1.Capablanca: un talento que parece dictado por los dioses. / Archivo de BOHEMIA
1.Capablanca: un talento que parece dictado por los dioses. / Archivo de BOHEMIA

Capablanca vuelve a caminar

Desde el próximo lunes, y hasta el 24, el torneo recupera el formato clásico y el pulso íntimo del tablero


El Hotel Nacional tiene un modo extraño de envejecer: no se gasta, se asienta. Y ahora, cuando el ajedrez regrese a sus salones, uno sentirá las lámparas, los mármoles y hasta los pasillos estrechos moverse un poco.

En el Capablanca in Memoriam 2026, del 15 al 24 de este mes, la sensación será más nítida: el fantasma de José Raúl volverá a ocupar su sitio. No es metáfora. En Cuba, Capablanca no es un recuerdo: es un estado del tiempo.

I

El torneo regresará al formato de grupos cerrados: cinco pools de todos contra todos, 10 jugadores por mesa. Una decisión marcada por la situación actual del país y por la voluntad de mantener viva una tradición nacida en 1962.

En el Élite, los cinco olímpicos cubanos –Lelys Martínez, Jorge Roberto Elías, Dylan Berdayes, Omar Almeida y Ermes Espinosa– se sentarán frente a los tableros con esa mezcla de responsabilidad y terquedad tan nuestra. No vendrán a prometer milagros, sino a sostener una herencia. A ellos podrían unirse cinco extranjeros.

En el Premier femenino aparecerán las muchachas que irán a la Olimpiada de Samarcanda, en septiembre, en esa ciudad uzbeka: Maritza Arribas, Yaniela Forgas, Yerisbel Miranda, Roxángel Obregón e Ineymig Hernández.

II

Pero el torneo no será solo el torneo. Será la sombra que lo acompaña.

Capablanca murió hace 84 años, pero seguirá entrando primero a la sala.

Uno lo imaginará caminando entre las mesas, impecable, casi distraído, como si el ajedrez fuera un idioma que él hablaba sin esfuerzo y los demás apenas balbucearan.

Su figura roza la mitología: un talento que parece dictado por los dioses: el hombre que jugaba sin pensar, el campeón que no sudaba, el cubano capaz de convertir la elegancia en método.

A veces, cuando alguien mire una posición demasiado tiempo, uno sentirá a Capablanca inclinarse detrás y murmurarle: “Eso es más simple de lo que crees”.

Y el reloj seguirá corriendo.

III

El Capablanca 2026 estará dedicado a los 60 años de la Olimpiada de La Habana. Esa Habana del 66 que aún brilla en las fotos: Fischer joven, Najdorf sonriente, los soviéticos imbatibles, tableros gigantes.

Desde entonces, el torneo en memoria de nuestro campeón mundial de 1921 a 1927 –tercero de la historia y único latinoamericano en adultos– ha sido una forma de mantener encendida esa lámpara.

IV

En los salones del Nacional, los niños del torneo “Buscando a Capablanca” correrán entre rondas con la energía de los grandes maestros. Sabrán que entran en una tradición nacida mucho antes que ellos.

Quizás imaginarán a Capablanca, con cuatro años, resolviendo finales como quien arma un juguete.

V

Cuando caiga la tarde sobre el Malecón y el viento entre por las ventanas del Nacional, los jugadores seguirán ahí, inclinados sobre el tablero, como si el mundo dependiera de una casilla.

Afuera, La Habana continuará su ruido. Adentro, el silencio será una forma de devoción.

En cada mesa, en cada reloj, en cada mirada fija, habrá una certeza que no necesita ser dicha: Capablanca sigue aquí.

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