pronósticos?

Lima 2027 se acerca entre enormes dificultades, antecedentes inquietantes y el desafío de medir las aspiraciones del deporte cubano


En un abrir y cerrar de ojos tocarán a nuestras puertas los XX Juegos Panamericanos de Lima 2027, previstos del 23 de julio al 8 de agosto. Para Cuba representarán un enorme desafío.

Las esperanzas y preocupaciones asociadas a esa cita volvieron a sentirse en octubre de 2026 en nuestro hermoso Coliseo de la Ciudad Deportiva.

¿Por qué escribimos lo anterior? Allí radican las oficinas del Estado Mayor del deporte cubano, escenario de una conferencia de prensa en la cual salieron a flote varios datos.

Hasta ese momento nuestro país tenía clasificados 138 competidores en 16 deportes, según informó José Antonio Miranda, director general de Alto Rendimiento del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder).

Recordemos: será la segunda vez que la capital peruana acogerá esta fiesta, pues ya lo hizo en 2019.

También estarán en juego plazas para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, otra cita ya próxima.

Nuestro país es otro. Las condiciones, por diferentes motivos, han cambiado. Y, como no puede ser de otra manera, el deporte también.

Un viaje por nuestra rica historia nos lleva a los segundos lugares conquistados desde Cali 1971 hasta Guadalajara 2011, con una excepción extraordinaria: el primer puesto en La Habana 1991 (140 oros, 62 platas y 63 bronces, para un total de 265 medallas). En Guadalajara 2011, Cuba sumó 58 títulos, 35 preseas de plata y 43 de bronce: 136 en total.

Para Toronto 2015, el Inder pronosticó mantener esa posición tradicional. La realidad fue otra: Cuba terminó cuarta (36 oros, 27 platas y 34 bronces, 97 medallas). Después llegaron el sexto puesto de Lima 2019 (33-28-39=100) y el quinto de Santiago 2023 (30-22-17=69), con tres doradas menos y 31 menos en el total.

Volvamos a los pronósticos y a sus desaciertos. Los hubo en Toronto 2015 y aparecieron ahora en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.

En la tierra del merengue y de Juan Luis Guerra terminamos terceros, tal como se pensaba. Pero los 70 títulos previstos se quedaron en 51, apenas dos más que Venezuela.

Los pronósticos forman parte de una tradición del Inder. Ayudan a planificar, fijar objetivos y evaluar después los resultados. Nadie discute su utilidad.

Pero una cosa es trabajar con metas internas y otra anunciarlas públicamente en medio de las enormes dificultades que vive nuestro país y de las cuales –vamos a repetirlo– tampoco escapa el deporte. Hablo de las circunstancias actuales, no de establecer una norma para el futuro.

¿Conviene hacerlo de cara a Lima 2027?

En este momento, mientras escribo estas líneas, pienso que no.

Prefiero una medalla que nos sorprenda a una promesa que termine por decepcionarnos.

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