Apuntes motivados porque este año vienen otros Juegos Centroamericanos y del Caribe en República Dominicana
Una de las frases que más me gustan es “Lo prometido es deuda”. Me ha traído ante la computadora. Y tiene que ver con mi trabajo anterior, “La mirilla en Santo Domingo 2026”.
Lo terminé así: “Ahora conviene una pausa. Para el lector y el cronista. Queda por volver la mirada hacia lo vivido en esa tierra de calor, color y merengue, donde el deporte también ha sabido bailar al ritmo de la historia”.
Y de la pantalla de la computadora se adueñó también ahora otra vieja frase, muy usada en el periodismo de todos los tiempos, proveniente de la época en que se escribía con pluma y tintero: “Quedó algo en el tintero”.
En este caso quedó merengue, aludiendo a ese pegajoso ritmo musical tan gustado en República Dominicana, que acogerá pronto los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe (24 de julio al 8 de agosto), y antes lo hizo con los de Santo Domingo 1974 y Santiago de los Caballeros 1986.
En ambas ocasiones con magníficas actuaciones de Cuba, y recordarlas ahora es rendir “honor a quien honor merece”.
¿Nos montamos en una imaginaria máquina del tiempo y aterrizamos de nuevo en los primeros de ellos?
Un dominio abrumador
La memoria deportiva también tiene música. Cuando se habla de Santo Domingo 1974, el ritmo que acompaña los recuerdos no es silencioso.
Ese febrero, la capital dominicana se convirtió en escenario de una fiesta multicolor que reunió a más de 2 000 atletas y a 23 países bajo el paraguas de la Odecabe, en unos Juegos que marcaron época.
El telón se alzó el día 27, en coincidencia simbólica con una fecha de alto valor histórico para la nación anfitriona (la proclamación de la independencia nacional del dominio haitiano en 1844), y se cerró el 13 de marzo.
Entre una y otra jornada, el deporte caribeño y centroamericano dejó huellas que aún hoy merecen ser revisitadas.
Cuba llegó a Santo Domingo como potencia consolidada. Cuatro años antes, en Panamá 1970, había impuesto una superioridad abrumadora (98 medallas de oro, muy superior a las 38 de México y a las 35 logradas en San Juan 1966), y en esta ocasión no solo ratificó esa supremacía, la amplió.
El resultado fue una cosecha de 101 de oro, muy por delante de México (26) y Venezuela (14), en una edición en la cual la delegación dominó en 14 de los 18 deportes convocados.
Repasando
Hubo actuaciones que se quedaron grabadas en la memoria colectiva: Una de ellas fue la del velocista Silvio Leonard, quien se adueñó del protagonismo en la pista al ganar los 100 y 200 metros planos, además de integrar el relevo 4×100. Su velocidad no solo le dio títulos, también puso acento caribeño a las pruebas más explosivas del atletismo.
La gimnasia fue otro capítulo rotundo: ocupamos todo el podio en cada prueba, una demostración de profundidad técnica y preparación pocas veces repetida en estos Juegos.
En los clavados, nuestras representantes se impusieron a la tradicional escuela mexicana, el liderazgo en voleibol fue casi absoluto: los hombres avanzaron sin ceder un solo set y las mujeres apenas dejaron escapar uno.
También hubo novedades. El baloncesto masculino alcanzó por primera vez el título regional y, curiosamente, no presentamos esgrimistas.
Del lado mexicano, destacaron triunfos en natación, tenis y softbol, así como la victoria del marchista Raúl González, uno de los nombres ilustres del atletismo latinoamericano.
Algo pendiente
Santo Domingo 1974 contó además con una presencia ilustre en las gradas y los protocolos: el irlandés Lord Killanin, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, fue testigo directo de unos Juegos que confirmaron la madurez organizativa y competitiva del movimiento deportivo regional.
Así, entre calor, color y merengue, se escribió un capítulo que todavía invita a ser releído. Porque la historia, cuando se vuelve a mirar con calma, siempre ofrece nuevos matices.
Usted lo sabe: quedó pendiente otro viaje en la máquina del tiempo y volver a los de Santiago de los Caballeros 1986.
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Fuente consultada
Los Juegos regionales más antiguos. Centroamericanos y del Caribe, de Enrique Montesinos.





















