Brayan José Cantero recibe el abrazo de su entrenador, Arnoy Rojas, tras su participación en el Mundial. Foto: Cortesía World Taekwondo
Brayan José Cantero recibe el abrazo de su entrenador, Arnoy Rojas, tras su participación en el Mundial. / Cortesía World Taekwondo
Brayan José Cantero recibe el abrazo de su entrenador, Arnoy Rojas, tras su participación en el Mundial. Foto: Cortesía World Taekwondo
Brayan José Cantero recibe el abrazo de su entrenador, Arnoy Rojas, tras su participación en el Mundial. / Cortesía World Taekwondo

Un espíritu indomable

Los seis cubanos que compitieron en el Campeonato Mundial de Taekwondo, sin alcanzar medallas, dieron pasos importantes hacia el futuro


El taekwondo cubano cruzó nuevamente océanos y fronteras para estar entre los grandes en Wuxi, China, sede del XXVII Campeonato Mundial de la disciplina, celebrado hace pocos días (del 24 al 30 de octubre de 2025).

La delegación, compuesta por tres mujeres y tres hombres, viajó con la esperanza intacta de rozar la gloria, conscientes de que la cita reunió a más de 1 300 atletas de 160 países, cifra récord en la historia de este arte marcial.

La nómina femenina fue capitaneada por Arletty de la Caridad Acosta (73 kg), con estela olímpica, acompañada por Marlin Pérez (49 kg) y Tamara Roble (57 kg).

En el sector masculino viajaron Brayan José Cantero (68 kg), Kevin Calderón (80 kg) y Yoikel Daniel Goicochea (+87 kg), este último conocido por su corona en los recientes Juegos Panamericanos Júnior de Asunción.

Uno en 16

El mejor desempeño lo protagonizó Brayan José Cantero, quien logró incluirse entre los 16 mejores, en una división con 73 contendientes.

Para llegar hasta allí, debió vencer en su segundo combate al brasileño João Víctor Souza Diniz (descalificado), oro panamericano en Río 2024 y plata en el Open Canadá 2025, tras caer en la final ante el estadounidense Maikol Rodríguez, bronce ahora en este Mundial de Wuxi.

El balance del resto de los cubanos fue así: cuatro lograron un éxito inicial y un revés a continuación, mientras que otro perdió en su debut.

La preparación resultó minuciosa: una intensa semana en París sirvió como última parada europea antes del desafío chino, afinando táctica y cohesión grupal en vísperas de los combates.

No hubo sorpresas en el medallero para Cuba, pues no logró acceder a lugares de podio en esta ocasión, a diferencia de potencias como Turquía (3-2-1=6), Corea del Sur (2-2-2=6) y Brasil (2-2-0=4), dominantes en la cima mundial.

Llama que nunca se apaga

Los atletas cubanos posan en Francia junto a quienes fueron claves en su preparación. / Cortesía Federación Cubana de Taekwondo

Lo más valioso de esta cruzada fue, sin duda, el fogueo internacional y el fortalecimiento de figuras jóvenes las cuales ya se proyectan como posibles cartas olímpicas para los ciclos venideros.

Arnoy Rojas, vicepresidente y jefe técnico de la federación, destacó la importancia de este tipo de participaciones para consolidar resultados y proyectar nuevas figuras.

“Aprovechamos la semana en París para dar los toques finales a la preparación y todos están listos para concretar su intención de un buen desempeño en este Mundial”, había dicho unos días antes, según leímos en el sitio Jit, de nuestro organismo deportivo.

La historia del taekwondo en Cuba evoca una épica de perseverancia. Sus inicios se remontan a 1986, con el apoyo del ecuatoriano Fernando Jaramillo, tercer Dan, quien jugó un papel esencial en la promoción y enseñanza, sembrando la semilla.

Desde entonces, Cuba ha luchado por su espacio, no solo en los escenarios regionales y panamericanos –donde ha obtenido protagonismo– sino también con medallas olímpicas y mundiales, enfrentando carencias, barreras institucionales y el tradicional dominio asiático y europeo.

Participar: verbo esencial

Entre las grandes medallas de este deporte destacan las dos de bronce ganadas a puro fuego por Rafael Alba en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y París 2024, la cual pude ver emocionado a pocos metros de distancia como enviado especial de nuestra revista BOHEMIA.

En Wuxi, la representación cubana no solo compitió: vivió la experiencia de medirse entre los mejores y sumar otras millas en el exigente circuito mundial.

Si bien la batalla por una medalla quedó inconclusa, el certamen legitimó el trabajo de técnicos y atletas, y reafirmó el compromiso de Cuba de no extraviarse en la senda olímpica y mundialista, siendo fieles a la mística y el temple forjados en casi cuatro décadas de historia.

Tras escribir sistemáticamente sobre esta disciplina, reafirmo una convicción: el taekwondo cubano tiene un espíritu indomable.

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