Desde Moscú 1980 a Barcelona 1992 y Atlanta 1996
Cuando en estos viajes imaginarios partimos de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, donde Cuba logró la mayor cosecha de medallas de toda su historia, entonces rememoramos el largo paréntesis que vivió nuestro país.
Lo decimos así porque no estuvimos, de forma consecutiva, ni en Los Ángeles 1984 por la falta de garantías para deportistas de la Unión Soviética y países del área socialista, ni en Seúl 1988, que no fueron compartidos entre las dos Coreas.
La reaparición de Cuba, 12 años después de Moscú 1980, ocurrió de forma tan brillante como impresionante en Barcelona 1992 (quinto lugar con 14 medallas de oro), que tuvieron en su inauguración la presencia de Fidel, temas ya tratados en esta serie.
Vamos hoy para 1996: en el verano la ciudad de Atlanta se vistió de gala olímpica.
Entre las naciones participantes, un pequeño archipiélago del Caribe, Cuba, se preparaba para dejar otra de sus huellas en la historia del deporte.
Nuestro país arribó a los Juegos Olímpicos de Atlanta con una delegación de 165 deportistas, 111 hombres y 54 mujeres.
La valiosa cosecha fue de nueve medallas de oro, ocho de plata, ocho de bronce, para un total de 25, por lo que obtuvo el octavo lugar por países.
El esgrimista Rolando Tucker, de la especialidad de florete, tuvo el honor de portar nuestra bandera en la ceremonia de apertura.
El equipo cubano brilló en diversas disciplinas, demostrando la fuerza y el espíritu de la nación.
Las nueve de oro
En boxeo, Maikro Romero (división de 51 kilogramos), Héctor Vinent (63,5), Ariel Hernández (75) y Félix Savón (91) se alzaron con el oro.
En judo, Driulis González Morales se llevó la corona en la categoría de 56 kilogramos, luego de haber estado en serio peligro su asistencia por una importante lesión.
Filiberto Azcuy (74), en lucha grecorromana, logró el primero de sus dos títulos olímpicos pues repitió en Sídney 2000, con el mérito adicional de haberlo conseguido bajando de división.
Pablo Lara (76), en levantamiento de pesas, también se colgó el oro.
La selección de béisbol retuvo el título ganado en Barcelona cuatro años atrás, una faena similar a la de las chicas del voleibol, las espectaculares Morenas del Caribe.
Estos triunfos colectivos fueron un reflejo del trabajo en equipo y la dedicación de esos atletas.
Las ocho de plata

No todo fue oro, pues, como ya dijimos, se alcanzaron ocho medallas de plata: Ana Fidelia Quirós en atletismo (800 metros planos); los boxeadores Arnaldo Mesa (54), Juan Hernández Sierra (67) y Alfredo Duvergel (71); Iván Trevejo en esgrima (espada); Juan Luis Marén en lucha grecorromana (62), Rodolfo Falcón en natación (100 metros espalda) y Estela Rodríguez en judo (+72).
¿Y las otras?
Las ocho medallas de bronce también tuvieron un sabor especial.
Yoelbi Quesada en atletismo (triple salto); en la esgrima el equipo masculino de florete: Elvis Gregory, Rolando Tucker y Óscar García; Alexis Vila en lucha libre (48), Neisser Bent en natación (también 100 metros espalda); en judo Amarilis Savón (48), Legna Verdecia (52), Diadenis Luna (72) e Israel Hernández (65).
No quiero dejar de mencionar las medallas de plata y de bronce de Rodolfo Falcón y Neisser Bent, en 100 metros espalda, las que pueden considerarse las más increíbles en toda la historia olímpica de Cuba, por tratarse de un deporte dominado por naciones de alto desarrollo económico.
Este octavo lugar en el medallero general fue un logro impresionante para una nación del tamaño de Cuba.
Los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 resultaron un testimonio del espíritu deportivo y la determinación de los atletas cubanos.
Aunque han pasado muchos años desde ese verano, los ecos de esos triunfos aún resuenan en la historia.


















