Julio César La Cruz llegó con el aval de sus dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020. / Roberto Morejón
Julio César La Cruz llegó con el aval de sus dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020. / Roberto Morejón

En el umbral de los Juegos

Apuntes escritos en la víspera de los Centroamericanos y del Caribe, antes de que desplegaran su ritmo tan esperado


Cuando me senté a escribir faltaban muy pocas horas para que se rompiera el cascarón y asomaran, llenos de alegría, los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026 (24 de julio al sábado 8 de agosto).

Pero —casi siempre hay un pero— nuestra centenaria revista, fundada en el ya lejano 1908, tiene sus cronogramas de entrega para garantizar su organización.

Lo anterior significa que, más adelante y en su justo momento, vendrán otros textos, incluida una valoración general y la actuación de Cuba, que saldrá a competir con el propósito de ubicarse entre los tres primeros países.

Vamos directo al pollo del arroz con pollo, sin poner curitas…

México debe volver a encabezar la tabla de medallas. Después, Colombia tendrá grandes posibilidades de quedar a continuación. Cuba, con un sentido bastante optimista, podría disputar ese segundo lugar, aunque más bien con opciones de ser tercera.

En ese mismo orden quedaron en los de San Salvador 2023:

l México (145 oro/108 plata/100 bronce=353).

l Colombia (87/92/65=244).

CUBA (74/59/63 =196).

l Venezuela (32/46/80=158).

l República Dominicana (25/36/50=111).

l Puerto Rico (25/27/44=96).

La historia dice que los países sedes de eventos multideportivos suelen mejorar mucho sus resultados, pero se considera que a República Dominicana ello no le alcanzaría para desplazar a Cuba.

Si estuviera obligado a pronosticar —y no lo estoy— diría que Cuba sería tercera.

No olvidemos la preparación de nuestros deportistas en medio de severas limitaciones energéticas y de otros tipos, como las logísticas, incrementadas al decir también de José Antonio Miranda Carrera, director de Alto Rendimiento del Inder. Ello puso todavía más en acción a la ciencia aplicada.

Miranda calcula unas 70 medallas de oro.

Primer logro

Y hablando de medallas: Cuba tuvo una ya antes de la primera competencia.

La canoísta Yarisleidis Cirilo ganó bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024. / Ricardo López Hevia

¿No se puede calificar así haber inscripto a 504 atletas, con una muy difícil situación económica? La cifra es superior a los 494 de San Salvador 2023.

Esa delegación, con un promedio de edad de 25 años, competirá en 356 de las 497 pruebas convocadas.

Y antes en Cuba se vivió momentos de gran simbolismo: el abanderamiento de nuestra representación, en el Memorial José Martí, protagonizado por el presidente de nuestro país, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, tras el izaje de las enseñas de las 37 naciones participantes en la Villa Centroamericana, situada en Ciudad Juan Bosch.

Cuando se hace una lista de nuestros compatriotas con mayores posibilidades de preseas ahora en Santo Domingo 2026 se mencionan a dos medallistas de bronce de los Juegos Olímpicos de París 2024: el luchador grecorromano Luis Alberto Orta Sánchez (oro en los de Tokio 2020) y la canoísta Yarisleidis Cirilo Dubois.

A ellos se suman el boxeador Julio César La Cruz (dos coronas olímpicas, en Río 2016 y Tokio 2020); la triplista Leyanis Pérez Hernández, la pesista Marifélix Sarría Ruiz, el judoca Andy Granda Álvarez, la luchadora Yaynelis Sánz Verdecia (todos con medallas en campeonatos mundiales), la ciclista Arlenis Sierra Cañadilla y la tenista de mesa Daniela Fonseca.

Estamos hablando de la cita deportiva regional más antigua del mundo que todavía se efectúa, teniendo en cuenta la desaparición de otras, y el lejano surgimiento de esta, en Ciudad de México en 1926, tras la cual vino… La Habana 1930.

Una curiosidad: en 1926 ya BOHEMIA tenía 18 años…

¡Quiere decir, por lo de México 1926, y Santo Domingo 2026, que son los juegos del centenario!

Tierra conocida

Es la tercera vez que la justa llega a tierra dominicana; anteriormente se realizaron las ediciones de Santo Domingo 1974 y Santiago de los Caballeros 1986, ambas con grandes actuaciones de nuestras delegaciones.

En ambas se mantuvo el primer lugar alcanzado ya de forma permanente en todas las que participó desde Panamá 1970 hasta perderlo ante los anfitriones en Veracruz (México) en 2014. Los punteros alcanzaron 52 de oro y Cuba 39.

La Habana ha sido anfitriona en par de oportunidades: la ya mencionada de 1930 (segunda edición) y la de 1982 (con Santiago de Cuba como subsede).

La de 1982 fue salvada con poco más de un año; había renunciado la puertorriqueña Mayagüez (falta de apoyo del gobierno boricua), que debió esperar hasta 2010 para recibirlos.

México, por su parte, es el país que más veces los ha organizado: 1926, 1954, 1990 y 2014.

1930 dorado

Ramón Fonst, y su esgrima deslumbrante, impresionaron al destacado periodista y combatiente cubano Pablo de la Torriente Brau. / trabajadores.cu

En La Habana 1930 Cuba, que había sido segunda en los de Ciudad de México 1926, se adueñó de la cima (28-19-21=68), por delante de los otros dos países que al menos pudieron obtener una dorada, México (12-18-10=40) y Panamá (4-1-5=10).

