Jorge Roberto Elías es Gran Maestro. / Cortesía del entrevistado
Jorge Roberto Elías es Gran Maestro. / Cortesía del entrevistado

¿Qué nos dice el nuevo Gran Maestro?

 Cuba llegó a su número 63 ahora con la reciente inclusión de Jorge Roberto Elías, quien defiende por estos días su corona en el Campeonato Nacional


Hace unos meses el ajedrez ocupó espacios en BOHEMIA, pues tanto la edición digital como la impresa se llenaron de reyes muy fuertes, damas poderosas, caballos veloces…

Uno de esos escritos, el más extenso, fue Jaque al comisionado, comenzaba así:

¿Cómo se encuentra la salud de nuestro llamado juego-ciencia?

¿Por qué han salido del país los mejores jugadores?

¿Qué motivó su eliminación del programa escolar?

¿En qué estado se encuentra la Casa del Ajedrez?

¿Y el emblemático Club Capablanca, ubicado en la calle Infanta?

Eran algunas de las interrogantes que Carlos Rivero González, presidente de la Federación Cubana y comisionado nacional, hombre de este ámbito del pensamiento y los cálculos, seguramente sabía no podían faltar en aquella entrevista.

Hubo más

A ese dossier se sumaron también conversaciones con los dos nuevos campeones nacionales: la pinareña Yerisbel Miranda (La Chinita que juega con el alma) y el camagüeyano Jorge Roberto Elías (Un niño nervioso), quien por estos días vuelve a ser noticia.

Y, por tanto, él regresa a ocupar un espacio en nuestra centenaria revista.

Elías acaba de convertirse en el Gran Maestro número 63 de Cuba –49 del masculino y 14 del femenino–, para lo cual ya cumplió todos los requisitos, aunque a tono con los reglamentos habrá que esperar por el Congreso de la Federación Internacional.

Ahora participa en el Campeonato Nacional, que se efectúa del 3 al 12 de febrero en el hotel capitalino Girasol, de la CTC Nacional, en Manrique y Virtudes, Centro Habana, con entrada libre para los aficionados. Estaba previsto en un inicio celebrarse allá en Camagüey, su añorado terruño, luego se trasladó “para propiciar su mejor desarrollo”, informó Rivero.

Tuvo un coeficiente Elo de 2493 en eventos recientes, y en el listado de febrero ascendió hasta 2507.

Más alivio que euforia

Por todo ello, le hicimos un movimiento clásico –el equivalente periodístico a Peón cuatro Rey– y le preguntamos cómo se sentía al completar por fin la norma de GM.

“La verdad es que estoy muy feliz y muy agradecido con Dios. Han sido muchos años de altibajos, de entrenamiento, de sacrificio… y aun así el resultado nunca está garantizado. Para que una norma sea posible tienen que darse muchas condiciones que no dependen de uno: el promedio de Elo de los rivales, las banderas de distintos países, no más de seis jugadores de una misma federación… y además lograr la puntuación. Y eso mismo, tres veces”.

Habla con serenidad, sin grandilocuencia.

“Ahora me siento un poco más aliviado. Es una meta cumplida, pero no por eso voy a dejar de esforzarme. Al contrario, quiero seguir dando mi mejor esfuerzo y ver hasta dónde puedo llegar, hasta dónde Dios me permita. Me siento contento, muy motivado, tanto en la parte competitiva como en la profesional, y como entrenador también”.

Esfuerzo silencioso

El balance del año anterior también aparece con naturalidad en su discurso, sin épica forzada: es más una suma de trabajo que una temporada milagrosa.

“El 2025 fue un año fuerte. Después del Nacional me quedé con deseos de seguir jugando. Fui a Colombia y tuve un desempeño bastante bueno; el Capablanca y el Guillermito estuvieron más bien estables, ni muy buenos ni muy malos. No se logró una norma, pero entrené mucho, analicé mis partidas, intenté mejorar áreas que veía flojas”.

Ese esfuerzo silencioso encontró su recompensa casi al final del calendario.

“En noviembre jugué en México, quedé en tercer lugar y eso me motivó mucho. Yo no estaba acostumbrado a viajar a torneos internacionales, y ese resultado me animó a venir luego a Sudamérica. En Brasil y Chile todo se me dio muy bien. No creo haber realizado algo diferente a otros años; simplemente el trabajo acumulado sale en algún momento”.

Partida a partida

La tercera pregunta iba directo al presente: el Campeonato Nacional, ahora sin la presencia de Carlos Daniel Albornoz (Elo de 2577), el número uno entre los del patio, quien pidió desvincularse del equipo nacional, un camino igual o parecido al de otros.

La respuesta, otra vez, evita el camino fácil del favoritismo.

“No pienso realmente en ganar. Nunca me he enfocado en eso. Voy partida a partida. No me concentro en quiénes están y quiénes no. Trato de jugar mi mejor ajedrez y dar mi mayor esfuerzo en cada ronda”.

Habla como mueve las piezas: sin alardes, sin dramatismos, con la lógica interna de quien entiende que el tablero no premia discursos, sino decisiones.

Ser Gran Maestro, en su caso, no parece un punto de llegada, sino un cambio de paisaje.

Ahora con otro título, otra presión, otro respeto.

Pero con la misma idea esencial: el ajedrez, como en la vida, se gana más por constancia que por golpes de suerte.

Y a veces, el verdadero jaque mate no es al rival, sino al tiempo.

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