Todavía no incluían oficialmente al Caribe, lo cual sucedió a partir de Panamá 1938.

Y cada vez que me acercó a ellos me resulta inevitable recordar al destacado periodista y combatiente cubano Pablo de la Torriente Brau, muerto de un disparo en el pecho durante la Guerra Civil Española, quien escribió de esos juegos con humor y mucha imaginación.

Los dejo una vez más con tres pinceladas:

En la ciudad de La Habana, bajo el sol de la tarde del 15 de marzo de 1930, dieron comienzo las competencias olímpicas, justamente, cuando un negrito simpático, de menos años que la suma de mis dedos mecanográficos, con una blusa más blanca que su sonrisa ancha, se sentó a mi lado con la magnífica autoridad de quien se ha colado en el espectáculo… En ese momento, dándose cuenta todo el Stadium de la importancia de tamaño suceso, entero se puso en pie como una gran ola llena de rumor, y el gallardete sonoro del himno bayamés ondeó en aire su tararí guerrero…

La de un partido de baloncesto es simpática y muy valiente; tanto, que el presidente del país era Gerardo Machado, a quien Rubén Martínez Villena calificó de asno con garras y bajo cuyo gobierno Pablo estuvo preso dos veces.

El público, poco contento con el trabajo de un forward cubano, comenzó a gritar:

—¡Quiten a Machado!… ¡Quiten a Machado!

Y la petición obtuvo una aprobación tan unánime y ruidosa que apenas pudo escucharse cuando una gran voz gritó con alegría burlona:

—¡Sí, hombre, que quiten a Machado y que pongan a otro!…

Al referirse al desempeño de Ramón Fonst, imaginó que D´Artagnan le dijo a Cyrano y a Lagardere:

–Compañeros, ¿no les parece que aquí estamos de más?

–Sí, vámonos, para no hacer el ridículo. A ese hombre no lo toca ni el aire…

Y se fueron, con sus espadas sonoras, sus bigotes atrevidos y sus sombreros plumados, los tres grandes héroes de mi adolescencia, abochornados ante el triunfo incomparable del glorioso campeón de Cuba.

Rescate urgente

La Habana 1982 nació casi contra reloj y terminó convertida en una de las más recordadas del ciclo regional. Su organización fue una respuesta urgente al riesgo real de que la continuidad del evento se quebrara.

La historia venía de lejos. Desde el debut en México 1926, el certamen más antiguo del deporte regional había pasado por distintas ciudades y La Habana ya figuraba en ese recorrido con la edición de 1930.

La renuncia de Mayagüez en 1982 creo una incertidumbre extendida por toda la región. Fue entonces cuando Cuba, impulsada por el empeño de Fidel y por la política deportiva que había transformado al país en potencia, aceptó el reto de organizarlos en apenas 18 meses. Ese impulso sería el mismo que años después permitiría conquistar la sede de los Panamericanos de 1991.

La Habana se convirtió en el centro principal del evento, del 7 al 18 de agosto, acompañada por Santiago de Cuba y Cienfuegos como subsedes. Llegaron delegaciones de 22 naciones y el número de participantes ascendió a 2 799 atletas, un crecimiento notable respecto a Medellín 1978. El programa también se expandió: 24 deportes y 247 pruebas individuales, casi sesenta más que cuatro años antes.

Cuco, alegre mascota de La Habana 82. / jit.cu

El medallero confirmó la supremacía cubana que venía desde Panamá 1970. La cosecha fue contundente: 173 oros, 71 platas y 38 bronces, para un total de 282. México (131) y Venezuela (112) quedaron muy lejos, incapaces de seguir el ritmo de un sistema deportivo que vivía su mejor momento.

La ceremonia inaugural tuvo un símbolo inolvidable: María Caridad Colón, campeona olímpica en Moscú 1980, se convirtió en la primera mujer que encendió el pebetero en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe. Después, con su jabalina, volvió a ganar el oro. El abanderado fue el boxeador Teófilo Stevenson, tres veces campeón olímpico, figura mayor del deporte cubano.

Hubo sorpresas. La más comentada fue la derrota del béisbol cubano ante República Dominicana, un golpe inesperado para un público acostumbrado a la victoria. En contraste, los pesistas ganaron las treinta medallas de oro en disputa y Daniel Núñez, campeón olímpico en Moscú, implantó el primer récord mundial de la historia de estos Juegos con su arranque de 132.5 kg en los 60 kilogramos.

La esgrima y la gimnasia también barrieron con todas las medallas de oro. En el atletismo Alberto Juantorena, después de superar lesiones, ganó los 800 metros y protagonizó una de las escenas más recordadas al cerrar la posta de 4×400: recibió el batón con veinte metros de desventaja y terminó ganando por diez. Al cruzar la meta saludó a Fidel, presente en las gradas, como solía ocurrir en aquellos días.

En la natación, Pedro Hernández conquistó los 200 metros pecho, primera medalla de oro cubana en este deporte desde que Leonel Smith lo hiciera en 1930. Los venezolanos Alberto Mestre y Rafael Vidal, junto a la mexicana Isabel Reus, dominaron con seis títulos cada uno.

La mascota, Cuco, un cocodrilo verde con boina roja y dos dientes traviesos, se convirtió en emblema de la alegría de aquellos días.

*****

Y guardé para el final otro dato. Cuba, pese a cierta involución, sigue encabezando el medallero histórico de estos juegos con sus 1925 oros, seguida de México (1523). No saque cuentas: Lo seguirá haciendo tras Santo Domingo…

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